La mutación del discurso supremacista y a la falsa pureza de las culturas
Hoy, nadie, o casi nadie, se define como racista, ser racista está mal visto por el grueso de la sociedad, sin embargo eso no quiere decir que las actitudes y los discursos racistas hayan desaparecido, siguen existiendo disfrazado por un eufemismo como el de la “incompatibilidad cultural”. Esta pseudotería se fundamenta en que son las culturas que portan las personas las que deben permanecer separadas entre sí.
Las teorías racistas previas a la
segunda guerra mundial se fundamentaban en que el ser humano es genéticamente
distinto, propiciando su división en “razas” y por tanto cada “raza” tiene
diferentes capacidades. La clasificación racial del ser humano fue llevada a
cabo por Carlos Linneo que dividió al ser humano en cuatro razas Americanus, Europaeus, Asiaticus y Afer)
a la que añadió rasgos de comportamiento y culturales. Más adelante fue el
antropólogo alemán Johan F. Blumenbach quien popularizó la clasificación de
cinco razas añadiendo la categoría Malaya
a las establecidas por Linneo usando la morfología del cráneo. Partiendo de
estas divisiones Europa justificaba su dominio sobre el resto del mundo,
basándose en la superioridad que argumentaban los científicos europeos.
En la actualidad, la genética ha
desmontado estas teorías por lo que los defensores de las teorías supremacistas
han tenido que buscar otros argumentos que justifiquen sus principios
ideológicos, de ahí que surgiera un concepto mucho más sutil que avalaba los
mismos fines a través de otros medios como es la “incompatibilidad cultural”.
Esta pseudoteoría (que no tiene ningún
aval científico) se fundamenta en que hay “culturas” que son incompatibles
entre sí y que cuando se encuentran una de ellas tiende a fagocitar a la otra,
por lo tanto en defensa de su propia forma de entender el mundo evita cualquier
contacto con otras culturas que considera incompatibles.
El principio que defiende la
“incompatibilidad cultural” parte de una premisa falsa porque considera la
“cultura” como un “compartimento estanco” que no se puede modificar a lo largo
del tiempo y que por lo tanto no se deja influir por otras formas de entender
el mundo.
La “cultura”, como ya demostrara la
antropología social y cultural, está en continua transformación, influenciada y
modificada por infinidad de factores. No existen “culturas incompatibles”, lo
que sí existen son racistas que envueltos en la falsa bandera de pureza
cultural pretenden defender los mismos principios racistas de antes, pero esta
vez de una forma mucho más sibilina.
En un mundo global donde las mercancías
y el dinero no tienen fronteras, es inevitables que las antiguas fronteras se
hayan vuelto mucho más porosas para las personas. Generalmente, el ser humano
interioriza cambios en su forma de interactuar con el mundo si siente
beneficiado por esos cambios, conocer
otras formas de vivir nos abre un abanico de opciones del que tomamos lo que
más nos beneficia, mejorando nuestro modo de vida.
El incremento de las agresiones con
motivaciones racistas, son agresiones motivadas por el miedo que provoca la
ignorancia son jaleadas por líderes políticos que tienen en el miedo su
caladero de pesca de electoral.
En su poema “Libro de Familia” Benjamín
Prado nos explica como las palabras se transforman al decirlas al revés, así de
azar podemos obtener raza y de líder el redil, dándonos a entender que lo que
consideras raza es fruto del azar en el que nadie tiene ninguna
responsabilidad de haber nacido en el lugar que lo ha hecho y de cómo seguir al
líder te convierte en un borrego
encerrado en un redil. Así que, del
mismo modo que no tenemos responsabilidad en relación a nuestro lugar de
nacimiento o color de piel, sí la tenemos en relación a nuestra forma de
comportarnos y defender los valores que defendemos, tener que salir en defensa
de los Derechos Humanos en pleno siglo XXI, me hace pensar que quizás el futuro
se esté pareciendo cada vez más a un pasado que creíamos superado.
“El
valor instrumental de la democracia está condicionado al compromiso del
electorado con la búsqueda de la verdad” George Soros
