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miércoles, 18 de marzo de 2026

EL PELIGRO DE SER “UNO MISMO”

 

El ser humano es un ser social, como ya dijera Aristóteles en el siglo IV a.C., pero también es un ser gregario. Ambas características, sin ser iguales, pueden llegar a ser complementarias.

La sociabilidad humana se enmarca en un marco general y global, necesitamos de los demás para vivir, ser gregario es una característica más concreta, se trata de agruparnos con otras personas y actuando de manera homogénea, del mismo modo que lo hacen los demás, con el objetivo de ser aceptados o, al menos, no ser discriminados.

Son muchas las ocasiones que actuamos de forma análoga a como lo hace el grupo en el que nos encontramos, la mayor parte de las veces lo hacemos de forma inconsciente, incluso el refranero español tiene un refrán que nos invita a actuar de dicha forma: “Donde fueres haz lo que vieres”.

¿Quién no ha acudido a una misa y se ha levantado y sentado al mismo tiempo que lo ha hecho el resto de los asistentes?, o incluso sin conocer las oraciones ha movido los labios con el objetivo de simular que conoce la liturgia que los demás están siguiendo para no sentirse ajeno al grupo. Del mismo modo pasa en el resto de liturgias religiosas, utilizo el ejemplo de la misa católica por ser un rito de acceso general en nuestro entorno.

El trabajo es otro de los espacios donde actuamos de manera gregaria, ejecutamos las acciones sin tener que analizarlas,  se realizan tal y como los demás esperan que se hagan, esto nos hace generar un sentimiento de pertenencia al grupo, que genera seguridad y protección.

Pero también existen espacios informales donde procedemos del mismo modo, el grupo de amigos es un entorno clásico de comportamiento gregario, donde cada uno tiene una función que desempeña de manera inconsciente.

No desarrollar este tipo de conducta hace que se corra el riesgo de ser rechazado por el grupo, del señalamiento incómodo, y de la soledad, es por eso que es tan difícil actuar de manera individual, ya que para ello deberíamos estar dispuestos a asumir las consecuencias de nuestros actos, por muy duros que estos pudieran ser.

Cuestionar el comportamiento del grupo vuelve sospechoso al que se atreve a hacerlo, porque con su ejemplo puede despertar en otros la curiosidad y el valor suficiente para imitarlo, y si ese ejemplo genera otros imitadores, la supervivencia del grupo se pone en riesgo, y es por ese motivo por el que disidencia se castiga con el rechazo y la expulsión del grupo. Decía Nietzsche que “ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo” pero no todas las personas están dispuestas a pagar ese precio.

“El espíritu libre busca razones, los demás buscan una creencia” F. Nietzsche

miércoles, 11 de marzo de 2026

LA VICTORIA DEL RELATO

 

Los libros de historia están llenos de batallas y de situaciones donde se impone un relato dominante, donde en muchos casos, solo se ve una parte de esa historia, dicho de otro modo, no se tienen en cuenta situaciones que preceden a la situación narrada, por lo que únicamente tenemos una visión de los hechos.

Es común que cuando nos sucede alguna situación comenzamos la historia desde el punto de vista del que salimos como víctimas del suceso, sirva como ejemplo la siguiente situación: Un niño pequeño les cuenta a sus padres que su hermano le ha pegado, cuando los padres se disponen a regañar al hermano, éste les comenta que el hermano que lo ha acusado le ha pegado primero, en este caso la víctima se convierte en agresor, aunque ese detalle lo haya omitido de su acusación inicial.

Pero estas situaciones no solo se dan entre personas, grandes o pequeñas, sino que, como he indicado al iniciar este artículo, la geopolítica está llena de ejemplos similares.

Todos conocemos la “crisis de los misiles de Cuba”. En 1962 la URSS intentó instalar una serie de lanzaderas de misiles en la isla caribeña, situación que resultaba intolerante para los Estados Unidos, lo que llevó a una crisis diplomática que estuvo próxima a desencadenar un conflicto nuclear. Hasta aquí es lo que nos cuenta la historia oficial. Lo que no se suele saber es que dos años antes los Estados Unidos había instalado lanzaderas de misiles en Turquía e Italia que tenían a Moscú y Leningrado a su alcance. Esta situación provocó la reacción soviética de instalar misiles que tuvieran como alcance la capital estadounidense desde Cuba. La historia se complementa y encontramos unas motivaciones que anteriormente se habían ocultado.

Del mismo modo ocurre en la actualidad. Si consideramos que la guerra de Ucrania comienza con la invasión rusa en 2022, Rusia aparece como el invasor de un estado legítimo, pero si consideramos que la guerra de Ucrania comienza en 2014 con el cambio de gobierno provocado por las movilizaciones de Maidan, y desde entonces el gobierno ucraniano ilegalizó partidos políticos, asesinó a opositores pro-rusos, y facilitó que organizaciones nazis quemaran vivos a sindicalistas ucranianos. Esta situación provocó la entrada de Rusia en el conflicto con el objetivo de “pacificar” la zona más cercana a su frontera y “liberar” a sus habitantes de la violencia ucraniana. Dependiendo de donde iniciemos la historia nos será más fácil posicionarnos en un bando u otro y aunque la realidad se componga de muchos más matices, nuestro cerebro binario tiende a clasificar las situaciones entre buenas y malas y a sus protagonistas entre buenos y malos.

Estos son varios ejemplos de como puede cambiar nuestra percepción de la realidad dependiendo de donde pongamos el foco de nuestra atención, y que cuantos más datos tengamos mejor podremos argumentar nuestro posicionamiento.

En un mundo donde el eslogan ha sustituido al dato, donde el agresor se presenta como víctima, invoco a la capacidad que nos hace humanos, la capacidad de razonar.

“Las desigualdades solo se crean así, descompensando una parte de la balanza con un relato de poder” Ana Bernal-Triviño