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martes, 9 de junio de 2026

EL ENEMIGO DE TU ENEMIGO NO ES TU AMIGO

 

Existe una frase que se remonta a la antigüedad clásica que pretende establecer un equilibrio en las relaciones de poder que, en mi opinión, genera un tremendo error estratégico, esta frase es: “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”.

Tras el bombardeo por parte de EEUU a Irán y el comienzo de la guerra, han sido muchas las ocasiones donde se han podido ver banderas iraníes en movilizaciones contra la guerra o contra las políticas imperialistas estadounidenses. Estas movilizaciones, organizadas por colectivos, generalmente, de izquierdas incurren en el error de vincular su rechazo al gobierno estadounidense con el apoyo al gobierno de los ayatolás, lo que puede generar ciertas incongruencias.

El gobierno teocrático de Irán es un gobierno tremendamente  conservador, que ha llevado a cabo un tremendo recorte de las libertades de su población, especialmente de las mujeres. Es todo lo contrario a lo que las organizaciones de izquierdas reclaman. La fuerza con la que la Guardia Revolucionaria reprimió las movilizaciones previas al ataque estadounidense merecen la condena de todos los defensores de los Derechos Humanos, del mismo modo ha actuado contra las organizaciones e intelectuales que han promovido una apertura democrática del país. Por lo tanto desde la izquierda debe combatirse con el mismo denuedo la política represiva iraní que las políticas imperialistas de Estados Unidos.

Entonces ¿es incongruente posicionarse contra los bombardeos de Estados Unidos a Irán?

No, porque, como siempre, quien sufre las bombas es el pueblo, el mismo pueblo que sufre la represión de su propio gobierno. Es importante que seamos capaces de diferencias entre el pueblo y sus gobernantes, del mismo modo que posicionarse en contra del genocidio que Israel está cometiendo con el pueblo palestino no es apoyar a Hamás, confundir ambos términos es favorecer el relato de los agresores.

Cuando esta guerra termine, el pueblo iraní seguirá sufriendo la represión de sus gobernantes y desde los movimientos que defienden los Derechos Humanos deberán seguir apoyando al pueblo con las herramientas pacíficas que estén a su alcance.

En el tratado de Aristóteles sobre Política, hay una frase que resulta atemporal, “con violencia se puede destruir un castillo, pero no se puede levantar ni una triste pocilga”, es a través de la formación, el estudio, la organización de la población… la única forma en que puede caer cualquier tipo de gobierno represivo, ya sea el de Irán, Israel o Estados Unidos.

“La guerra es un lugar donde los jóvenes que no se conocen y no se odian se matan entre sí por la decisión de viejos que se conocen y se odia, pero no se matan” Eric Hartmann

lunes, 1 de junio de 2026

TRAGEDIAS QUE NOS OBLIGAN A REFLEXIONAR MÁS ALLÁ

 La rapidez con la que transcurre la actualidad hace que noticias que fueron portada hace unos días sean olvidadas al poco tiempo, sin embargo, es preciso ser pausado en el análisis de la realidad y no dejar que el vertiginoso ritmo que nos hemos (o nos han) impuesto deje que ciertos sucesos pasen al olvido tan rápidamente, porque detrás de un suceso que puede parecer casual, hay un modo de vida y una forma de entender nuestro día a día que, en muchos casos, puede ser realmente peligroso.

Hace unas semanas nos enterábamos de la triste noticia del fallecimiento de una niña que había sido “olvidada” en la parte de atrás del coche por su padre, que era el encargado de llevarla a la guardería antes de ir a su puesto de trabajo.

Al parecer, mientras se dirigía hacia allí, recibió una llamada de teléfono de su trabajo, el padre aparcó el coche para atender la llamada y al terminar la conversación, habiendo aparcado en la zona donde habitualmente aparcaba para ir a trabajar, se bajó del coche y se fue a su puesto de trabajo, olvidando que su hija seguía en la parte de atrás del coche y que no la había llevado a la guardería. La tragedia se hizo patente cuando la madre de la pequeña fue a recogerla a la guardería a las 16:00 y le comunicaron que no había acudido ese día. Cuando descubrieron el paradero de la niña, ésta llevaba más de seis horas en el coche soportando altas temperaturas. La niña llegó al hospital en parada cardio-respiratoria falleciendo antes de entrar.

Lamentablemente, esta triste noticia se repite cada cierto tiempo, repitiendo causas similares en cada uno de los casos. No puedo ni intuir como se sentirá esa familia, y especialmente el padre que tuvo tan fatal descuido, pero este caso debe hacernos reflexionar más allá sobre el caso concreto.

La relación que establecemos con nuestro puesto de trabajo ha excedido todo tipo de límites, siendo capaz de abstraernos de responsabilidades mucho mayores como son la de atender a nuestros propios hijos.

Nuestra sociedad nos ha generado la necesidad de ser productivos y eficientes llegando al punto que obtener el éxito profesional es una de las identidades fundamentales a las que todos debemos aspirar. Por otro lado, los diferentes estímulos a los que somos sometidos provocan una falta de concentración que genera que cada vez cueste más planificar y establecer prioridades y en el caso de hacerlo, el trabajo, está por encima de todas ellas.

Tenemos la necesidad de reflexionar sobre el tipo de sociedad que hemos construido donde el ritmo, en muchas ocasiones, autoimpuesto, nos lleva a olvidarnos de nuestras principales responsabilidades. Nos va la vida en ello.

“Estamos siendo fagocitados por un sistema tecnológico que nos convierte en una pieza más de la maquinaria” María Novo