Las trampas del discurso sesgado
Los temas que en la actualidad son motivo de debate en la sociedad española, como pueden ser la migración o la vivienda, han generado cantidad de artículos periodísticos, de opinión, tertulias televisivas y charlas de café. Estos debates tienen una característica que deja en evidencia la polarización social que hace imposible llegar a un entendimiento: los argumentos utilizados pasan del “buenismo” a los “estrictamente utilitaristas”, en ambos casos, son argumentos incompletos que impiden entender la magnitud de las cuestiones a debate.
Las características de los argumentos “buenistas” se fundamentan en las
condiciones de bienestar o malestar que genera la situación, estableciendo una
serie de derechos que se ven vulnerados y la exigencia de establecer esos
derechos de manera inalienable, teniendo como principal eje del discurso la
humanidad de las personas implicadas.
Justo en el plano opuesto a este argumentario, se encuentran los
argumentos “utilitaristas” que se fundamentan en los beneficios o perjuicios económicos
que genera la situación en cuestión. Las personas implicadas son percibidas
como personas “sin historia”, no se analizan los motivos previos que han
generado la situación, eliminando cualquier rasgo de humanidad y en el caso de
atribuirle alguno, siempre con connotaciones negativas.
En ambos casos, los argumentos se encuentran sesgados y evitan analizar
la situación en su globalidad, propiciando la polarización del discurso y la
ausencia de pensamiento crítico en aquellos que los utilizan.
Atendiendo, exclusivamente, a uno u otro de estos argumentos es imposible
acercarnos a una posible solución.
Con estas palabras no estoy proponiendo un ejercicio de equidistancia de estos temas, sino todo lo contrario, ejercer el análisis de datos, establecer conexiones con los datos aportados, encontrar incongruencias en los relatos y formular nuestras propias hipótesis.
Dejarnos llevar por un argumento o el contrario de manera acrítica no nos
lleva más que a polarizarnos y enfrentarnos
unos a otros con la certeza de que ninguno de los bandos tiene razón, o
al menos toda la razón.
“Si no quieres que
alguien esté políticamente descontento, no le muestres las dos caras de la
moneda; muéstrale una. Mejor aún no le muestres nada” Ray Bradbury – Farenheit 451




