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miércoles, 7 de enero de 2026

LECCIONES DEL PASADO

 No hay nada más certero que el pasado. Así comienza el poema “La pieza clave” del poeta roteño Felipe Benítez Reyes, el verso no puede ser más acertado, ya que en el pasado podemos encontrar respuesta a muchas de las situaciones que se viven en el presente y prever posibles consecuencias.

No voy a entrar a analizar el secuestro de Nicolás Maduro y su esposa por parte de la administración estadounidense, mucho se ha escrito sobre eso por personas mucho más informadas que yo. De todo lo escrito, lo que más me ha llamado la atención es la “sorpresa” de la comunidad internacional sobre esta acción, cuando es algo que Estados Unidos había hecho en el pasado reciente con otros líderes de distintos países.

La intervención militar de Estados Unidos en terceros países para saquear sus recursos naturales es una acción recurrente de distintos presidentes norteamericanos, tanto del partido demócrata como del republicano.

Recordamos la intervención en Libia, que terminó con el linchamiento, por parte de los señores de la guerra libios, del dirigente Muamar el Gadafi. Del mismo modo todos pudimos ver como se televisaba la invasión de Irak, aduciendo la posesión de armas de destrucción masiva, que tras millones de muertos iraquíes terminó con la detención de Sadam Hussein que, tras ser juzgado por sus captores, fue condenado a muerte y cuyo ahorcamiento fue televisado por todos los telediarios del mundo, en un alarde de sadismo internacional. El dirigente sirio Bashar al-Assad tuvo más suerte y pudo huir a Rusia donde fue acogido por el gobierno de Vladimir Putin.

En la actualidad los tres países intervenidos son estados fallidos dirigidos por señores de la guerra enfrentados entre ellos y donde la población es masacrada diariamente.

El caso de Venezuela es paradigmático por una cuestión, no ha habido un levantamiento para que se produzca un cambio de régimen, los miembros del gobierno de Maduro no han sido masacrados y perseguidos por la población harta de vivir en una dictadura, algo que hubiera sido lógico, si la oposición hubiera obtenido el 70% del apoyo popular en las últimas elecciones, como se proclamó en la prensa europea.

Estados Unidos no solo ha secuestrado al presidente venezolano, sino al gobierno del país, a quien ha amenazado con “consecuencias aun más graves” sin no actúan “correctamente”. Mientras escribo estas líneas Trump ha anunciado que Estados Unidos recibirá 50 millones de barriles de petróleo venezolano, para acto seguido anunciar que Groenlandia (territorio de Dinamarca) será anexionado por Estados Unidos “por las buenas o por las malas”.

Podemos concluir que Estados Unidos ha actuado con Venezuela del mismo modo que ha actuado en el pasado, que el pueblo venezolano no se ha levantado contra el “chavismo”, y que todo aquel territorio “liberado por Estados Unidos”, según experiencias pasadas, termina como un estado fallido.

Quizás la única diferencia con anteriores presidentes estadounidenses es que Trump es un payaso prepotente consciente del poder que tiene.

“Sólo el exceso de fuerza constituye la prueba de la fuerza” Nietzsche

 

domingo, 28 de diciembre de 2025

ECO Y NARCISO

 

Las redes sociales se han convertido en una herramienta multifuncional con la que mantener el contacto con otras personas, evadirse de la realidad, mantenerse informado, entretenido, y sobre todo hacer llegar a todo el mundo lo que pensamos de cualquier tema en el que consideremos que nuestra opinión deba ser tenida en cuenta.

El filósofo surcoreano Byung-Chul Han, compara la expansión de las redes sociales con una herramienta que alimenta nuestros instintos narcisistas ante una sociedad cada vez más gris que nos aboca a la soledad. En las redes sociales, comenta Han, “uno acumula amigos y seguidores sin experimentar jamás el encuentro con alguien distinto. Las redes sociales representan un grado nulo de lo social”.

Los algoritmos nos conectan con aquellas personas con las que mantenemos afinidades, que comparten nuestra visión del mundo, excluye a aquellas que tienen otra forma de percibir la realidad, y nos “empodera” en nuestros más firmes ideales. Esa sensación de “estar en lo cierto”, de no ser el único que piensa de determinada manera, nos alimenta el Ego, a riesgo de morir ahogados en nuestra propia imagen, como narra el mito de Narciso.

Sin embargo, reflexionando sobre la propuesta de Han, llego a una conclusión diferente a la suya, y más que buscar el paralelismo con el mito de Narciso, las redes sociales se me asemejan mucho más al mito de Eco.

Eco, cuya tragedia estaba en que únicamente podía repetir la última palabra que oía, se consumió en las montañas donde únicamente quedó su voz.

Las redes sociales, entiendo, nos han llevado a compartir la maldición de Eco, podemos decir lo que nos plazca y, en realidad únicamente estaremos reverberando las últimas palabras que hayamos oído. Nos han hurtado nuestros pensamientos, nuestra creatividad, y aunque nos da la sensación de que somos escuchados por multitud de personas, a nadie le importa lo que decimos, porque solo queremos ver como se repite las ondas de nuestros mensajes, ya sea en likes, o en veces que se comparte nuestra publicación.

Como niños pequeños repetimos las frases que escuchamos, hacemos las mismas fotos que hacen otros, y vaciamos de contenido nuestra privacidad para sentir que no estamos solos, pero en realidad solo hacemos el “eco” de lo que hemos visto, oído o leído, sin que a nadie le importe.

“En la caja de resonancia digital, en la que uno sobre todo se oye hablar a sí mismo, desaparece cada vez más la voz del otro” Byung-Chul Han