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domingo, 28 de diciembre de 2025

ECO Y NARCISO

 

Las redes sociales se han convertido en una herramienta multifuncional con la que mantener el contacto con otras personas, evadirse de la realidad, mantenerse informado, entretenido, y sobre todo hacer llegar a todo el mundo lo que pensamos de cualquier tema en el que consideremos que nuestra opinión deba ser tenida en cuenta.

El filósofo surcoreano Byung-Chul Han, compara la expansión de las redes sociales con una herramienta que alimenta nuestros instintos narcisistas ante una sociedad cada vez más gris que nos aboca a la soledad. En las redes sociales, comenta Han, “uno acumula amigos y seguidores sin experimentar jamás el encuentro con alguien distinto. Las redes sociales representan un grado nulo de lo social”.

Los algoritmos nos conectan con aquellas personas con las que mantenemos afinidades, que comparten nuestra visión del mundo, excluye a aquellas que tienen otra forma de percibir la realidad, y nos “empodera” en nuestros más firmes ideales. Esa sensación de “estar en lo cierto”, de no ser el único que piensa de determinada manera, nos alimenta el Ego, a riesgo de morir ahogados en nuestra propia imagen, como narra el mito de Narciso.

Sin embargo, reflexionando sobre la propuesta de Han, llego a una conclusión diferente a la suya, y más que buscar el paralelismo con el mito de Narciso, las redes sociales se me asemejan mucho más al mito de Eco.

Eco, cuya tragedia estaba en que únicamente podía repetir la última palabra que oía, se consumió en las montañas donde únicamente quedó su voz.

Las redes sociales, entiendo, nos han llevado a compartir la maldición de Eco, podemos decir lo que nos plazca y, en realidad únicamente estaremos reverberando las últimas palabras que hayamos oído. Nos han hurtado nuestros pensamientos, nuestra creatividad, y aunque nos da la sensación de que somos escuchados por multitud de personas, a nadie le importa lo que decimos, porque solo queremos ver como se repite las ondas de nuestros mensajes, ya sea en likes, o en veces que se comparte nuestra publicación.

Como niños pequeños repetimos las frases que escuchamos, hacemos las mismas fotos que hacen otros, y vaciamos de contenido nuestra privacidad para sentir que no estamos solos, pero en realidad solo hacemos el “eco” de lo que hemos visto, oído o leído, sin que a nadie le importe.

“En la caja de resonancia digital, en la que uno sobre todo se oye hablar a sí mismo, desaparece cada vez más la voz del otro” Byung-Chul Han

lunes, 22 de diciembre de 2025

CHAPOTEANDO EN EL FANGO

 

Desde hace un tiempo hemos ido asumiendo conceptos como “fango”, “cloacas” y similares, relacionados con el debate político, es normal ver en medios y pseudomedios de comunicación, como se utiliza la vida personal de los políticos, de cualquier partido, para cuestionar el proyecto de país (autonomía o municipio) que defiende.

El objetivo de esta forma de actuar se focaliza en dos vertientes: en primer lugar, desacreditar al adversario moralmente (que se ha convertido en enemigo) de cara a la opinión pública y en segundo lugar, lanzar una advertencia a todas aquellas personas que quieran participar en política por mera vocación de servicio público

Esta forma de actuar ha sobrepasado todas las “líneas rojas” que debería tener un sistema democrático, ya que hasta Mario Puzo, exponía en su obra maestra “El Padrino”, que la familia que no estaba involucrada en los “negocios” eran intocables para sus adversarios. En este sentido la Cosa Nostra ha demostrado tener una moral superior a la clase política y mediática.

Participar en política era algo común entre los hombres libres de la Atenas clásica, y quien no lo hacía era calificado como “idiota”. En la actualidad participar en política pone en riesgo, no solo la honorabilidad del atrevido que pretende participar de la res pública por vocación de servicio, sino que, incluso si esta persona en cuestión, quisiera asumir ese riesgo, también se verían afectados sus familiares y amigos. Muchos son los casos que verifican lo escrito hasta ahora.

Pero, ¿y si no existieran estas personas dispuestas a asumir estos riesgos?

La gestión pública quedaría en manos de arribistas, chaqueteros, manipuladores y demagogos, que ven en el servicio público una forma de ganarse la vida, a costa de cualquier cosa.

Aunque cada vez es más arriesgado participar en política por todos los riesgos que eso supone, gracias a personas dispuestas a asumir esos riesgos podemos decir que el sistema democrático sigue vigente.

El día que nadie con vocación de servicio esté dispuesto a dar un paso al frente para mejorar la vida de sus vecinos, podremos decir que hemos perdido la democracia, aunque sigamos votando cada cuatro años.

“Cuando los buenos ciudadanos se ven condenados al silencio, son los canallas los que dominan” Robespierre