Reflexión sobre el polémico libro “El odio” que trata el asesinato realizado por José Bretón
Una de las noticias que me ha generado cierto dilema ético, ha sido la referida al libro de Luisgé Martín titulado “El odio” que trata sobre el crimen cometido por José Bretón en 2011, desde el punto de vista del filicida.
Desde que Anagrama, editorial que iba a publicar el libro, anunció la aparición de la obra, una ola de indignación recorrió España, un número significativo de personas presionaron para que la obra no viera la luz, y miles de librerías anunciaron que no lo pondrían a la venta.
Esta situación, donde la gente pedía la censura de una obra, aun por publicar, me generaba cierta contradicción, ya que por una parte, compartía el rechazo hacia una persona que había asesinado a sus hijos de una manera tan cruel, por otra parte, la censura siempre me ha parecido una forma de tutelar a la ciudadanía, considerándola inmadura para tomar sus propias decisiones a la hora de que elegir y que no elegir para leer.
Por otro lado, la publicación donde se describen
atrocidades aún peores, son habituales, miles de libros describen la
eliminación sistemática de personas en los campos de exterminio nazi, el genocidio
en Ruanda en los años noventa está ampliamente documentado, libros de personas
que han pertenecido a grupos terroristas como ETA o el IRA pueden encontrarse
en librerías o de manera online, etc. Libros sobre los atentados de las Torres
Gemelas, incluso la biografía del cabecilla de los terroristas que llevaron a
cabo el 11 S. Incluso el Mein Kampf de Hitler puede comprarse sin ningún tipo
de problema.
¿Qué diferencia existe entre esos libros y uno
escrito sobre los motivos por los que un hombre ha asesinado a sus hijos?
Analizando la situación desde otro prisma, se trata de un libro, de corte
antropológico, donde el autor se mete en la cabeza de José Bretón, para
intentar comprender (comprender no es justificar) los motivos que llevan a una
persona a cometer semejante crimen. Sin embargo el libro parte de una mala
praxis.
Los estudios antropológicos deben fundamentarse en
unos principios éticos establecidos por la Asociación Americana de
Antropología, que son:
-
No hacer daño.
-
Ser honesto y
abierto en el trabajo.
-
Obtener el
consentimiento informado y los permisos necesarios.
- Considerar las
obligaciones éticas en competencia con los colaboradores y las partes
afectadas.
-
Hacer que los
resultados sean accesibles.
-
Reconocer la
deuda con las sociedades en las que trabajan.
-
Corresponder adecuadamente
a las personas estudiadas.
Es en la tercero de estos principios es donde,
pienso, se practica una mala praxis. Ya que si bien puede haber obtenido el
consentimiento informado de Bretón, es evidente no lo ha obtenido de la madre
de los niños asesinados, siendo estos parte fundamental de la investigación y
siendo su madre, su única representante legal.
Cualquier trabajo que se lleve a cabo debe partir de
ciertos principios éticos, y quizás ésta, la ética, comience a ser una
asignatura pendiente.
“La ética es
saber la diferencia entre lo que tienes derecho de hacer y lo que es correcto
hacer” Potter Stewart