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miércoles, 7 de octubre de 2026

LA ILUSIÓN DEL MOVIMIENTO

 Por qué la rutina moderna nos atrapa en una carrera hacia ninguna parte

Quizás la imagen que mejor represente la época que vivimos sea la del hámster dando vueltas en su rueda. A medida que va obteniendo mayor velocidad más difícil le resulta bajarse de la rueda.

La rueda parece ser la única motivación que tiene el hámster para moverse dentro de la jaula, pero por más que corra siempre permanecerá en el mismo lugar y si cuando ha alcanzado su máxima velocidad decide frenar en seco, saldrá disparado de la rueda haciéndose un daño considerable.

Nuestra rutina es similar a la del hámster: nos levantamos para ir a trabajar con el objetivo de ganar un salario con el que poder pagar nuestras deudas, consumir para dar sentido al esfuerzo realizado, descansar para volver a levantarnos para volver a ir a trabajar… hay que aumentar nuestra producción, porque las deudas crecen (ha vuelto a subir el Euribor, la alimentación, la gasolina…) y vuelta a empezar. Como el Sísifo descrito por Camus, felices de poder seguir haciendo la rueda girar y como el hámster en jaula, teniendo la ilusión de estar haciendo algo útil.

La jaula nos ha atrapado de tal manera que si dejamos de hacer girar la rueda, saldremos despedidos, la rueda dejará de girar, pero seguiremos dentro de la jaula.

Hay algo que, definitivamente, nos diferencia del hámster, él no se hace fotos en la rueda haciendo ver lo feliz que es dando vueltas sin sentido dentro de una jaula.

“El precio real de algo, es la cantidad de vida que entregas a cambio” Henry David Thoureu

domingo, 27 de septiembre de 2026

LA ILUSIÓN DEL DEBATE COMPLETO

 Las trampas del discurso sesgado

Los temas que en la actualidad son motivo de debate en la sociedad española, como pueden ser la migración o la vivienda, han generado cantidad de artículos periodísticos, de opinión, tertulias televisivas y charlas de café. Estos debates tienen una característica que deja en evidencia la polarización social que hace imposible llegar a un entendimiento: los argumentos utilizados pasan del “buenismo” a los “estrictamente utilitaristas”, en ambos casos, son argumentos incompletos que impiden entender la magnitud de las cuestiones a debate.

Las características de los argumentos “buenistas” se fundamentan en las condiciones de bienestar o malestar que genera la situación, estableciendo una serie de derechos que se ven vulnerados y la exigencia de establecer esos derechos de manera inalienable, teniendo como principal eje del discurso la humanidad de las personas implicadas.

Justo en el plano opuesto a este argumentario, se encuentran los argumentos “utilitaristas” que se fundamentan en los beneficios o perjuicios económicos que genera la situación en cuestión. Las personas implicadas son percibidas como personas “sin historia”, no se analizan los motivos previos que han generado la situación, eliminando cualquier rasgo de humanidad y en el caso de atribuirle alguno, siempre con connotaciones negativas.

En ambos casos, los argumentos se encuentran sesgados y evitan analizar la situación en su globalidad, propiciando la polarización del discurso y la ausencia de pensamiento crítico en aquellos que los utilizan.

Atendiendo, exclusivamente, a uno u otro de estos argumentos es imposible acercarnos a una posible solución.

Con estas palabras no estoy proponiendo un ejercicio de equidistancia de estos temas, sino todo lo contrario, ejercer el análisis de datos, establecer conexiones con los datos aportados, encontrar incongruencias en los relatos y formular nuestras propias hipótesis.

Dejarnos llevar por un argumento o el contrario de manera acrítica no nos lleva más que a polarizarnos y enfrentarnos  unos a otros con la certeza de que ninguno de los bandos tiene razón, o al menos toda la razón.

“Si no quieres que alguien esté políticamente descontento, no le muestres las dos caras de la moneda; muéstrale una. Mejor aún no le muestres nada” Ray Bradbury – Farenheit 451