Desde la segunda guerra mundial, el mundo se ha dividido en dos ejes socioeconómicos, el Norte rico, productor de bienes y servicios y el Sur pobre, proveedor de las materias primas, lo que en 1952, el economista y demógrafo Alfred Sauvy, denominara el primer y el tercer mundo.
Esta división ha justificado el dominio de las
potencias del conocido como primer mundo sobre el resto, y establece la idea de
que el Norte rico favorece unos parámetros de bienestar que no son posibles en
el Sur pobre. Sin embargo, existe un Sur en el Norte y un Norte en el Sur,
rompiendo el esquema, a mi entender simplista, que estableció Alfred Sauvy. Las
bolsas de pobreza que existen en países denominados ricos escenifican el
fracaso de un sistema que es incapaz de establecer una estructura de bienestar
para todos sus miembros.
Cualquiera que visite París, puede comprobar mientras disfruta de una excursión por los alrededores del Sena, que al margen del rio que circunda la ciudad, se hacinan cientos de personas sin hogar durmiendo entre cartones. Que una ciudad que recibe una media de cincuenta millones de turistas al año disponga de una bolsa de unas cinco mil personas viviendo en la calle debería ser un factor que nos hiciera pensar sobre el funcionamiento de un sistema económico que no es capaz de dar cobertura a una parte importante de sus ciudadanos.
Pero esta situación no es exclusiva a la capital de Francia, a zona conocida como “la cañada real” en Madrid, donde viven más de cuatro mil quinientas personas, lleva más de cinco años sin suministro eléctrico, sin que nadie cuestione la falta de acceso a los servicios básicos de estas personas. Otro dato a tener en cuenta es que el barrio más pobre de España se encuentra en la ciudad de Sevilla, el barrio de los Pajaritos, donde existe un tercio de su población activa se encuentra desempleada crónicamente.
Por poner un último ejemplo, en el área de Sylicon Valley,
ciudad conocida por ser la meca de los avances tecnológicos, muchos
trabajadores con bajos ingresos pasan la noche en los autobuses urbanos de la
línea 22, porque no pueden pagarse una habitación a pesar de tener trabajo.
Estos ejemplos son trasladables a todas las grandes
ciudades del Norte rico y desarrollado, sin que se actúe en las causas que provocan
este tipo de situaciones. La pregunta que deberíamos hacernos es ¿por qué se
dan estas situaciones en lugares donde se podrían erradicar?
La única respuesta que encuentro es que estas
personas no importan a nadie, no producen (lo suficiente), no consumen (lo
suficiente) y no suelen participar de los procesos electorales donde se eligen
a los políticos que podrían hacer algo para cambiar su situación, por lo tanto
no son un sujeto de cambio social. Se han convertido en parte de los restos que
conforman el sistema, en lo que Eduardo Galeano llamaba los “Nadie”, forman
parte del Sur subdesarrollado dentro del Norte desarrollado y mientras no tomen
conciencia de su situación, así seguirá por los tiempos de los tiempos.
“Si la gente se
organiza suficiente como para actuar junta, entonces se pueden conseguir cosas”
Noam Chomsky




