En España existen dos organismos que son fundamentales para conocer la distribución urbanística del país: la oficina del catastro y el registro de la propiedad. En ellos hay una relación de los inmuebles que existen y a quien pertenece, esta información dota al Estado de un conocimiento valiosísimo con respecto a construcciones existentes y sus correspondientes propietarios, con esta información el Estado puede planificar a largo plazo la distribución, el ingreso de impuestos, realizar planes estratégicos, etc., del mismo modo, la inscripción en estos organismos dota a los propietarios de derechos y obligaciones.
El
primer objetivo de estos organismos es equiparar la realidad física con la
realidad jurídica, pudiendo saber el número total de construcciones que hay en
todo el país.
Puede darse la situación de que alguna persona construya una vivienda de manera irregular: sin pedir los permisos correspondientes o en un terreno no destinado para tal fin, como puede ser el terreno calificado como rústico. Al hacer esto corre el riesgo de ser multado e incluso recibir la orden de derribar lo construido, pero si pasado un tiempo, la construcción sigue en pie, tiene la oportunidad de registrarla en los organismos mencionados con el objetivo, como he dicho antes, de casar la realidad jurídica con la física.
Si esto puede hacerse con una construcción y nadie, hasta ahora, ha cuestionado los mecanismos de regularización de las edificaciones ¿por qué se pone el grito en el cielo cuando se trata de regularizar personas? ¿no es lógico que todas las personas que viven entre nosotros estén registradas en los organismos destinados a este fin? ¿no es preferible que todas las personas tengan obligaciones y derechos a que no los tengan? ¿o preferimos a personas sin derechos que sean fácilmente explotables?
Si
es más fácil regularizar administrativamente una vivienda que a una persona es
que nuestros valores morales se han distorsionado.
“Si un migrante viene a residir entre vosotros, en
vuestra tierra, no lo oprimáis. El migrante será para vosotros como el compatriota”
Levítico 19, 33-34





