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miércoles, 16 de septiembre de 2026

DEL RACISMO BIOLÓGICO A LA INCOMPATIBIILIDAD CULTURAL

 La mutación del discurso supremacista y a la falsa pureza de las culturas

Hoy, nadie, o casi nadie, se define como racista, ser racista está mal visto por el grueso de la sociedad, sin embargo eso no quiere decir que las actitudes y los discursos racistas hayan desaparecido, siguen existiendo disfrazado por un eufemismo como el de la “incompatibilidad cultural”. Esta pseudotería se fundamenta en que son las culturas que portan las personas las que deben permanecer separadas entre sí.

Las teorías racistas previas a la segunda guerra mundial se fundamentaban en que el ser humano es genéticamente distinto, propiciando su división en “razas” y por tanto cada “raza” tiene diferentes capacidades. La clasificación racial del ser humano fue llevada a cabo por Carlos Linneo que dividió al ser humano en cuatro razas Americanus, Europaeus, Asiaticus y Afer) a la que añadió rasgos de comportamiento y culturales. Más adelante fue el antropólogo alemán Johan F. Blumenbach quien popularizó la clasificación de cinco razas añadiendo la categoría Malaya a las establecidas por Linneo usando la morfología del cráneo. Partiendo de estas divisiones Europa justificaba su dominio sobre el resto del mundo, basándose en la superioridad que argumentaban los científicos europeos.

En la actualidad, la genética ha desmontado estas teorías por lo que los defensores de las teorías supremacistas han tenido que buscar otros argumentos que justifiquen sus principios ideológicos, de ahí que surgiera un concepto mucho más sutil que avalaba los mismos fines a través de otros medios como es la “incompatibilidad cultural”.

Esta pseudoteoría (que no tiene ningún aval científico) se fundamenta en que hay “culturas” que son incompatibles entre sí y que cuando se encuentran una de ellas tiende a fagocitar a la otra, por lo tanto en defensa de su propia forma de entender el mundo evita cualquier contacto con otras culturas que considera incompatibles.

El principio que defiende la “incompatibilidad cultural” parte de una premisa falsa porque considera la “cultura” como un “compartimento estanco” que no se puede modificar a lo largo del tiempo y que por lo tanto no se deja influir por otras formas de entender el mundo.

La “cultura”, como ya demostrara la antropología social y cultural, está en continua transformación, influenciada y modificada por infinidad de factores. No existen “culturas incompatibles”, lo que sí existen son racistas que envueltos en la falsa bandera de pureza cultural pretenden defender los mismos principios racistas de antes, pero esta vez de una forma mucho más sibilina.

En un mundo global donde las mercancías y el dinero no tienen fronteras, es inevitables que las antiguas fronteras se hayan vuelto mucho más porosas para las personas. Generalmente, el ser humano interioriza cambios en su forma de interactuar con el mundo si siente beneficiado  por esos cambios, conocer otras formas de vivir nos abre un abanico de opciones del que tomamos lo que más nos beneficia, mejorando nuestro modo de vida.

El incremento de las agresiones con motivaciones racistas, son agresiones motivadas por el miedo que provoca la ignorancia son jaleadas por líderes políticos que tienen en el miedo su caladero de pesca de electoral.

En su poema “Libro de Familia” Benjamín Prado nos explica como las palabras se transforman al decirlas al revés, así de azar  podemos obtener raza y de líder el redil, dándonos a entender que lo que consideras raza es fruto del azar en el que nadie tiene ninguna responsabilidad de haber nacido en el lugar que lo ha hecho y de cómo seguir al líder te convierte en un borrego encerrado en un redil. Así que, del mismo modo que no tenemos responsabilidad en relación a nuestro lugar de nacimiento o color de piel, sí la tenemos en relación a nuestra forma de comportarnos y defender los valores que defendemos, tener que salir en defensa de los Derechos Humanos en pleno siglo XXI, me hace pensar que quizás el futuro se esté pareciendo cada vez más a un pasado que creíamos superado.

“El valor instrumental de la democracia está condicionado al compromiso del electorado con la búsqueda de la verdad” George Soros

jueves, 10 de septiembre de 2026

EL ECLIPSE DE LA IZQUIERDA

 De la ilusión del cambio al avance del populismo reaccionario

La victoria de la AfD en las elecciones de Sajonia ha supuesto un hito histórico, es la primera vez que la extrema derecha obtiene una victoria tan contundente desde el fin de la segunda guerra mundial en Alemania.

La victoria ultra supone un paso más de la Internacional reaccionaria para acabar con el “Estado del Bienestar” construido tras el fin del conflicto mundial en 1945.

Para entender el presente es irremediable acudir al pasado reciente. En 2011, una serie de movilizaciones sociales que comenzaron en el norte de África y que se conoció como la “Primavera Árabe” llevó a la calle a millones de manifestantes pidiendo la puesta en marcha de políticas que abrieran paso a sistemas democráticos en sus países. En España la movilización de millones de personas, espoleadas por los efectos de la crisis económica, dio pie a lo que se conoció internacionalmente como “Spanish Revolution”, y que tuvo su repercusión en distintos países europeos, pedían una salida social a los estragos que las medidas neoliberales estaban causando en las clases populares de la población. Este movimiento cruzó el Atlántico para cristalizar en el movimiento “Occupy Wall Street” con similares objetivos a las movilizaciones europeas, que a su vez estaban influenciadas por las primaveras árabes.

Todos estos movimientos de corte progresistas consiguieron que partidos que se autodenominaban sus herederos políticos tuvieran una amplia representación en distintos parlamentos europeos donde tuvieron la oportunidad de romper la dinámica neoliberal que comenzaba a asomar en las políticas económicas.

Sin embargo, estos partidos no supieron estar a la altura que el momento histórico les exigía.

Las primaveras árabes fueron sofocadas con guerras civiles o políticas represivas convirtiendo a estos países en Estados fallidos o imponiendo gobiernos aún más autoritarios que los anteriores.

En los países occidentales los partidos progresistas asumieron un rol de lacayo de las políticas neoliberales cuyo único objetivo era dulcificar o minimizar sus consecuencias, sin mostrar ningún atisbo de ruptura o alternativa económica, en este caso habría que hacer especial mención a Syriza, partido griego que se mostró como punta de lanza y que terminó asumiendo los principios neoliberales de la Troika europea.

Mientras la izquierda política no ha sabido establecer un discurso con el que sus votantes históricos (las clases populares) se sientan identificados, la extrema derecha de los: Trump, Milei, Le Pen, etc., con un discurso simple y populista, han conseguido hacer el “abrazo del oso” a los partidos tradicionales de centro derecha, ganando votantes entre las clases populares que han visto en sus referentes históricos unas marionetas más de los poderes económicos incapaces de establecer un discurso que genere esperanza.


En 10 años, la sociedad ha cambiado de pedir una democracia plena a ver con buenos ojos regímenes dictatoriales, lo que genera un problema para las libertades presentes y futuras.

Los partidos de izquierdas deben girar el foco de sus intereses y volver a mirar a la calle, a organizar a las masas de trabajadores descontentos y comenzar a organizar la futura resistencia democrática.

Decía Francis Fukuyama que con la caída del bloque soviético el capitalismo había llegado a la cima de la evolución como sistema socioeconómico, pero lo que realmente sucedió es que se rompieron todos los contrapesos que evitaban la depredación del sistema.

Hoy, urge tener mirada de largo alcance para plantear alternativas económicas  que mejoren la calidad de vida de la mayoría social a través de políticas y valentía para llevarlas a cabo, internacionalizar  las luchas sociales del mismo modo que se ha internacionalizado las políticas y los discursos reaccionarios para plantar cara a lo que nos viene.

Desenterrar la utopía y caminar hacia el horizonte, no hay más alternativa.

Por cierto, a pesar de su victoria la AfD tiene difícil gobernar por la negativa del centro derecha alemán a pactar con partidos de extrema derecha. La diferencia con la política española es que el centro derecha luchó contra el nazismo en Alemania mientras  que en España el centro derecha fue fundado por un ministro de Franco.

“Es preciso prevenir el mal desde el origen” Aristóteles