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miércoles, 4 de febrero de 2026

REGULARIZACIÓN

 

En España existen dos organismos que son fundamentales para conocer la distribución urbanística del país: la oficina del catastro y el registro de la propiedad. En ellos hay una relación de los inmuebles que existen y a quien pertenece, esta información dota al Estado de un conocimiento valiosísimo con respecto a construcciones existentes y sus correspondientes propietarios, con esta información el Estado puede planificar a largo plazo la distribución, el ingreso de impuestos, realizar planes estratégicos, etc., del mismo modo, la inscripción en estos organismos dota a los propietarios de derechos y obligaciones.

El primer objetivo de estos organismos es equiparar la realidad física con la realidad jurídica, pudiendo saber el número total de construcciones que hay en todo el país.

Puede darse la situación de que alguna persona construya una vivienda de manera irregular: sin pedir los permisos correspondientes o en un terreno no destinado para tal fin, como puede ser el terreno calificado como rústico. Al hacer esto corre el riesgo  de ser multado e incluso recibir la orden de derribar lo construido, pero si pasado un tiempo, la construcción sigue en pie, tiene la oportunidad de registrarla en los organismos mencionados con el objetivo, como he dicho antes, de casar la realidad jurídica con la física.

Si esto puede hacerse con una construcción y nadie, hasta ahora, ha cuestionado los mecanismos de regularización de las edificaciones ¿por qué se pone el grito en el cielo cuando se trata de regularizar personas? ¿no es lógico que todas las personas que viven entre nosotros estén registradas en los organismos destinados a este fin? ¿no es preferible que todas las personas tengan obligaciones y derechos a que no los tengan? ¿o preferimos a personas sin derechos que sean fácilmente explotables?

Si es más fácil regularizar administrativamente una vivienda que a una persona es que nuestros valores morales se han distorsionado.

“Si un migrante viene a residir entre vosotros, en vuestra tierra, no lo oprimáis. El migrante será para vosotros como el compatriota” Levítico 19, 33-34

martes, 27 de enero de 2026

CONSUMO RESPONSABLE

 

Es común oír, en anuncios de televisión o radio, mensajes sobre cómo podemos ahorrar en el consumo de agua para evitar posibles futuras restricciones en el suministro: cerrar el grifo mientras nos lavamos los dientes, ducharnos en vez de bañarnos, etc.

Estos mensajes nos responsabilizan sobre el mal uso, de un bien tan escaso como es el agua y del mismo modo nos carga con la culpa en caso de escasez de la misma.

Sin embargo, hay otras muchas actividades del ser humano que generan un gasto en el consumo de agua infinitamente superior al que podemos generar cualquiera de nosotros.

Por ejemplo: hacer un pantalón vaquero consume un promedio de entre 7.500 y 10.000 litros de agua, fabricar un coche consume unos 4.000 litros, si a esto le sumamos el agua utilizada en la extracción de materiales para su construcción, cada coche puede ascender a la cantidad de 80.000 litros, la refrigeración de los servidores del centro de datos de Chatgpt consume  cientos de millones de litros diarios a nivel global…

A pesar de estos datos, que son públicos y fáciles de encontrar, no hay anuncios en televisión y radio que desincentiven la compra de pantalones vaqueros, automóviles o el uso de la inteligencia artificial para preservar las reservas hídricas, eso atentaría contra el consumismo que hace funcionar el sistema económico, pero que son, aún más responsables que cada de uno de nosotros del exceso de consumo de agua.

Con este artículo no estoy animando a hacer un uso inadecuado del consumo de agua, sino poner sobre la mesa la cantidad de factores que influyen en el mantenimiento de este recurso tan vital para la especie humana (y el resto de seres vivos del planeta).

Las preguntas que me hago analizando estos datos son: ¿Es más importante la economía que el consumo humano de agua? ¿El sistema solo se mantiene a través del consumo desaforado?

Podemos vivir con unos pantalones viejos, pero solo podemos vivir de 3 a 5 días sin beber agua, la elección no debería dar cabida a la duda, sin embargo seguimos comprando ropa que no necesitamos, pero cerrando el grifo a la hora de lavarnos los dientes.

“La ecología sin conciencia de clase es simplemente jardinería” Chico Mendes