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miércoles, 20 de mayo de 2026

EL SUR EN EL NORTE

 

Desde la segunda guerra mundial, el mundo se ha dividido en dos ejes socioeconómicos, el Norte rico, productor de bienes y servicios y el Sur pobre, proveedor de las materias primas, lo que en 1952, el economista y demógrafo Alfred Sauvy, denominara el primer y el tercer mundo.

Esta división ha justificado el dominio de las potencias del conocido como primer mundo sobre el resto, y establece la idea de que el Norte rico favorece unos parámetros de bienestar que no son posibles en el Sur pobre. Sin embargo, existe un Sur en el Norte y un Norte en el Sur, rompiendo el esquema, a mi entender simplista, que estableció Alfred Sauvy. Las bolsas de pobreza que existen en países denominados ricos escenifican el fracaso de un sistema que es incapaz de establecer una estructura de bienestar para todos sus miembros.

Cualquiera que visite París, puede comprobar mientras disfruta de una excursión por los alrededores del Sena, que al margen del rio que circunda la ciudad, se hacinan cientos de personas sin hogar durmiendo entre cartones. Que una ciudad que recibe una media de cincuenta millones de turistas al año disponga de una bolsa de unas cinco mil personas viviendo en la calle debería ser un factor que nos hiciera pensar sobre el funcionamiento de un sistema económico que no es capaz de dar cobertura a una parte importante de sus ciudadanos.

Pero esta situación no es exclusiva a la capital de Francia, a zona conocida como “la cañada real” en Madrid, donde viven más de cuatro mil quinientas personas, lleva más de cinco años sin suministro eléctrico, sin que nadie cuestione la falta de acceso a los servicios básicos de estas personas. Otro dato a tener en cuenta es que el barrio más pobre de España se encuentra en la ciudad de Sevilla, el barrio de los Pajaritos, donde existe un tercio de su población activa se encuentra desempleada crónicamente.

Por poner un último ejemplo, en el área de Sylicon Valley, ciudad conocida por ser la meca de los avances tecnológicos, muchos trabajadores con bajos ingresos pasan la noche en los autobuses urbanos de la línea 22, porque no pueden pagarse una habitación a pesar de tener trabajo.

Estos ejemplos son trasladables a todas las grandes ciudades del Norte rico y desarrollado, sin que se actúe en las causas que provocan este tipo de situaciones. La pregunta que deberíamos hacernos es ¿por qué se dan estas situaciones en lugares donde se podrían erradicar?

La única respuesta que encuentro es que estas personas no importan a nadie, no producen (lo suficiente), no consumen (lo suficiente) y no suelen participar de los procesos electorales donde se eligen a los políticos que podrían hacer algo para cambiar su situación, por lo tanto no son un sujeto de cambio social. Se han convertido en parte de los restos que conforman el sistema, en lo que Eduardo Galeano llamaba los “Nadie”, forman parte del Sur subdesarrollado dentro del Norte desarrollado y mientras no tomen conciencia de su situación, así seguirá por los tiempos de los tiempos.

“Si la gente se organiza suficiente como para actuar junta, entonces se pueden conseguir cosas” Noam Chomsky

 

miércoles, 13 de mayo de 2026

DE MANZANAS Y HOSPITALES

 

Si yo tuviera un manzano, para poder comer una manzana únicamente tendría que ir al árbol y coger el fruto de entre sus ramas, además con las manzanas que no me comiera podría hacer un montón de recetas, es cierto que, para que el manzano siguiera dando sus frutos tendría que invertir tiempo y dinero necesario para su mantenimiento, esta inversión no sería muy costosa, otra de las inversiones que podría hacer es plantar más manzanos para poder obtener más manzanas, pero si se diera el caso de que no dispongo de un manzano ni posibilidad de tenerlo, siempre podría acudir a una frutería o supermercado donde comprar las manzanas que quisiera, evidentemente el costo de la fruta sería mucho mayor que en el caso anterior, ya que tendría que contar con el beneficio de todas las personas que intervienen en el proceso necesario para que la manzana termine en el supermercado.

Lo que no tendría mucho sentido sería plantar un manzano, cuidarlo para que de frutos y cuando el árbol esté a punto de dar manzanas, cederlo a un supermercado para después ir a comprar allí las manzanas a un precio elevado.

Algo similar ocurre con la gestión de la sanidad, con lo que se ha llamado la “gestión público-privada”.

Desde la administración pública se invierte en la formación de los profesionales sanitarios, se construyen hospitales con dinero público y cuando se está a punto de ponerlo al servicio de la población, se cede su gestión a empresas sanitarias que pasan una cuantiosa factura a la administración pública por atender a los ciudadanos que se les asigne.

Y es que para el presupuesto del 2026 la Junta de Andalucía ha incluido más de 16.000 millones de euros para sanidad, una cantidad que aun siendo la más alta de los últimos años, irá a parar en gran medida a manos de empresas privadas.

El truco de esta modalidad de gestión es que el ciudadano no abona directamente el costo de las pruebas o consultas que se realizan en estos centros, sino que es a través de los impuestos que todos (o casi todos) pagamos como se realiza el abono de estas cuantiosas facturas. Se da servicio público a través de empresas privadas, pero las facturas se pagan en base a dinero público.

Siempre he dicho que un presupuesto aguanta todos los números que queramos hacer, lo interesante sería saber cuantos de esos 16.000 millones de euros terminan en manos de empresas privadas.

“Vivimos una época que promueve los sueños tecnológicos más delirantes, pero no quiere mantener los servicios públicos más necesarios” Slavoj Zizek