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lunes, 12 de octubre de 2026

LA DEMOCRACIA DE LOS HOOLIGANS

 Entre la competición de egos, la demagogia y la renuncia al pensamiento crítico

En época de elecciones suelen tensarse las costuras del sistema, dejando al descubierto sus fallas más evidentes. En esta ocasión, podemos ver cómo los partidos políticos multiplican sus actos de campaña. En ellos se repiten los mismos mensajes, independientemente de la formación que los protagonice: «Qué bueno soy yo y qué malo es el otro».

Y es que la política se ha convertido en una competición de egos en la que las ideas han pasado a un segundo plano. Sin embargo, desde una perspectiva aristotélica, la política debería ocuparse de cómo gestionar los problemas de la polis —en este caso, los del país—, poniendo el énfasis en su detección, análisis y posibles vías de solución, con el objetivo de procurar la felicidad de la ciudadanía. Para ello, debería importar más el «qué» y el «cómo» que el «quién».

Hoy, los discursos políticos se fundamentan en «ideas fuerza» que se repiten hasta la saciedad. Se analizan problemas inexistentes, se proponen soluciones erróneas y se culpa al adversario de todo lo que va mal.

Aunque sería muy fácil culpar a los políticos de la deriva que ha tomado el discurso de nuestros dirigentes y de quienes aspiran a serlo, la realidad es que la ciudadanía es la principal responsable de la situación a la que ha llegado el debate político.

Decidimos quiénes son «los nuestros» y quiénes son «los otros». Defendemos a quienes consideramos de nuestra parte y criticamos a quienes vemos como adversarios, sin hacer el más mínimo ejercicio de análisis de los mensajes que transmiten. En mi opinión, deberíamos ser más exigentes con quienes consideramos nuestros representantes. En lugar de aplaudir todo lo que dicen, tendríamos que exigirles que defiendan aquello que creemos que responde a nuestros intereses.

Esta situación no es exclusiva de nuestra sociedad: en muchos países, especialmente en los occidentales, se está produciendo un fenómeno similar, con características prácticamente idénticas.

Con esto no estoy llamando a la abstención ni al apoliticismo; todo lo contrario. Propongo que nos volvamos más críticos y exigentes con quienes ponemos al frente de la gestión de un país, una comunidad autónoma o un municipio. Debemos exigirles que destierren la demagogia y que los debates se centren en problemas reales y en soluciones reales.

«En la actualidad, gracias a los progresos de la retórica, basta saber hablar bien para llegar a ser jefe del pueblo». —Aristóteles

miércoles, 7 de octubre de 2026

LA ILUSIÓN DEL MOVIMIENTO

 Por qué la rutina moderna nos atrapa en una carrera hacia ninguna parte

Quizás la imagen que mejor represente la época que vivimos sea la del hámster dando vueltas en su rueda. A medida que va obteniendo mayor velocidad más difícil le resulta bajarse de la rueda.

La rueda parece ser la única motivación que tiene el hámster para moverse dentro de la jaula, pero por más que corra siempre permanecerá en el mismo lugar y si cuando ha alcanzado su máxima velocidad decide frenar en seco, saldrá disparado de la rueda haciéndose un daño considerable.

Nuestra rutina es similar a la del hámster: nos levantamos para ir a trabajar con el objetivo de ganar un salario con el que poder pagar nuestras deudas, consumir para dar sentido al esfuerzo realizado, descansar para volver a levantarnos para volver a ir a trabajar… hay que aumentar nuestra producción, porque las deudas crecen (ha vuelto a subir el Euribor, la alimentación, la gasolina…) y vuelta a empezar. Como el Sísifo descrito por Camus, felices de poder seguir haciendo la rueda girar y como el hámster en jaula, teniendo la ilusión de estar haciendo algo útil.

La jaula nos ha atrapado de tal manera que si dejamos de hacer girar la rueda, saldremos despedidos, la rueda dejará de girar, pero seguiremos dentro de la jaula.

Hay algo que, definitivamente, nos diferencia del hámster, él no se hace fotos en la rueda haciendo ver lo feliz que es dando vueltas sin sentido dentro de una jaula.

“El precio real de algo, es la cantidad de vida que entregas a cambio” Henry David Thoureu