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jueves, 10 de septiembre de 2026

EL ECLIPSE DE LA IZQUIERDA

 De la ilusión del cambio al avance del populismo reaccionario

La victoria de la AfD en las elecciones de Sajonia ha supuesto un hito histórico, es la primera vez que la extrema derecha obtiene una victoria tan contundente desde el fin de la segunda guerra mundial en Alemania.

La victoria ultra supone un paso más de la Internacional reaccionaria para acabar con el “Estado del Bienestar” construido tras el fin del conflicto mundial en 1945.

Para entender el presente es irremediable acudir al pasado reciente. En 2011, una serie de movilizaciones sociales que comenzaron en el norte de África y que se conoció como la “Primavera Árabe” llevó a la calle a millones de manifestantes pidiendo la puesta en marcha de políticas que abrieran paso a sistemas democráticos en sus países. En España la movilización de millones de personas, espoleadas por los efectos de la crisis económica, dio pie a lo que se conoció internacionalmente como “Spanish Revolution”, y que tuvo su repercusión en distintos países europeos, pedían una salida social a los estragos que las medidas neoliberales estaban causando en las clases populares de la población. Este movimiento cruzó el Atlántico para cristalizar en el movimiento “Occupy Wall Street” con similares objetivos a las movilizaciones europeas, que a su vez estaban influenciadas por las primaveras árabes.

Todos estos movimientos de corte progresistas consiguieron que partidos que se autodenominaban sus herederos políticos tuvieran una amplia representación en distintos parlamentos europeos donde tuvieron la oportunidad de romper la dinámica neoliberal que comenzaba a asomar en las políticas económicas.

Sin embargo, estos partidos no supieron estar a la altura que el momento histórico les exigía.

Las primaveras árabes fueron sofocadas con guerras civiles o políticas represivas convirtiendo a estos países en Estados fallidos o imponiendo gobiernos aún más autoritarios que los anteriores.

En los países occidentales los partidos progresistas asumieron un rol de lacayo de las políticas neoliberales cuyo único objetivo era dulcificar o minimizar sus consecuencias, sin mostrar ningún atisbo de ruptura o alternativa económica, en este caso habría que hacer especial mención a Syriza, partido griego que se mostró como punta de lanza y que terminó asumiendo los principios neoliberales de la Troika europea.

Mientras la izquierda política no ha sabido establecer un discurso con el que sus votantes históricos (las clases populares) se sientan identificados, la extrema derecha de los: Trump, Milei, Le Pen, etc., con un discurso simple y populista, han conseguido hacer el “abrazo del oso” a los partidos tradicionales de centro derecha, ganando votantes entre las clases populares que han visto en sus referentes históricos unas marionetas más de los poderes económicos incapaces de establecer un discurso que genere esperanza.


En 10 años, la sociedad ha cambiado de pedir una democracia plena a ver con buenos ojos regímenes dictatoriales, lo que genera un problema para las libertades presentes y futuras.

Los partidos de izquierdas deben girar el foco de sus intereses y volver a mirar a la calle, a organizar a las masas de trabajadores descontentos y comenzar a organizar la futura resistencia democrática.

Decía Francis Fukuyama que con la caída del bloque soviético el capitalismo había llegado a la cima de la evolución como sistema socioeconómico, pero lo que realmente sucedió es que se rompieron todos los contrapesos que evitaban la depredación del sistema.

Hoy, urge tener mirada de largo alcance para plantear alternativas económicas  que mejoren la calidad de vida de la mayoría social a través de políticas y valentía para llevarlas a cabo, internacionalizar  las luchas sociales del mismo modo que se ha internacionalizado las políticas y los discursos reaccionarios para plantar cara a lo que nos viene.

Desenterrar la utopía y caminar hacia el horizonte, no hay más alternativa.

Por cierto, a pesar de su victoria la AfD tiene difícil gobernar por la negativa del centro derecha alemán a pactar con partidos de extrema derecha. La diferencia con la política española es que el centro derecha luchó contra el nazismo en Alemania mientras  que en España el centro derecha fue fundado por un ministro de Franco.

“Es preciso prevenir el mal desde el origen” Aristóteles

martes, 1 de septiembre de 2026

CUANDO VOTAR CONTRA TUS INTERESES TIENE SENTIDO

 Identidad, emociones y manipulación del voto en el auge de la extrema derecha

El auge de la extrema derecha es un hecho. Lo que llama la atención es que un partido que ha votado en contra del aumento del salario mínimo interprofesional (SMI), la reforma laboral que mejora significativamente los derechos laborales de los trabajadores, especialmente de los menos cualificados, la reducción de la jornada laboral, entre otros, tenga entre sus seguidores, precisamente, a las personas que más se han beneficiado de estas medidas.

No deja de ser una contradicción que personas que se han beneficiado de unas medidas voten a favor de partidos que votaron en contra de esas mismas medidas y que, además, prometen derogarlas si llegan al poder.

Partiendo de esta premisa, la pregunta es obligada:¿qué hace que una persona vote o apoye a un determinado partido político?

Empezaré enumerando cuáles son los motivos que no influyen en el voto:

Miles de trabajadores votarán a un partido que piensa legislar en contra de sus intereses: bajar el salario mínimo y aumentar la jornada laboral, entre otras y es que estas cuestiones no deben sorprender a nadie, en el caso de que se apliquen, ya que lo llevan en su programa electoral y forma parte de su discurso.

Tampoco la identidad de clase es un motivo que aglutine el voto, debido a que estas personas de clase trabajadora votarán a un partido abiertamente clasista  que aboga por legislar a favor de las grandes corporaciones internacionales, algo que también se desprende de su discurso programático.

Los intereses nacionales no son un motivo que decante la intención del voto, la extrema derecha se ha posicionado a favor de intereses extranjeros como es el caso de Israel y Estados Unidos frente a los intereses de España.

Entonces ¿por qué sigue aumentando la intención de voto entre las clases trabajadoras?

La extrema derecha establece un discurso simplista sobre la identidad y proyecta en un chivo expiatorio todos los males de la nación, todo esto sumado a una retórica de un pasado glorioso fundamentado en mitos medievales y de la edad moderna, acompañado de una simbología que evoca la grandeza de tiempos pasados (como el uso de la cruz de borgoña de los tercios de Flandes) o el aspecto marcial de sus sectores más duros y reaccionarios, a lo que hay que sumar un uso magistral de las redes sociales como medios para la difusión de su ideas.

Este conjunto dota al votante, generalmente de estudios básicos y alejados de cualquier atisbo de intelectualidad, de una identidad propia, un enemigo común, unos símbolos con los que identificarse y unas plataformas donde consumir su mensaje, sin necesidad de realizar la más mínima reflexión.

En la década de los noventa, defender posiciones de extrema derecha era cosa de unos cuantos marginados sociales, hoy lo es defender los Derechos Humanos y el sistema democrático. Lo que no podemos olvidar es que lo que está mal, está mal aunque lo haga todo el mundo y lo que está bien, está bien aunque no lo haga nadie.

“La gente reinterpreta las cosas para encajarlas en una estructura básica de valores morales que, de hecho, todos compartimos” Noam Chomsky