“Yo creo en Dios, pero no en los curas”, esta frase que seguro que has escuchado en más de una ocasión, o puede que tú mismo la hayas dicho, presenta un análisis bastante complejo de la relación del ser humano con la fe.
Esta sentencia esconde una forma de
escapar a la estructura en la que organiza la Iglesia, estableciendo un vínculo
directo entre la persona y Dios, sin pasar por el intermediario, que en una
sociedad como la española, que ha sido y es tradicionalmente católica, es el
sacerdote. Sin embargo, de una cosa estamos seguros, “los curas” sí existen con
certeza, Dios, en el mejor de los casos, podemos ponerlo en duda.
He reflexionado mucho sobre esta
aseveración y en mi caso invertiría el orden exponiendo que “yo creo en los
curas, pero no en Dios”, soy consciente que este posicionamiento puede generar
cierta confusión, pero está fundamentada en los siguientes aspectos: en primer
lugar, “los curas” son personas reales que llevan a cabo una función que va más
allá de la intermediación divina, y en muchos casos ejercen una labor social
encomiable, del mismo modo llevan a cabo una labor de función social que difícilmente
puede ser llevada a cabo por otros organismos. En segundo lugar, son la guía “moral”
de más de 1.400 millones de católicos en el mundo, lo que les infiere una
enorme influencia, una influencia que ha de ser tenida en cuenta.
Como organización jerárquica de es, la Iglesia
tiene a su cabeza al Papa, principal representante de todos los católicos y
principal exponente de la moral católica, por lo que no pasa desapercibido su
enfrentamiento dialéctico con otro líder mundial, en este caso, el presidente
de los Estados Unidos, Donald Trump.
León XIV, que es de nacionalidad estadounidense, se ha posicionado en contra de la guerra de Irán, incluso ha arremetido contra los líderes mundiales que están gastando cantidades ingentes de dinero en financiar los distintos conflictos armados que asolan la faz de la Tierra. En su gira por África, llegó a decir “el mundo está siendo asolado por un puñado de tiranos”. Este posicionamiento no ha gustado nada a Donald Trump, que arremetió contra el pontífice sin medir las consecuencias de sus palabras, lo que le ha granjeado el abandono de los principales predicadores católicos de EEUU que tienen una gran influencia entre sus feligreses, tradicionalmente de voto republicano, del mismo modo, ha conseguido el rechazo de países de tradición católica como Italia cuya presidenta contaba anteriormente entre sus seguidores.
El enfrentamiento con el Vaticano le ha
supuesto a Trump un contratiempo, ya que no puede utilizar sus métodos de presión
habituales: amenazas, aranceles, embargo económico…, por lo que no ha tenido
más remedio que suavizar el tono contra el pontífice.
Puede que yo, simple mortal, no crea en
Dios, pero sí creo en la influencia de la Iglesia Católica y en este sentido comparto
y celebro el posicionamiento de León XIV en su llamada a poner fin a tanta
destrucción.
“La
paradoja es que a veces, quienes dicen no creer, pueden vivir la voluntad de
Dios mejor que los creyentes” Papa Francisco



