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miércoles, 11 de marzo de 2026

LA VICTORIA DEL RELATO

 

Los libros de historia están llenos de batallas y de situaciones donde se impone un relato dominante, donde en muchos casos, solo se ve una parte de esa historia, dicho de otro modo, no se tienen en cuenta situaciones que preceden a la situación narrada, por lo que únicamente tenemos una visión de los hechos.

Es común que cuando nos sucede alguna situación comenzamos la historia desde el punto de vista del que salimos como víctimas del suceso, sirva como ejemplo la siguiente situación: Un niño pequeño les cuenta a sus padres que su hermano le ha pegado, cuando los padres se disponen a regañar al hermano, éste les comenta que el hermano que lo ha acusado le ha pegado primero, en este caso la víctima se convierte en agresor, aunque ese detalle lo haya omitido de su acusación inicial.

Pero estas situaciones no solo se dan entre personas, grandes o pequeñas, sino que, como he indicado al iniciar este artículo, la geopolítica está llena de ejemplos similares.

Todos conocemos la “crisis de los misiles de Cuba”. En 1962 la URSS intentó instalar una serie de lanzaderas de misiles en la isla caribeña, situación que resultaba intolerante para los Estados Unidos, lo que llevó a una crisis diplomática que estuvo próxima a desencadenar un conflicto nuclear. Hasta aquí es lo que nos cuenta la historia oficial. Lo que no se suele saber es que dos años antes los Estados Unidos había instalado lanzaderas de misiles en Turquía e Italia que tenían a Moscú y Leningrado a su alcance. Esta situación provocó la reacción soviética de instalar misiles que tuvieran como alcance la capital estadounidense desde Cuba. La historia se complementa y encontramos unas motivaciones que anteriormente se habían ocultado.

Del mismo modo ocurre en la actualidad. Si consideramos que la guerra de Ucrania comienza con la invasión rusa en 2022, Rusia aparece como el invasor de un estado legítimo, pero si consideramos que la guerra de Ucrania comienza en 2014 con el cambio de gobierno provocado por las movilizaciones de Maidan, y desde entonces el gobierno ucraniano ilegalizó partidos políticos, asesinó a opositores pro-rusos, y facilitó que organizaciones nazis quemaran vivos a sindicalistas ucranianos. Esta situación provocó la entrada de Rusia en el conflicto con el objetivo de “pacificar” la zona más cercana a su frontera y “liberar” a sus habitantes de la violencia ucraniana. Dependiendo de donde iniciemos la historia nos será más fácil posicionarnos en un bando u otro y aunque la realidad se componga de muchos más matices, nuestro cerebro binario tiende a clasificar las situaciones entre buenas y malas y a sus protagonistas entre buenos y malos.

Estos son varios ejemplos de como puede cambiar nuestra percepción de la realidad dependiendo de donde pongamos el foco de nuestra atención, y que cuantos más datos tengamos mejor podremos argumentar nuestro posicionamiento.

En un mundo donde el eslogan ha sustituido al dato, donde el agresor se presenta como víctima, invoco a la capacidad que nos hace humanos, la capacidad de razonar.

“Las desigualdades solo se crean así, descompensando una parte de la balanza con un relato de poder” Ana Bernal-Triviño

miércoles, 4 de marzo de 2026

ARGUMENTOS FRENTE A OPINIONES

 

Hemos llegado a un momento de la historia donde todo se define en conceptos binarios opuestos, esto es: si no es blanco es negro, si no es bueno es malo, si no me apoyas estás en mi contra, etc., sin embargo, la realidad es mucho más compleja de lo que nos esforzamos por aceptar.

Tras el inicio de este nuevo conflicto bélico, cada vez que cualquier persona critica el ataque perpetrado por Israel y Estados Unidos debe matizar que no simpatiza, y que incluso condena, el régimen teocrático de Irán, para que su crítica no sea entendida como una defensa del gobierno de los ayatolás. A pesar de esa matización, la respuesta suele venir como si esa matización no hubiera existido. Igualmente sucede cuando se critica el genocidio en Gaza, que no tiene relación con el posicionamiento ideológico ni las acciones perpetradas por Hamás, o es secuestro de un presidente de un Estado soberano como es Venezuela, etc.

Esta forma de entablar una discusión no es nueva. Ya, el filósofo alemán Arthur Shopenhauer, escribió en 1864 una obra titulada “El arte de tener razón” donde establecía 38 estratagemas con las que ganar una discusión, y como bien dice nada más comenzar el libro, “justa o injustamente”.

Y es que ha llegado un momento en el que la verdad ha perdido toda importancia, el objetivo es ganar la discusión, dejar al “contrincante” sin argumentos con los que seguir debatiendo, y si para eso hay que valerse de mentiras, datos falseados, bulos, incluso atacando al oponente… pues está legitimado como medio para conseguir el fin propuesto.

Reflexionando sobre la forma que quería darle a este artículo, me vino a la cabeza la imagen de mis años de estudiante de instituto cuando debía dibujar un círculo cromático, y establecí el siguiente paralelismo: si cada color primario es una perspectiva de la realidad, la mezcla de colores nos iría proporcionando distintos matices que nos acercarían a “la verdad”.

Hoy ese círculo cromático solo se compone de dos colores opuestos y si no estás en una arista, como consecuencia estás en la opuesta y se utilizan todos los medios y estrategias disponibles para silenciar tus argumentos.

Dicen que la primera víctima de una guerra es “la verdad”, pero me temo que hace mucho tiempo que “la verdad” dejó de importar para imponer únicamente la perspectiva con la que nos identificamos. Schopenhauer estaría orgulloso de nosotros.

“Si fuéramos de naturaleza honrados en todo debate no tendríamos otra finalidad que la de poner de manifiesto la verdad, sin importarnos en nada que esta se conformara a la primera opinión que hubiéramos expuesto o la del otro” A. Schopenhauer