Translate

jueves, 23 de julio de 2026

LA EMOCIÓN COMO MEDIO PARA LA MANIPULACIÓN

 

Finalmente, España ganó el mundial y todos salimos a la calle a celebrar la victoria de la selección. Calles y plazas de todo el país se llenaron de personas que expresaban su alegría y orgullo por la victoria de aquellos 26 futbolistas, dirigidos magistralmente por Luis de la Fuente.

Todos, independientemente de su ideología, creencias religiosas, edades y demás características que nos definen como seres individuales, salimos a la calle en una comunión con la selección para festejar una victoria que sentimos como propia.

Este sentimiento de unión no viene determinado por un planteamiento racional de lo ocurrido, sino que parte directamente de la emoción. Como si de un conjuro mágico se tratase, personas enfrentadas y polarizadas enterraron por un tiempo sus diferencias para celebrar con alegría aquello que entienden como propio y parte del patrimonio común.

Y es que es a través de la exaltación de las emociones como somos más vulnerables, para bien y para mal. Lo ocurrido me ha llevado a reflexionar sobre lo sucedido el pasado domingo y cómo, a través de los mensajes de unidad y de apoyo que se han lanzado desde los medios de comunicación, los mensajes de los jugadores y del equipo técnico ensalzando el apoyo que recibían desde España, y cómo este apoyo era convertido en responsabilidad de dar lo mejor de sí mismos, se ha conseguido que el mensaje calara en la ciudadanía en un hilo de apoyo bidireccional.

Si los mensajes que recibiéramos desde otros ámbitos fueran en la misma línea que los que hemos recibido durante el mundial, acabaríamos con la polarización y podríamos volver a sentirnos como un único ser social que busca lo mejor para sí mismo.

Pero el mundial acabó y volvemos a los mensajes polarizados que hacen que la emoción vuelva a ser la que nos divida como pueblo de nuevo, sin que nos demos cuenta de cómo somos manipulados a su antojo.

Por eso es importante recordar el mensaje lanzado por Luis de la Fuente en la celebración del título:

“Juntos somos más fuertes”.  Luis de la Fuente.

martes, 14 de julio de 2026

LA NUEVA ESCLAVITUD

             Decía Nietzsche que quien no dispone de ocho horas para sí mismo no es más que un esclavo. Según el filósofo, el día debía dividirse en tramos de ocho horas dedicadas al trabajo, al descanso y al ocio.

Teniendo en cuenta que Nietzsche murió en 1900 y la jornada laboral de ocho horas se instituyó en España en 1919 —aunque no se consolidó hasta la transición democrática de los años setenta—, el pensamiento del filósofo alemán no deja de ser profundamente revolucionario.

Pero, llegado el año 2026, ¿quién puede decir que no es un esclavo según el pensamiento nietzscheano?

Si a las ocho horas de la jornada laboral le sumamos el tiempo dedicado a ir y volver del trabajo, las obligaciones burocráticas que como ciudadanos tenemos que llevar a cabo y la resolución de problemas domésticos, entre otros, ¿cuánto tiempo nos queda para nuestro ocio?

Cuando me refiero al término «ocio», lo hago partiendo de su significado etimológico (otium), que significa «reposo, quietud, paz y tiempo libre».

Hoy en día, la privacidad se ha eliminado y el escaso tiempo libre que nos queda se publica en las distintas redes sociales; nos vemos en la «obligación» de justificar no solo nuestro trabajo, sino también nuestro tiempo libre. Instagram, Facebook o TikTok se llenan en este periodo estival de playas, viajes al extranjero, barcos y pieles bronceadas: una infinidad de fotos para justificar nuestro tiempo de ocio.

La gestión del ocio se ha convertido en otro trabajo que se cobra en la dopamina generada por los likes de las personas que lo ven. Como resultado, tenemos una sociedad cansada, esclava de un tiempo que no sabe o no quiere gestionar. Llegará septiembre y el tiempo para descansar habrá sido invertido en editar fotos y videos con los que dar envidia a gente que no conocemos y a la que no le importamos.

«Las nuevas esclavitudes se alimentan de cadenas económicas e infraestructuras digitales». — León XIV