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miércoles, 23 de septiembre de 2020

CUESTIÓN DE LÓGICA

             El ser humano tiene una capacidad de  adaptación al medio en el que vive por encima de todas las demás especies que pueblan el planeta, ese ha sido el secreto del éxito de la evolución humana y que lo ha hecho estar presente en toda la superficie global, adaptándose tanto al frio polar como al calor tropical.

Otra de las características propias del ser humano ha sido su capacidad de racionalizar la realidad, consiguiendo mejorar su calidad de vida a través de ingenios como la rueda, el control del fuego, así como los sucesivos modos de organización, desde el “estado salvaje” hasta nuestros días, eligiendo el mejor para su supervivencia.


La situación de la pandemia mundial que estamos viviendo en nuestros días, ha conseguido que nos adaptemos a esta nueva situación en un tiempo asombrosamente rápido, ante el estupor de los primeros momentos, con situaciones de histeria colectiva, como la acaparación de papel higiénico que se dio en los primeros días de la pandemia, hasta la normalidad con que vivimos el incremento de los casos de infectados por Coronavirus que día a día se anuncian por los medios de comunicación.

Otro de los datos que han pasado desapercibidos ha sido el incremento del precio del material sanitario necesario para prevenir la infección del virus, como es el caso de las mascarillas quirúrgicas, mascarillas que han aumentado su demanda, de forma lógica, en los últimos tiempos.


El precio de una mascarilla quirúrgica antes de la pandemia era de 0,20 € y su precio se ha incrementado hasta 0,92 €, precio que ha sido limitado por el gobierno, de no haber sido así los precios podrían haberse disparados hasta lo inimaginable, y si esto ha sucedido, sin que nadie se haya percatado, es debido a que la lógica que hemos utilizado es la aplicable al sistema capitalista tan interiorizada en todos nosotros.

Pero si racionalizamos esta situación, parece de todo menos lógica. Las mascarillas tienen un precio de costo que más el margen de beneficio correspondiente hace que su venta sea viable a 0,20 € (precio pre-covid), por lo tanto el incremento de precio en este producto genera un beneficio muy superior al establecido en una situación de normalidad, esto quiere decir que hay quien se está lucrando (en exceso) debido a una situación en la que está en peligro toda la humanidad. Este es un claro ejemplo de la ley de la oferta y la demanda, esta ley prioriza a la economía por encima de todas las demás necesidades del ser humano, incluso la salud.


Este es uno de los muchos ejemplos que podríamos exponer, vivimos una situación excepcional que ha puesto en evidencia estructuras que creíamos inamovibles, hemos visto como el sistema se ha sustentado gracias a los trabajadores esenciales, que casualmente coinciden con los peor pagados del sistema, hemos visto como las artes, la literatura, la educación física, y porque no decirlo, la filosofía, nos han mantenido cuerdos durante el estado de confinamiento, sin embargo estas disciplinas se han convertido en residuales dentro de nuestro sistema educativo orientado a la producción de mano de obra. Quizás ha llegado el momento de aplicar una lógica que ponga en el centro del sistema al ser humano y no al dinero.

“Es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo” Fredric Jameson.

jueves, 17 de septiembre de 2020

CUESTIÓN DE CLASES

 Bases sociológicas para el apoyo a la monarquía.

La monarquía es una forma de Estado que ha estado presente a lo largo y ancho del mundo desde tiempo inmemorial, es imposible establecer fecha y lugar de la aparición del primer rey, desde entonces a la actualidad la figura del rey se ha ido adaptando a las distintas formas de gobierno y allí donde no ha sido capaz de adaptarse ha desaparecido.

En nuestro país ha adoptado la figura de monarquía parlamentaria, dándole un tinte democrático a un estamento que por definición no lo es (monarquía = gobierno de uno).


Siempre me he preguntado por qué existen personas que apoyan a la monarquía, todas sus funciones pueden ser ejecutadas por personas elegidas democráticamente, la mayor parte de los países en el mundo carecen de rey, creer en la monarquía es asumir que hay personas que son superiores a otras por el simple hecho de haber nacido en la casa real y creo que es en este último punto donde está la clave del apoyo monárquico.

Cuando me refiero al apoyo a la monarquía no me estoy refiriendo a los cortesanos y élite empresarial que se aprovecha de su cercanía al monarca, me refiero a personas anónimas con trabajos anónimos que consideran que Felipe VI es la persona indicada para ostentar la jefatura del Estado por el simple hecho de ser hijo de Juan Carlos I y que la persona indicada para sucederle será su hija Leonor por el simple hecho de ser su primogénita.

Asumir esta realidad es colocar en la cúspide de la pirámide social al rey, cuyo único mérito es ser hijo de sus padres, pero a la vez es asumir que existe una pirámide social donde  se obvia el mérito y la capacidad para posicionarte. Por lo tanto, los monárquicos asumen que hay personas mejor situadas pero que también hay muchas que se encuentran por debajo de ellas en dicha pirámide (al menos en su idea de escala social).


Mientras desde el ideario republicano se señala a la parte alta de la pirámide con el objetivo de democratizar  las altas esferas, dando un papel fundamental a los méritos y capacidades de las personas encargadas de llevar las riendas del país, desde los defensores de las ideas monárquicas se mira la pirámide hacia abajo mirando con desdén a todos aquellos que tuvieron la desgracia de nacer en clases menos favorecidas. La existencia  de un rey justifica su propia posición en la pirámide social.


Parafraseando a J. Stiglitz (Premio Nobel de Economía en 2001) la mayoría de las personas que nacen pobres morirán pobres por más conocimientos que tengan al igual que la mayor parte de los que han nacido ricos morirán ricos por más inútiles que sean. La existencia de un rey también justifica la posición social, heredada por nacimiento complaciéndose de que siempre haya alguien peor situado.

“La legitimidad de un régimen procede de la aceptación por la sociedad de los principios que están en la base de su organización política” Miguel Artola.

 

jueves, 10 de septiembre de 2020

SABER LEER.

             En el año 1975 España contaba con una tasa de analfabetismo altísima, este fue uno de los déficits que nos dejó cuarenta años de dictadura franquista, donde la formación de las clases populares no era una necesidad, ya que se trataba de mano de obra barata para el tejido empresarial y caciquil de la época. No interesaba una población formada que pudiera empezar a hacerse preguntas y encontrar respuestas contrarias al orden establecido. Solo unos pocos pudieron realizar estudios reglados y aún menos los que, perteneciendo a las clases populares pudieron realizar estudios superiores.


Hoy, cuarenta y cinco años después, casi la totalidad de la población de más de cuatro años está matriculada en el sistema educativo y las nuevas generaciones conocen mayoritariamente, al menos las reglas básicas matemáticas (sumar, restar, multiplicar y dividir) así como leer y escribir, entendiendo esto como el conocimiento del código utilizado para llevarlo a cabo.

Pero saber leer no es conocer el código, es decir que la /m/ con la /a/ se pronuncia /ma/, saber leer es algo más. Es saber interpretar lo que se lee, entender el mensaje, no sólo lo que se dice, sino lo que se quiere decir, y esta habilidad, como casi todas las habilidades se consigue entrenándolas.

El analfabetismo siempre ha sido un hecho que ha avergonzado a toda aquella persona que lo ha padecido, pero en la actualidad son  muchas las personas que se vanaglorian y presumen de no leer un solo libro en todo un año. A pesar del esfuerzo del Estado para facilitar la escolarización masiva de toda la población, dotar a las personas de los conocimientos suficientes para poder leer y escribir (con todas las carencias existentes), haber puesto a disposición de la mayoría de la población de infinidad de bibliotecas públicas a lo largo y ancho del país, disposición de puntos de internet gratuito donde poder descargar multitud de libros online, millones de artículos especializados en cualquier tema en internet, etc. a pesar de todo eso, son muchos los que podríamos calificar de “analfabetos funcionales”.


Los “analfabetos funcionales” son aquellos que, a pesar de tener los conocimientos para poder decodificar los códigos de los que se compone la lectoescritura no hacen uso de esos conocimientos. Podríamos decir que estas personas son el culmen de la mediocridad social ya que al no “entrenar” la habilidad de la lectura son víctimas dóciles de los elementos encargados de la manipulación social.

Los “analfabetos funcionales” no solo presumen de no leer sino que además consideran y exigen que su opinión sea tenida en cuenta. De ahí surgen los movimientos antivacunas, terraplanistas, o una infinidad de “epidemiólogos”, “médicos”, “geoestrategas”, “economistas”… que lo único que hacen es repetir los mantras lanzados por los medios de comunicación, y claro, cuando se carece de capacidad de análisis, el conocimiento fundamentado en distintos puntos de vista y capacidad crítica, estás obligado a creer lo que te digan.


La aparición de las Redes Sociales (informáticas) ayudan a la proliferación de mensajes no contrastados, peligrosos para la salud, gurús de medio pelo, bulos malintencionados, etc.

Dejadme deciros a todos aquellos que pueden entrar en la categoría que acabo de describir: Vuestra opinión no importa, no todas las opiniones son igual de válidas.

“Las redes sociales le dan derecho a hablar a legiones de idiotas que antes sólo hablaban en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los idiotas” Umberto Eco.