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jueves, 10 de febrero de 2022

LA VERDAD

             La filosofía posmodernista nos ha convencido de que la verdad no existe, expone la verdad como un ideal platónico a la que es imposible acceder y que su representación en el mundo real se compone de múltiples versiones enmarcadas en lo que llamamos “opiniones”, cada persona tiene “su verdad” y por lo tanto es inútil plantear la búsqueda de este ideal imposible de encontrar.

Pero, si la verdad no existe, tampoco puede existir la mentira como concepto de inverso.

Al aceptar la no existencia de ambas ideas como conceptos absolutos nos encontramos sumidos en una telaraña de opiniones personales, ideas peregrinas, etc. que provoca que cualquier teoría, por descabellada que sea tenga cabida en la sociedad, ahí encontramos por ejemplo, el sector de los antivacunas, los terraplanistas o los propios creacionistas, entre otros, que negando teorías sobradamente contrastadas imponen sus ideas en plano de igualdad, justificado socialmente en el aforismo de “toda opinión es respetable”.

La “verdad” existe como la explicación incuestionable de un hecho o situación, y por lo tanto es mucho más compleja que una simple opinión. La verdad puede ser descubierta, pero para ello debemos introducirnos en un maremágnum de datos, hechos y fechas, así como saber separar “el trigo de la paja” en la que se mezclan con datos y explicaciones insuficientes que justifican una opinión utilizando la parte de “verdad” que les es propicia, obviando la que puede contradecirla o ponerla en cuestión.

En la sociedad de lo inmediato, pararse a buscar los datos necesarios que nos lleven a la verdad supone una inversión de tiempo, en muchos casos inalcanzable, que para cuando hemos podido recabar toda la información, el hecho en sí ha dejado de tener interés.

En mi opinión, la pregunta que debemos hacernos no es si la verdad existe o no, sino ¿nos importa realmente la verdad? o si por el contrario nuestro único afán es que impere nuestra opinión y por eso damos pábulo a noticias falsas, ideas contradictorias, o burdas mentiras por el simple hecho de que coinciden con nuestra manera de pensar en ese momento.

Todos somos susceptibles de cambiar de opinión sobre cualquier asunto, de hecho lo hacemos varias veces a lo largo del día, nuestra capacidad de comprender todos los parámetros que afectan directa o indirectamente sobre un asunto es muy limitado, por lo que la búsqueda de la verdad resulta un trabajoso engorro, pero sin duda merece la pena hacer honor a nuestra especie que para eso se ha denominado a sí misma como homo sapiens.

“Informarse sin esfuerzo es una ilusión que tiene que ver con el mito publicitario más que con la movilización cívica. Informarse cansa y a este precio el ciudadano adquiere el derecho de participar inteligentemente en la vida democrática” Ignacio Ramonet.

miércoles, 28 de julio de 2021

EL MUNDO ES DE LOS OPINÓLOGOS

             Hace años que me acerqué a la Filosofía en busca de respuestas, el resultado ha sido que cuanto más profundizo más preguntas encuentro, pero cuando miro a mi alrededor todo el mundo parece estar en posesión de la más absoluta de las certezas.



Los debates han desaparecido y cualquiera se ve en el derecho de opinar sobre cualquier tema, desde fútbol (parece que cada persona tiene un seleccionador o entrenador en su interior), inmunobiología, geopolítica, economía, etc., no hay tema, por complejo que sea, que cualquiera no se vea en el derecho de dar su opinión, aunque esta opinión no esté fundamentada en nada, simplemente en sus propias creencias o pensamientos.

Si nos paramos a escuchar las conversaciones que las personas tienen alrededor de un café no dejaría de sorprendernos, el tema se hace más complejo si en vez de café, el líquido catalizador es la cerveza, y si ya se trata de cubatas, las reflexiones que podemos oír pueden ser dignas de ser transcritas para la posteridad.



Otra de las características, es que la misma persona puede dar una opinión y la contraria en una misma conversación, dependiendo de cuál sea el enfoque que haya tomado el tema.

Generalmente, los temas tratados suelen ser enfocados desde una tremenda simpleza, sin conocer los distintos enfoques a los que afecta las afirmaciones vertidas. No se ruborizan al contradecir a un experto en la materia de la que se trate, poco importan los años de estudio, profundas reflexiones y una vida dedicada al tema en cuestión, cualquiera puede verse en el derecho a contradecir con una sentencia ocurrida en ese mismo momento, esta situación se ha visto incrementada con la aparición de las Redes Sociales.

Realmente no estoy hablando de conspiranoicos, sino de la gente “normal” que nos encontramos a diario en cualquier parte. Opinar se ha convertido en un derecho inalienable de nuestra sociedad y del mismo modo se exige que esas opiniones sean tenidas en cuenta al mismo nivel que las de cualquier experto en el tema.

Nuestra sociedad cambiaría si en vez de opinar sin un previo trabajo de estudio y reflexión, todos nos hiciéramos más a menudo la pregunta clave para poder producir cualquier tipo de conocimiento: ¿Por qué?



El uso de la razón es uno de los dones con los que contamos en nuestra especie, hagamos uso de él en vez de llevar la contraria Descartes, que se revolvería en su tumba si viera como muchos “no piensan y aun así existen”.

“No se debe confundir la verdad con la opinión de la mayoría” Jean Cocteau

Manuel Carmona Curtido

miércoles, 9 de junio de 2021

REFLEXIONES MUSICALES.

           Hace unos días mi hijo mayor se encontraba escuchando música en el ordenador y me comentó que estaba escuchando una canción de Guns n´ Roses que no conocía y que le estaba gustando bastante. El tema en cuestión era “Rocket Queen”, le dije que ese era el último tema del primer disco de Guns N´ Roses el Appetite For Destruction. Un disco que yo he escuchado más de un millón de veces y que me parece una de las mayores obras del Hard Rock de todos los tiempos (aunque esto pueda ser digno de otro debate).

Le dije que el problema que tiene su generación es que no escuchan los discos enteros y que solo prestan atención a los singles, y que así se pierden muchos grandes temas que quedan en los discos y que pasan sin pena ni gloria sin que se les preste atención.

Los singles son los temas que las radioformulas, junto con las discográficas utilizan para promocionar al grupo en cuestión y por lo tanto suelen ser los temas más comerciales.

En definitiva, que las generaciones actuales solo escuchan los temas propuestos por las discográficas y difundidos por las radiofórmulas, sin pararse a escuchar toda la obra de los artistas y así elegir, por sí mismos, sus temas favoritos.

Reflexionando sobre esta situación llegué a la conclusión que podía ser una metáfora de la sociedad actual en otros aspectos.

Es habitual que no se profundice en temas concretos formando una opinión a través de aspectos parciales de cualquier tema, conociendo únicamente la parte que los poderes fácticos quieren mostrarnos (que pueden ser el paralelo a las discográficas) y difundidos por los medios de comunicación masivos (siendo el paralelo a las radiofórmulas),  provoca un conocimiento parcial del tema y por extensión erróneo.

La velocidad a la que las noticias adquieren y pierden interés, como si fueran la canción del verano, dificulta que se pueda profundizar en las causas y orígenes de los temas tratados. La necesidad de tener una opinión sobre cualquier tema, hace que se repitan los dogmas que trasladan los medios de comunicación de masas. Las “ideas fuerza” que se lanzan en programas de radio, tertulias televisivas, etc., hace que la mayoría de la gente únicamente repita, con mayor o menor acierto, los mismos mensajes en las tertulias de café y cerveza. Esta situación se hace aún más difícil si sumamos la cantidad de noticias falsas que se generan diariamente y cuyo único objetivo es generar mayor desinformación.

Debemos tomarnos el análisis de la realidad con más calma, obtener el mayor número de datos posibles antes de formarnos una opinión propia. Debemos escuchar todo el disco antes de elegir nuestra canción favorita.

“Informarse sin esfuerzo es una ilusión que tiene que ver con el mito publicitario más que con la movilización cívica. Informarse cansa y a este precio el ciudadano adquiere el derecho a participar inteligentemente en la vida democrática” Ignacio Ramonet.

 

jueves, 10 de septiembre de 2020

SABER LEER.

             En el año 1975 España contaba con una tasa de analfabetismo altísima, este fue uno de los déficits que nos dejó cuarenta años de dictadura franquista, donde la formación de las clases populares no era una necesidad, ya que se trataba de mano de obra barata para el tejido empresarial y caciquil de la época. No interesaba una población formada que pudiera empezar a hacerse preguntas y encontrar respuestas contrarias al orden establecido. Solo unos pocos pudieron realizar estudios reglados y aún menos los que, perteneciendo a las clases populares pudieron realizar estudios superiores.


Hoy, cuarenta y cinco años después, casi la totalidad de la población de más de cuatro años está matriculada en el sistema educativo y las nuevas generaciones conocen mayoritariamente, al menos las reglas básicas matemáticas (sumar, restar, multiplicar y dividir) así como leer y escribir, entendiendo esto como el conocimiento del código utilizado para llevarlo a cabo.

Pero saber leer no es conocer el código, es decir que la /m/ con la /a/ se pronuncia /ma/, saber leer es algo más. Es saber interpretar lo que se lee, entender el mensaje, no sólo lo que se dice, sino lo que se quiere decir, y esta habilidad, como casi todas las habilidades se consigue entrenándolas.

El analfabetismo siempre ha sido un hecho que ha avergonzado a toda aquella persona que lo ha padecido, pero en la actualidad son  muchas las personas que se vanaglorian y presumen de no leer un solo libro en todo un año. A pesar del esfuerzo del Estado para facilitar la escolarización masiva de toda la población, dotar a las personas de los conocimientos suficientes para poder leer y escribir (con todas las carencias existentes), haber puesto a disposición de la mayoría de la población de infinidad de bibliotecas públicas a lo largo y ancho del país, disposición de puntos de internet gratuito donde poder descargar multitud de libros online, millones de artículos especializados en cualquier tema en internet, etc. a pesar de todo eso, son muchos los que podríamos calificar de “analfabetos funcionales”.


Los “analfabetos funcionales” son aquellos que, a pesar de tener los conocimientos para poder decodificar los códigos de los que se compone la lectoescritura no hacen uso de esos conocimientos. Podríamos decir que estas personas son el culmen de la mediocridad social ya que al no “entrenar” la habilidad de la lectura son víctimas dóciles de los elementos encargados de la manipulación social.

Los “analfabetos funcionales” no solo presumen de no leer sino que además consideran y exigen que su opinión sea tenida en cuenta. De ahí surgen los movimientos antivacunas, terraplanistas, o una infinidad de “epidemiólogos”, “médicos”, “geoestrategas”, “economistas”… que lo único que hacen es repetir los mantras lanzados por los medios de comunicación, y claro, cuando se carece de capacidad de análisis, el conocimiento fundamentado en distintos puntos de vista y capacidad crítica, estás obligado a creer lo que te digan.


La aparición de las Redes Sociales (informáticas) ayudan a la proliferación de mensajes no contrastados, peligrosos para la salud, gurús de medio pelo, bulos malintencionados, etc.

Dejadme deciros a todos aquellos que pueden entrar en la categoría que acabo de describir: Vuestra opinión no importa, no todas las opiniones son igual de válidas.

“Las redes sociales le dan derecho a hablar a legiones de idiotas que antes sólo hablaban en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los idiotas” Umberto Eco.