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jueves, 24 de noviembre de 2022

LIBERTAD DE EXPRESIÓN

 

Siempre he estado a favor de la libertad de expresión, esto significa que estoy a favor de que las personas que tienen una opinión diferente a la mía puedan expresarla libremente, sin sentirme ofendido ni agraviado. Es más, estoy a favor de que cualquiera que quiera mentir para defender una postura pueda hacerlo, en lo que me cuesta estar de acuerdo es que nadie se pare a verificar si lo que se está diciendo es verdad o mentira.


Si preocupante es que cualquiera pueda mentir sin que nadie se pare a verificar lo que se está diciendo, más preocupante es que se puedan decir gilipolleces, del tipo “la tierra es plana”, “las vacunas matan” o “que el sol no es una fuente de calor” (para que se entienda a que me refiero cuando hablo de gilipolleces) y nadie se tome la molestia de verificar si esto es cierto o no, ya que utilizando una lógica simple y obviando las reglas de física, entre otras reglas que rigen el complejo funcionamiento de la naturaleza, puede llegar a convencer a los incautos de despropósitos intelectuales como los que he nombrado anteriormente.


Según decía Soren Kierkegaard “la gente exige la libertad de expresión como una compensación por la libertad de pensamiento, que rara vez se utiliza” y es que la libertad de expresión debe ir aparejada a la libertad de pensamiento, ser capaces de crear nuestros propios argumentos que nos lleven a conclusiones propias. Esto requiere un enorme esfuerzo y una inversión de tiempo significativa. El tiempo quizás sea lo más valioso de la época que nos ha tocado vivir debido a su escasez. La falta de tiempo junto a la campaña antiintelectualista propia de nuestra época (donde mucha gente se vanagloria de no leer un libro en todo el año, de no profundizar en las cosas que les afecta dejándose influir por titulares escandalosos, etc.) hace que tomarse las gilipolleces en serio sea un hecho muy común.


Con estos ingredientes, las gilipolleces se propagan como un virus infectando a un  número importante de personas que ven sus ideas amplificadas por las redes sociales ampliando el número de contagiados.

Los enciclopedistas intentaron recoger en la enciclopedia todo el saber de su época, el siglo XVIII, dando como resultado la enciclopedia, donde se podía recurrir para satisfacer el ansia de saber. Hoy cualquiera tiene acceso a medios de comunicación con los que difundir información falsa, no contrastada, mentiras y gilipolleces a las que se les da el mismo valor que al conocimiento científico.


Si bien la duda es el principio del conocimiento, no podemos resolver esas dudas con ideas peregrinas sin base científica.

 Sinceramente creo que, lo peor puede existir es un mundo lleno de gilipollas. Por favor, no seáis gilipollas.

“Sin libertad de pensamiento la libertad de expresión no sirve de nada” José Luis Sampedro

jueves, 9 de diciembre de 2021

EVITEMOS HABLAR POR HABLAR.

 La base de todo conocimiento está en conocer las limitaciones de nuestro propio conocimiento.

Existe una frase que se atribuye a Noam Chomsky, lingüista y filósofo crítico con el sistema capitalista, que dice “la población general no sabe lo que está ocurriendo, y ni siquiera sabe que no lo sabe”, al leerla me ha llevado a la siguiente pregunta sobre qué sería más conveniente ¿saber todo sobre algún tema concreto? O ¿saber algo de todos los temas? Parece que en los tiempos que vivimos la segunda opción sería la más acertada, viendo como los distintos medios de comunicación (principalmente televisión y radio) utilizan a los mismos “tertulianos” para debatir sobre cualquier tema (política, pandemias, desastres naturales, etc.) y una sociedad donde todo el mundo se ve capacitado para hablar sobre cualquier tema, parece que conocer un poco de todo te da pie a participar y opinar en cualquier tipo de conversación.

Sin embargo, “Todo” es un concepto demasiado amplio como para que pueda ser abarcado por una sola persona, invalidando (a mi modo de ver) las dos preguntas anteriormente planteadas; ni podemos saberlo “todo” de un tema concreto, ni, igualmente, podemos conocer algo de “todos” los ámbitos del conocimiento. “Todo” resulta un concepto inabarcable para una sola persona.

Ya René Descartes, padre del racionalismo moderno, llegaría a esa conclusión cuando dijo “daría todo lo que se, por la mitad de lo que ignoro”, por lo tanto, ¿dónde debemos basar la base del conocimiento, si incluso el más sabio de los sabios sobre un tema concreto, desconoce de su materia más de lo que conoce?

La respuesta deberíamos encontrarla en el siglo V a. C. ya que fue Sócrates el primero en señalar que la base del conocimiento está en conocer nuestras propias limitaciones con su célebre frase “Sólo sé que no sé nada”. Si aplicáramos este principio a la vida real, los principales tertulianos de todos los medios se verían en un serio problema laboral, ya que los medios de comunicación deberían buscar a personas que conocieran ampliamente el tema que van a tratar en sus programas, igualmente, las cenas navideñas, reuniones informales, e incluso las barras de los bares verían limitado el número de conversaciones con las que amenizar las conversaciones. Del mismo modo ganarían respeto aquellas personas que se dedican a estudiar sobre un tema concreto y sus opiniones no se verían sepultadas por simples comentarios extraídos de videos de youtube o del tertuliano de moda en ese momento. Al final para encontrar la respuesta a la mayoría de las preguntas de la actualidad debemos remitirnos a la filosofía clásica.

Quizás solo haya un tema en el que todos y todas podamos participar abiertamente, sin miedo a equivocarnos y exponer un punto de vista erróneo, y ese tema es el fútbol, para eso cada español llevamos un entrenador de fútbol dentro.

“Sin libertad de pensamiento, la libertad de expresión no sirve de nada” José Luis Sampedro.

Manuel Carmona Curtido

miércoles, 28 de julio de 2021

EL MUNDO ES DE LOS OPINÓLOGOS

             Hace años que me acerqué a la Filosofía en busca de respuestas, el resultado ha sido que cuanto más profundizo más preguntas encuentro, pero cuando miro a mi alrededor todo el mundo parece estar en posesión de la más absoluta de las certezas.



Los debates han desaparecido y cualquiera se ve en el derecho de opinar sobre cualquier tema, desde fútbol (parece que cada persona tiene un seleccionador o entrenador en su interior), inmunobiología, geopolítica, economía, etc., no hay tema, por complejo que sea, que cualquiera no se vea en el derecho de dar su opinión, aunque esta opinión no esté fundamentada en nada, simplemente en sus propias creencias o pensamientos.

Si nos paramos a escuchar las conversaciones que las personas tienen alrededor de un café no dejaría de sorprendernos, el tema se hace más complejo si en vez de café, el líquido catalizador es la cerveza, y si ya se trata de cubatas, las reflexiones que podemos oír pueden ser dignas de ser transcritas para la posteridad.



Otra de las características, es que la misma persona puede dar una opinión y la contraria en una misma conversación, dependiendo de cuál sea el enfoque que haya tomado el tema.

Generalmente, los temas tratados suelen ser enfocados desde una tremenda simpleza, sin conocer los distintos enfoques a los que afecta las afirmaciones vertidas. No se ruborizan al contradecir a un experto en la materia de la que se trate, poco importan los años de estudio, profundas reflexiones y una vida dedicada al tema en cuestión, cualquiera puede verse en el derecho a contradecir con una sentencia ocurrida en ese mismo momento, esta situación se ha visto incrementada con la aparición de las Redes Sociales.

Realmente no estoy hablando de conspiranoicos, sino de la gente “normal” que nos encontramos a diario en cualquier parte. Opinar se ha convertido en un derecho inalienable de nuestra sociedad y del mismo modo se exige que esas opiniones sean tenidas en cuenta al mismo nivel que las de cualquier experto en el tema.

Nuestra sociedad cambiaría si en vez de opinar sin un previo trabajo de estudio y reflexión, todos nos hiciéramos más a menudo la pregunta clave para poder producir cualquier tipo de conocimiento: ¿Por qué?



El uso de la razón es uno de los dones con los que contamos en nuestra especie, hagamos uso de él en vez de llevar la contraria Descartes, que se revolvería en su tumba si viera como muchos “no piensan y aun así existen”.

“No se debe confundir la verdad con la opinión de la mayoría” Jean Cocteau

Manuel Carmona Curtido

jueves, 23 de abril de 2020

COGITO ERGO SUM


“Cogito ergo sum” - “pienso luego soy (existo)”  Con esta frase daba nacimiento el filósofo francés René Descartes al Racionalismo en 1637, desde entonces hasta nuestros días no hemos parado de escuchar que los seres humanos somos “Animales Racionales”, que lo que nos distingue de los animales es la capacidad de razonar (pensar), perder la razón, es sinónimo de locura, cuando exponemos una idea sobre algo nos es importante “tener razón”, en definitiva la capacidad de “razonar” es, no solo lo que nos define como “homo sapiens sapiens” sino que es algo a lo que le damos muchísimo valor en nuestro día.
Sin embargo no siempre usamos la “razón” para la toma de decisiones diarias, en estos días de confinamiento hemos podido observar la cantidad de cosas inservibles que hemos adquirido a lo largo de nuestra vida, pero que sin embargo “necesitábamos” cuando las adquirimos, y es que además de seres racionales somos seres emocionales.
La exaltación de  las emociones es el objetivo de los creadores de opinión, donde podemos incluir a las agencias publicitarias, partidos políticos, y todo tipo de asociaciones y organizaciones interesadas en captar nuestra atención. Las emociones forman parte de nuestro instinto más primario, o si queremos decirlo de otro modo, más animal y por lo tanto podríamos decir que es la antítesis de la razón.
Son muchos los estudios sobre la manipulación de masas que se han llevado a cabo desde diversas ópticas, sin duda relevantes son los ensayos de Ortega y Gasset, “La Rebelión de las Masas”, publicado en 1929 y la “Psicología de las masas” de Sigmund Freud publicado en 1921. Pero sin duda fueron los Nazis en los años treinta quienes, llevando a la práctica los estudios  anteriormente mencionados, ejercieron de manera magistral la manipulación del pueblo alemán sometiéndolo a sus deseos. Fue Joseph Goebbels quien basaría toda su propaganda en 11 principios:
1.- Principio de simplificación y del enemigo único. Adoptar una única idea, un único Símbolo; Individualizar al adversario en un único enemigo.
2.- Principio del método de contagio. Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo; Los adversarios han de constituirse en suma individualizada.
3.- Principio de la transposición. Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. “Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan”.
4.- Principio de la exageración y desfiguración. Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave.
5.- Principio de la vulgarización. “Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar”.
6.- Principio de orquestación. “La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentadas una y otra vez desde diferentes perspectivas pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas”. De aquí viene también la famosa frase: “Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad”.
7.- Principio de renovación. Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que cuando el adversario responda el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.
8.- Principio de la verosimilitud. Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sondas o de informaciones fragmentarias.
9.- Principio de la silenciación. Acallar sobre las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.
10.- Principio de la transfusión. Por regla general la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales; se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas.
11.- Principio de la unanimidad. Llegar a convencer a mucha gente que se piensa “como todo el mundo”, creando impresión de unanimidad.

Actualmente, apoyados en las nuevas tecnologías, estos principios son la piedra angular de la manipulación, y cuya única defensa es utilizar la razón.
Así que les pido que hagan uso de aquello que nos diferencia de los animales y no se dejen manipular.
“Si no quieres repetir el pasado, estúdialo” Baruch Spinoza


lunes, 25 de noviembre de 2013

¿QUE ES EL PROGRESO?

Hoy veremos la idea de progreso que propone C. Lévi Strauss en su escrito Raza e Historia, para ello veremos las distintas concepciones que se tienen del término progreso, estas son tan variadas como autores, aquí intentaremos exponer una muestra significativa de ello.
Comenzaremos viendo el concepto de progreso para Jean Jacques Rousseau, padre de la obra “El Contrato Social” escrito en 1761, dentro de la corriente de la Ilustración y en los albores de la Edad Contemporánea, en él Rousseau explica que una vez aparecida la propiedad privada comienza la desigualdad y que el ser humano ha de dirigir el progreso hacia la vuelta de un “estado natural” para poder tener un futuro dorado.

Adam Smith, padre del liberalismo económico, en su obra “la riqueza de las naciones” encontró en el progreso la herramienta necesaria para llevar a las naciones a la estabilidad económica.

Para Karl Marx el progreso como escribiría en “El Capital” y en el “Manifiesto Comunista” llevaría a la humanidad a la eliminación del capitalismo y la aparición del socialismo.

Estos tres autores entienden el progreso como el avance hacia una mejor situación del ser humano, aunque no entran en detalle de cómo ha “progresado” la humanidad hasta el día de hoy.
Una de las etapas que suelen ponerse de ejemplo para explicar el progreso de las civilizaciones suele ser la revolución Neolítica que se dio a nivel global.
Según Marvin Harris (1984:167) “El progreso del Neolítico abrió tantas posibilidades culturales y ecológicas nuevas que se invirtió esta relación[1]. Por primera vez en la historia del mundo, nuevos sistemas ecológico-naturales se sucedieron rápidamente unos a otros, con más rapidez de la que podían difundirse a regiones potencialmente receptivas”. Para Harris el progreso es una cuestión de fallo y error.

Según Lévi Strauss el progreso no es lineal sino que las distintas etapas se superponen y conviven, hasta que la más útil eclipsa a la menos útil siendo desechada ésta. Esto también es equiparable al plano racial, donde el Homo Sapiens, es más que probable, conviviera con el Neanderthal, sobreviviendo quien obtuvo una mejor adaptación al medio.
Para Lévi Strauss el “progreso” no es ni necesario ni continuo, procede a saltos y en cada variación se obtienen adelantos y retrocesos.
Esto no justifica que el progreso sea homogéneo para todas las culturas, las culturas evolucionarán de una forma similar aquellas que entren en contacto entre sí, ya que colaborarán e imitaran los “progresos” de sus vecinos aportando cambios de su cosecha propia, pero partiendo de la corriente del relativismo cultural esto no quiere decir que unas culturas sean más avanzadas que otras por el desarrollo que hayan obtenido ya que todas progresan para cubrir sus necesidades y esto no justifica que se puede considerar a una cultura por encima de otra.
La supremacía armamentística hizo que los países ibéricos pudieran colonizar el continente americano en busca de recursos para mantener el estatus económico de las metrópolis obteniendo, no sólo nuevos territorios, sino también nuevos vasallos que pagaran los tributos a la corona que permitieran mantener su nivel de vida. Años más tarde, con la implantación de la revolución industrial y el capitalismo, en Inglaterra, se hace necesaria la búsqueda de nuevas fuentes de materia prima y nuevos mercados a los que “suministrar” objetos manufacturados, se utilizan argumentos económicos, raciales y paternalistas para la explotación de los nuevos terrenos colonizados entre otros el exportar el “progreso” a los “salvajes” colonizados.
Pero previo al descubrimiento de América nos encontramos con civilizaciones precolombinas como son los Incas o los Aztecas que son imperios de una complejidad social, político y económica importante, habiendo avanzado por ejemplo en matemáticas mucho más que los europeos, haciendo que, por ejemplo, su calendario fuera mucho más exacto que el nuestro, y que fueron sometidos simplemente porque la capacidad armamentística de los europeos era superior.
De todas formas la idea de progreso no está zanjada. El pasado 5 de septiembre de 2011 expertos en antropología, entre ellos el profesor de Investigación del CSIC Luis Díaz de Viana aseguraban que había que revisar la idea de progreso en el pasado Congreso de la Federación de Asociaciones de Antropología del Estado Español, celebrado en la Universidad de León.
Díaz de Viana propone una “rehumanización” del hombre actual, haciendo especial hincapié en la búsqueda del arraigo y a la identidad, y que el avance tecnológico no puede conllevar que el ser humano se aleje de sus raíces porque puede provocar su deshumanización, ya que la cultura es lo que constituye al ser humano como tal[2].
En una antigua película, Metrópolis, dirigida por Fritz Lang de 1926, se expone como el “progreso” tecnológico termina convirtiendo a todos los seres humanos en parte de una enorme maquinaria al servicio del Capital.

Quizás deberíamos volver a releer a J.J. Rousseau y encaminar el “progreso” hacia el “estado natural” de las cosas.

Bibliografía.
Moreno Feliu, P. 2010: Encrucijadas Antropológicas, Madrid, Editorial Universitaria Ramón Areces.
Rousseau, J.J.: 1761 (1983): El Contrato Social, Madrid. Editorial Sarpe.
Smith, A: 1776 (2006): La Riqueza de las Naciones, Argentina, Editorial El Ortiba.
Marx, K y Engels, F: 1859 (2007): El Capital, Barberá del Vallés, Editorial Edico Comunicación.
Marx, K y Engels, F: 1872 (1999): El Manifiesto Comunista, Barberá del Vallés, Editorial Edico Comunicación.
Harris M, 1971 (1984) Introducción a la Antropología General, Madrid, Editorial Alianza.