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miércoles, 2 de junio de 2021

LA DIFICULTAD DE MILITAR EN “LA IZQUIERDA”.

             Cuando cayó el Muro de Berlín, lo hizo hacia el lado izquierdo del arco ideológico, aplastando al sujeto político que había sido el referente para, lo que se conocía hasta entonces el movimiento obrero, la clase trabajadora.

El fin de la utopía comunista que encarnaba la Unión Soviética hizo que los partidos de izquierdas tuvieran que replantearse su objeto de lucha, ya que, tal como preconizaba Francis Fukuyama, estábamos asistiendo al Fin de la Historia.

Desde ese momento, los “ideólogos” de “la izquierda revolucionaria” trabajaron para encontrar un nuevo sujeto político al que representar, ya que la imagen del obrero industrial de “mono azul” había desparecido del ideario colectivo y rememoraba un tiempo ya pasado y que acaba de terminar de desaparecer con la desaparición del Bloque del Este.

La izquierda en ese momento se dedicó a trocear a la clase trabajadora para convertirla en un conglomerado de “minorías” en busca de representación, dando por supuesto que el sistema capitalista había vencido, y el único objetivo a conseguir era una “dulcificación” del sistema en busca de mejoras para los sectores más oprimidos, poniendo un clavo más en el ataúd de la utopía comunista.

Desde ese momento los militantes de izquierdas pasaron a defender causas que luchaban por las libertades individuales y colectivas de distintos grupos como los colectivos LGTBI o ecologistas, la defensa de los servicios públicos que se organizaron en las diferentes mareas: verde, blanca, etc., la lucha por los derechos laborales, firme defensa del feminismo, la república, etc., en relación a la política internacional pusieron su esfuerzo en defender las causas palestina, saharaui, los movimientos antiimperialistas en Latinoamérica, etc., defensa de los migrantes ante los ataques xenófobos y la petición de vías seguras para llegar a Europa, sin entrar a cuestionar que todos tienen como factor común las manos neoliberales que provocan el conflicto.

Esta situación provoca un conflicto en el militante, ya que debe estar informado de cada una de los colectivos mencionados anteriormente, construirse un argumentario ideológico que defienda cada una de sus posiciones para poder justificar su apoyo, lo que supone un enorme esfuerzo intelectual en una época donde la fugacidad de las noticias impide poder informarse en profundidad.

Es cierto que, no todas las personas que defienden a cada uno de estos colectivos se consideran de “izquierdas” y existen corrientes neoliberales que defienden la libertad individual de las personas implicadas en las distintas “minorías” confrontando con las tesis de izquierdas.

En cada una de las manifestaciones que se producen en defensa de las minorías nombradas anteriormente podemos ver como se repiten las caras de personas que militan activamente en la izquierda, pero también podemos ver como hay personas que únicamente se manifiestan a favor del colectivo que defienden, haciendo flaco favor a la causa colectiva.

Por otro lado, las personas que pertenecen a las clases populares, preocupadas de llegar a final de mes, pagar sus deudas, tomarse alguna cerveza de vez en cuando y poder ir de vacaciones, al menos una vez al año, no se sienten identificados con estos movimientos, simpaticen o no con ellos, por lo que han quedado huérfanos de representación ideológica, haciendo que, en muchos casos, acepten las respuestas simples para problemas complejos, aupando a los movimientos de extrema derecha, tan en auge en Europa actualmente.

“La izquierda” (y no me refiero únicamente a los partidos) debería volver a trabajar para unificar a todos estos colectivos en la esencia de la clase trabajadora, redefinir el término modernizándolo, empezar a pensar a largo plazo y no solo en clave electoral.

“Puesto que la élite empresarial ultrarrica se ha globalizado, también debe hacerlo la clase trabajadora” Owen Jones.

miércoles, 10 de junio de 2020

LA HISTORIA DEBE CONTINUAR.

En el verano de 1989 Francis Fukuyama publicaba en la prestigiosa y muy conservadora revista The National Interest la tesis principal de su obra cumbre ¿El fin de la historia? Donde exponía que ante el colapso del bloque soviético terminaba la confrontación entre dos maneras de entender el mundo, el comunismo soviético y las democracias liberales, siendo estas últimas las vencedoras de la contienda, dando por finalizada la evolución ideológica de la humanidad, donde la única forma de establecer relaciones socio-político-económicas es dentro del marco del capitalismo.

La caída del bloque soviético en la década de los noventa del siglo pasado produjo una profunda crisis en las escuelas de pensamiento marxistas de todo el mundo, dejando el campo libre para que los liberales económicos impusieran sus tesis económicas en todo el mundo. Comenzaba el trabajo de destrucción de todos los derechos duramente conseguidos desde la aparición del movimiento obrero

.

La realidad resultante de la caída del Bloque Soviético ha sido ampliamente estudiada y analizada por parte de distintas corrientes ideológicas, son muchos los ensayos filosóficos, económicos y políticos, que con más o menos acierto, han analizado la situación actual.

Mientras tanto, la población mundial ha asumido la realidad sin oponer resistencia, sin un horizonte al que avanzar, la implantación del capitalismo global (globalización) se ha instaurado como un martillo pilón en todo el planeta.

Existen corrientes alternativas ideológicas al capitalismo, como el propio Fukuyama reconoce en su ensayo, pero no revisten el suficiente atractivo para que puedan convertirse en un catalizador de masas.

Por otro lado el espectro ideológico se ha reducido tanto por el sector de la izquierda que lo que hace cincuenta años estaría enmarcado dentro de un “centro-izquierda” político, hoy son vistos como radicales jacobinos que pretenden acabar con el sistema, y aunque siguen existiendo grupos de resistencia “anticapitalistas” es necesario saber que el objetivo no es, y no puede ser, derribar el capitalismo, sino “superar” al capitalismo, dirigiéndonos a una sociedad “postcapitalista”.

Hace treinta años que la historia, si no ha finalizado, como sugiere Fukuyama, se puede decir que está pausada, es la hora de volverla a “echar a andar”.

Como hemos dicho anteriormente, la realidad ha sido analizada desde mil y un prisma, se han detectado los puntos flacos y fortalezas del sistema, se ha puesto la voz de alarma en las distintas consecuencias ecológicas, económicas y sociales al que nos aboca el sistema capitalista, pero aún no ha surgido una teoría que ilumine un nuevo horizonte donde se establezcan nuevas relaciones humanas. El análisis debe de dar paso a la transformación, de no ser así es un trabajo incompleto.

“La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, para caminar. Eduardo Galeano.

martes, 8 de mayo de 2018

¿MARX HA MUERTO? LAS GANAS.


El pasado día 5 de mayo se cumplían 200 años del nacimiento de Karl Marx. Karl Marx es uno de los pensadores más importantes desde el siglo XIX hasta nuestros días, economista, filósofo y periodista, hizo el análisis del Capitalismo más exhaustivo hasta la fecha.



En 1989, tras la caída del Muro de Berlín y el desmoronamiento del bloque soviético, Francis Fukuyama publicó un artículo en la revista conservadora The National Interest titulado ¿El Fin de la Historia? en el que explica, como con la desaparición de la Unión Soviética finalizaba con el transcurso histórico de la luchas ideológicas, dando por vencedor a las Democracias Liberales en la contienda habiendo llegado así, a lo que denominó “El Fin de la Historia”. 

Fukuyama expone en su artículo que el Liberalismo no tiene oposición en cuanto a atractivo por parte de la ciudadanía mundial, ya que habiendo colapsado el bloque soviético, sólo queda como alternativa la revolución islámica de Irán o sociedades desestructuradas y denominadas como “primitivas”, ambas opciones se consideran poco atractivas para la mayoría de la población de Europa y Asia, por lo que no supone un riesgo para la hegemonía del liberalismo, que se levanta triunfal como el sistema menos malo para la sociedad, “matando” definitivamente el marxismo como alternativa política.

Tanto en su artículo ¿El Fin de la Historia? Como en su desarrollo posterior El fin de la historia y el último hombre, Fukuyama recurre al concepto de “último hombre”, que es la antítesis del “primer hombre” hegeliano, este ha descubierto que no tiene sentido luchar por causa alguna, así como consagrar su existencia a la realización de grandes metas o ideales. En su lugar debe experimentar tan sólo el disfrute de su bienestar material y el goce de sus pequeños placeres personales.
Con lo que no contaba Fukuyama es que la caída de la Unión Soviética no era simil de la caída del marxismo, ya que lo que se creó en la Unión Soviética fue la versión adaptada por Lenin a la realidad rusa, expuesta en su obra ¿Qué hacer?, una realidad alejada del devenir histórico planteado por Marx, ya que Marx preconizaba una fase posterior al Capitalismo en la sociedad Socialista, y Lenin actualiza esta premisa partiendo del Estado feudal que era la Rusia de principios del siglo XX. Los acontecimientos posteriores a la Revolución Rusa: Stalin, la Segunda Guerra Mundial y la posterior Guerra Fría desembocaron en el colapso. No sin antes convertir a un país agrario basado en el latifundio y una producción escasa, en la segunda potencia industrial a nivel mundial, contando entre sus logros haber sido el primer país en enviar a un hombre al espacio, la telefonía móvil, el caucho sintético o el ordenador personal.

La crisis económica de 2008, en la que diez años después aún estamos inmersos, provocó en 2012 un aumento de las ventas del Manifiesto Comunista[1], obra escrita por Marx y Engels en 1848, esta obra supone una “enmienda a la totalidad” al Capitalismo, al que muchas personas se han acogido buscando las fórmulas para encontrar un sistema más justo.
De unos años a hoy ha aumentado la militancia en sectores (partidos, sindicatos, asociaciones) marxistas, así como en organizaciones que sin definirse como claramente marxistas tienen una clara influencia marxista.
En el ámbito académico han aumentado los profesores, catedráticos o filósofos que han revitalizado y adaptado a la actualidad las teorías marxistas con gran éxito; Slavoj Zizek[2] por ejemplo, consiguió que cientos de personas acudieran al Círculo de Bellas Artes de Madrid para una de sus conferencias en junio de 2017.
El artículo de Fukuyama sirvió como justificación filosófica para todos los desmanes socioeconómicos que nos han traído hasta aquí, la crisis económica es el ejemplo de que el Capitalismo ha fracasado.
¿Marx ha muerto? Las ganas.
Salud.


[1] https://www.cronista.com/internacionales/Por-la-crisis-el-Manifiesto-Comunista-es-un-exito-de-ventas-en-Europa-20120606-0123.html
[2] https://elpais.com/cultura/2017/06/28/actualidad/1498676303_352550.html

miércoles, 1 de noviembre de 2017

PROLETARIOS DE TODOS LOS PAÍSES, UNÍOS.

“Proletarios de todos los países, uníos”. Con esta sentencia culmina K. Marx el Manifiesto Comunista, publicado en Febrero de 1848. En él, Marx sienta las bases de lo que sería el axioma de la izquierda, y más concretamente del comunismo.



Con esta frase Marx pone de manifiesto lo que ha sido y es, el motor de la historia, la lucha de clases, que está polarizada en dos frentes: burguesía Vs proletariado, o lo que es lo mismo; los propietarios de los medios de producción frente a los que tienen que vender su fuerza de trabajo a cambio de un salario.
En todo este argumentario se excluyen: fronteras, banderas nacionales, etc., ya que es un problema de clase (social) no de naciones. Los problemas de un albañil de Cádiz son los mismos que un albañil de Burdeos pasando por Barcelona.
La izquierda pone la clase social por encima de cualquier otra característica identitaria. Incluido el nacionalismo, cualquier nacionalismo.
El nacionalismo surge en el s. XIX como consecuencia  de los últimos estertores de los grandes imperios que terminarían por desmoronarse tras la I Guerra Mundial, que dará lugar a una división mundial similar a la actual.
El “nacionalismo” es un movimiento creado y gestionado por la burguesía en su afán por escalar a la posición social que, en aquel entonces, ocupaba exclusivamente la nobleza y el alto clero (estado previo a la lucha de clases descrita por Marx).
Una vez analizado, muy someramente, “nacionalismo” y “lucha de clases” podemos llegar a afirmar que la izquierda es siempre “internacionalista”.
Por eso la situación en Cataluña sólo la podemos enmarcar dentro del espectro de la derecha política. A pesar de que dentro de los partidos que han provocado el problema secesionista se encuentren partidos que se definen a sí mismos como “partidos de izquierdas”. Valga como ejemplo la CUP.



Dentro de su programa de secesión de España y la proclamación de una “República Catalana” han primado la imposición de unas fronteras a la superación del sistema capitalista y las mejoras de las condiciones de vida de la clase trabajadora. Han sido subyugados por el modelo de Estado de la burguesía catalana, representada en este caso por el PdeCat (antigua CiU). Me atrevería a hacer la siguiente pregunta a los dirigentes y militantes de la CUP: ¿en que cambian los procesos de producción en la nueva “República Catalana”? ¿la imposición de una nueva frontera en Europa mejora las condiciones de vida de los catalanes y catalanas? ¿cómo mejora la calidad del servicio público en Cataluña? A Cataluña no le roba España, a los españoles, a todos los que vivimos dentro de las fronteras de lo que hoy se llama España, nos roban los Rato, Bárcenas, Correas, Pujol, etc. y sus banderas no son la estelada o la rojigualda, son las banderas de los casos, Gürtel, 3%, ITV, ERE´s, etc. con sede nacional en un banco suizo o andorrano.
Podemos concluir que la izquierda no puede avalar un proceso secesionista que pretende imponer nuevas fronteras, implantar un sistema económico continuista del que pretende segregarse, justificando u ocultando todos los casos de corrupción en que se encuentra envuelto el socio de gobierno que representa a la derecha (3%, ITV…).
Por todos estos motivos, estoy en contra de la proliferación de las fronteras, terminando este artículo tal y como lo empecé:
“Proletarios de todo los países, uníos”.

Salud.

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                                                      "EL GATOPARDO" O CÓMO LA HISTORIA SE REPITE

martes, 18 de octubre de 2016

REFORMA O REVOLUCIÓN



Reforma o revolución, esta es la eterna duda de la izquierda, llevar a cabo las reformas necesarias al sistema capitalista para que se convierta en un sistema socioeconómico amable que no maltrate a las clases populares, a los trabajadores, a los autónomos y a los pequeños empresarios, para poco a poco ir superando al propio sistema capitalista hacia un sistema más amable y menos agresivo para con la mayoría, esta es la opción que tomo la socialdemocracia europea, que poco a poco fue abandonando su fin último para convertirse en la cara amable del capitalismo, sin ningún interés por superar al sistema capitalista. 

La opción “reformista” supone una opción amable, no traumática socialmente, que pretende una mejora en las clases más castigadas económicamente, sin que suponga un grave problema para el sistema capitalista.

La otra opción es la revolución, una revolución profundamente democrática que devuelva el poder al pueblo, con esto, no me refiero a un cambio en la ley electoral, sino a una verdadera revolución donde los distintos gobiernos no puedan legislar en contra del pueblo al que gobierna. 

La opción “revolucionaria” es altamente traumática para la sociedad, ya que el propio sistema tiene mecanismos más que suficientes para defenderse para que nada cambie, utiliza los medios comunicación masivos, para poder dirigir la intención de la mayoría, si eso no funciona, tiene los medios para generar crisis de suministros haciendo aparecer como culpable al gobierno resultante, y sobre todo generar crisis de liquidez a los países que optan generar políticas que confronten con los intereses del gran capital, por eso los países pequeños, con poco peso económico, no tienen fuerza suficiente para poder vencer el pulso al gran capital, como vemos en los ejemplos de Grecia en Europa u Honduras en Latinoamérica. 

España aporta el 20% del PIB de la Unión Europea, junto a países como Grecia, o Portugal, podrían hacer la presión suficiente para hacer torcer el  brazo del FMI y el Banco Central Europeo.

Bajo mi punto de vista, el Capitalismo no tiene opción de reforma, ya que durante toda la época postfordista, el sistema lo único que ha hecho es endurecer las condiciones de los trabajadores, generando bolsas enormes de pobreza.

La revolución es la única opción posible para la mejora de las clases más oprimidas de la sociedad, cambios revolucionarios en la gestión del país.

Pero entonces ¿Por qué las fuerzas políticas que proponen esos cambios revolucionarios no son las más votadas?

Recuerdo una visita a Madrid de unos hinchas holandeses, que se dedicaron a humillar a unas indigentes tirándoles dinero y haciendo que se rebajaran moralmente para conseguir unas monedas, la situación terminó cuando la policía acabó por expulsar de la plaza a las indigentes, sin hacer nada por llamar la atención de los degenerados holandeses. Cuando una cadena de televisión entrevistó a las indigentes estas declararon que nunca habían ganado tanto dinero, y que ojalá los holandeses vinieran cada fin de semana.


Estas declaraciones me hicieron pensar y trasladarlo a la generalidad de la población, y es que según un estudio los parados y los jubilados son los grupos sociales mayoritarios como votantes del PP y del PSOE, los dos partidos que más han maltratado las condiciones de estos colectivos. 

Al igual que las mujeres maltratadas por los hinchas holandeses, estos colectivos tienen una prioridad, y es satisfacer sus necesidades personales o familiares, y los partidos sistémicos les garantizan al menos la subsistencia, aunque sea a costa de ser humillados, maltratados, degradados moralmente… Estos colectivos tienen miedo a un cambio que les lleve a peor, y para eso el sistema utiliza el miedo de que cualquier opción que no sea la suya, empeorará su modo de vida y estos prefieren continuar así a perderlo todo.

Por eso es importante llevar a cabo cambios revolucionarios, que den resultados rápidos que mejoren la vida de la gente, que ésta pierda el miedo al cambio y que tenga una mejora en su calidad de vida. Que la política y no la economía sea la que domine el gobierno de la nación.

El capitalismo no es reformable, y sólo aumentará la opresión de las clases populares de la sociedad, por ello, sólo queda destruirlo para conseguir una sociedad mejor.

sábado, 7 de noviembre de 2015

LA VIEJA IDEA DE IZQUIERDA UNIDA.




“Durante una parte de la jornada, el obrero únicamente produce el valor diario de su fuerza de trabajo, esto es, el valor de las subsistencias que necesita para su sostenimiento. Denominamos tiempo de trabajo necesario a la parte de la jornada en que se verifica la producción de aquel valor durante este tiempo, y trabajo necesario al trabajo que se gasta en este tiempo.
            La parte de jornada de trabajo que traspasa los límites del trabajo necesario no constituye valor alguno para el obrero y forma la plusvalía para el capitalista; es el “tiempo extra” y el trabajo gastado en ella el “sobretrabajo”” (pag. 158-159, Antología de El Capital de Karl Marx. Ed. Edicomunicación S.A. 1999)

Hace pocos días pudimos ver en varios diarios españoles una noticia con el siguiente titular “La nueva idea de IU, que ningún español gane más de 6500 € al mes”

 
 
El titular es altamente tendencioso, donde soterradamente, para algunos y descaradamente para otros, viene a decir que Izquierda Unida lo que pretende es empobrecer a la población, limitando sus posibilidades de alcanzar el éxito económico.

Nada más lejos de la realidad, como vemos en el texto extraído de la Antología de El Capital, esta no es una “nueva idea” sino que es una vieja idea de los partidos de izquierdas, la eliminación del enriquecimiento de la burguesía capitalista a través del robo de la plusvalía generada por la clase trabajadora.

Supongamos que una empresa como Coca-Cola no tuviera a los obreros que en sus fábricas embotellan el producto, el resultado sería que no habría Coca-Cola en los supermercados ni en los bares y por lo tanto esta empresa iría a la quiebra, y este ejemplo es trasladable a toda la cadena de empleados que trabajan en esta empresa, por lo tanto podríamos deducir que todas las piezas del engranaje son necesarias para que una empresa funcione, entonces ¿por qué debe de haber una diferencia tan grande entre lo que cobra el empleado de la fábrica de embotellado (por ejemplo) y un alto directivo de la empresa?. La respuesta ya está escrita:

“La fuerza de trabajo es comprada por el capitalista como una mercancía cualquiera. Es necesario que el propietario de esta fuerza de trabajo no tenga otra cosa que vender en el mercado más que su fuerza de trabajo; es necesario, por tanto, que esté libre del todo, completamente desprovisto de las cosas necesarias para la realización de la fuerza de trabajo.
De este modo, como cualquier otra mercancía, la fuerza del trabajo del hombre tiene un valor, determinada por el “tiempo de trabajo necesario para su producción”. Como resulta que el tiempo necesario de trabajo para la producción de mercancía, “fuerza de trabajo”, corresponde a los medios de subsistencia del trabajador (variables según la época, las costumbres, los países, etc., y que no puede reducirse al simple mínimo de las necesidades fisiológicas) y corresponde a los medios necesarios para la reproducción somera de los hijos de los trabajadores. Pues bien, a partir de un determinado nivel de la productividad del trabajo humano, la fuerza del trabajo comprada por el capitalista y utilizada por él, produce más valor que el que hace falta para cubrir los gastos de subsistencia y de reproducción del trabajador” (pag. 156-157, Antología de El Capital de Karl Marx. Ed. Edicomunicación S.A. 1999).

Lo que quiere decir que los altos directivos de las grandes empresas se adueñan del valor del “sobretrabajo” de sus empleados en los escalafones más bajos.

La propuesta de Izquierda Unida no viene más que a corregir esta desigualdad, que nadie pueda cobrar diez veces más de lo que cobra ningún empleado de su empresa, y ya que, la avaricia capitalista no tiene medida, para que la jerarquía empresarial siga cobrando sueldos descomunales deberán aumentar el sueldo de sus trabajadores en las escalas inferiores, esto generaría un incremento del patrimonio de las clases trabajadoras que son los verdaderos dinamizadores de la riqueza, aumentando el consumo en la pequeña y mediana empresa y aumentando la calidad de vida de los sectores que la crisis ha golpeado con más fuerza, produciéndose un reparto más equitativo de la plusvalía generada por los trabajadores.

Triste es que trabajadores que han leído las noticias anteriormente reseñadas hayan visto esta medida como un freno a su propio desarrollo económico cuando es el propio sistema capitalista el que lo coarta.

 
Típico de una sociedad alienada y de la influencia que en ella ejercen los medios de comunicación, como expongo en el post anterior:
http://mcarmonacurtido.blogspot.com.es/2015/11/mentira-de-democracia.html