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miércoles, 28 de septiembre de 2022

BELLA CIAO

 

Las pasadas elecciones italianas han resuelto que un nuevo Estado europeo sea gobernado por el neofascismo, Italia se une a Hungría y Polonia y parece que pronto Suecia correrá la misma suerte.

El lema “Dios, patria y familia tradicional” (su concepto de Dios, patria y familia) parece estar imponiéndose en toda Europa, donde a través de procesos democráticos estos partidos están imponiéndose, y por eso mismo son gobiernos legítimos, porque es lo que sus ciudadanos han votado.

Los partidos de izquierdas, enredados en sus luchas de egos, cuotas de poder y construcciones de identidades minoritarias, asisten atónitos al empuje de la extrema derecha en todo el continente, un empuje que no parará ante cánticos como el “Bella Ciao”, o consignas como “No pasarán”, ni discutiendo si hay que decir “todos”, “todas” o “todes”.

La derechización del marco ideológico europeo es evidente, no quedando ya ningún partido relevante con propuestas revolucionarias que confronten el Status Quo actual. Cualquier partido europeo de izquierdas sería catalogado de centro derecha reformista a principios de siglo XX.

Urge, resignificar el concepto “clase trabajadora”, realizar propuestas radicales que mejoren el modo de vida de trabajadores y trabajadoras, que reclamen nuevos derechos, que se exijan: mejoras salariales, medios para la conciliación familiar, nacionalización de energéticas, una verdadera política fiscal progresiva, un Estado laico que acabe de una vez con el concordato con el Estado del Vaticano, que se consolide el derecho constitucional a una vivienda digna, que se paralicen todos los procesos de privatización de los servicios públicos y por supuesto un referéndum para poder elegir si queremos mantener una monarquía parasitaria o elegir a nuestro Jefe del Estado.

Estas reivindicaciones, no deben ser negociadas, sino exigidas. Los derechos no se negocian.

¿Negoció el partido popular el rescate a la banca? ¿nos han preguntado si queremos seguir manteniendo a la iglesia? ¿nos han preguntado si queremos seguir siendo súbditos?

Mientras los partidos de izquierdas sigan asumiendo los paradigmas capitalistas, mientras sigan siendo cómplices del desmantelamiento del Estado de Derecho, mientras no tomen la iniciativa con propuestas revolucionarias, el fascismo seguirá creciendo, de nuevo, en Europa, una regresión en derechos y libertades que ya se han visto materializadas en los países donde llevan gobernando más tiempo.

La “lucha de clases” es el motor de la historia y una de las “clases” en conflicto ni siquiera sabe que se está dando esta lucha. La clase privilegiada es consciente de ello y está poniendo todos sus recursos en ganarla. Los privilegiados se reconocen entre ellos como miembros del mismo estatus, mientras los trabajadores se enfrentan entre ellos por recoger las migajas que les proporciona el sistema, sin ser conscientes que sin su trabajo el Sistema se viene abajo.

“La gastada política de centro ha demostrado ser incapaz de afrontar las necesidades y aspiraciones de la gente de clase trabajadora” Owen Jones.

jueves, 24 de febrero de 2022

COMO A UN CONEJO CUANDO LE DAN LAS LARGAS.

 Tras cada cita electoral la izquierda se pregunta dónde están los votos.

Después de las últimas citas electorales donde la derecha y la ultraderecha parecen estar subiendo como la espuma en representación pública, los partidos de izquierda parecen desorientados preguntándose donde están los votos y por qué la ciudadanía elige representantes que, a todas luces, actúan en contra de sus intereses. El Partido Popular ha hecho todo lo que estaba en su mano por evitar que las ayudas para la recuperación tras la pandemia llegaran a España, del mismo modo allá donde gobierna ha puesto en práctica unas políticas de desmantelamiento de los servicios públicos para favorecer a las entidades privadas, especialmente en los sectores de sanidad y educación, por otro lado Vox tiene como hoja de ruta el desmantelamiento del estado de las autonomías, el retroceso en las leyes de igualdad y la visión monocromática de la historia de España y un claro lenguaje xenófobo y belicista. A pesar de ello han crecido en las últimas citas electorales.

Ante esta situación los partidos de izquierda deben hacer una profunda reflexión para averiguar el porqué, a pesar de recuperar derechos de que los trabajadores habían perdido con la reforma laboral que implantó el PP, una gestión de la crisis pandémica que ha permitido estabilizar el empleo en situaciones tan duras o aumentar por segundo año consecutivo el Salario Mínimo Interprofesional, la sangría de votos a favor de las fuerzas de la derecha.

Los partidos de derecha han votado históricamente en contra de todos los avances sociales; el divorcio, el aborto, la subida del SMI, la reforma laboral…

Partiendo de la premisa que el país está compuesto mayoritariamente por personas que pertenecen a la Clase Trabajadora la pregunta que deberían plantearse es ¿por qué votan estas personas a favor de partidos que están en contra de sus intereses?

Citando a G. Lakoff “la gente no vota necesariamente por sus intereses. Votan por su identidad”. La Clase Trabajadora ha dejado de identificarse como tal, y ha dejado de ser un sujeto político, de esto ha tenido culpa los partidos de izquierda que han disgregado la identidad colectiva en grupos marginales donde unos no se identifican con los otros, los colectivos LGTBI, feministas, minorías étnicas y muchos más, olvidan que tienen más en común que lo que los separa y todos estos colectivos tienen sus referentes tanto a la izquierda como a la derecha del arco político. Pero que la mayoría social no se identifique como clase no las exime del dominio de las clases dirigentes.

La batalla cultural, que está ganando la derecha a todas luces, debe hacer replantearse a la izquierda a volver a resignificar el concepto de proletariado, que no es otro que “toda persona que vende su fuerza de trabajo a cambio de un salario”. A través de los Think Tanks debe construirse una imagen con la que la gente se identifique y no lo relacione con un sucio obrero a las puertas de una fábrica en plena revolución industrial (este proletariado hoy no existe, o  al menos no es mayoritario).


La izquierda debe volver a aglutinar a todos los movimientos alrededor del concepto “Clase Trabajadora”

El éxito de la derecha se fundamenta en haber logrado que las clases trabajadoras se identifiquen con las élites gobernantes y vean como un competidor a las personas que se encuentran en su mismo peldaño social. Esta es la lucha final.

“Por supuesto que hay lucha de clases, pero es mi clase, la clase rica la que está haciendo la guerra y la estamos ganando” Warren Buffet.

miércoles, 2 de junio de 2021

LA DIFICULTAD DE MILITAR EN “LA IZQUIERDA”.

             Cuando cayó el Muro de Berlín, lo hizo hacia el lado izquierdo del arco ideológico, aplastando al sujeto político que había sido el referente para, lo que se conocía hasta entonces el movimiento obrero, la clase trabajadora.

El fin de la utopía comunista que encarnaba la Unión Soviética hizo que los partidos de izquierdas tuvieran que replantearse su objeto de lucha, ya que, tal como preconizaba Francis Fukuyama, estábamos asistiendo al Fin de la Historia.

Desde ese momento, los “ideólogos” de “la izquierda revolucionaria” trabajaron para encontrar un nuevo sujeto político al que representar, ya que la imagen del obrero industrial de “mono azul” había desparecido del ideario colectivo y rememoraba un tiempo ya pasado y que acaba de terminar de desaparecer con la desaparición del Bloque del Este.

La izquierda en ese momento se dedicó a trocear a la clase trabajadora para convertirla en un conglomerado de “minorías” en busca de representación, dando por supuesto que el sistema capitalista había vencido, y el único objetivo a conseguir era una “dulcificación” del sistema en busca de mejoras para los sectores más oprimidos, poniendo un clavo más en el ataúd de la utopía comunista.

Desde ese momento los militantes de izquierdas pasaron a defender causas que luchaban por las libertades individuales y colectivas de distintos grupos como los colectivos LGTBI o ecologistas, la defensa de los servicios públicos que se organizaron en las diferentes mareas: verde, blanca, etc., la lucha por los derechos laborales, firme defensa del feminismo, la república, etc., en relación a la política internacional pusieron su esfuerzo en defender las causas palestina, saharaui, los movimientos antiimperialistas en Latinoamérica, etc., defensa de los migrantes ante los ataques xenófobos y la petición de vías seguras para llegar a Europa, sin entrar a cuestionar que todos tienen como factor común las manos neoliberales que provocan el conflicto.

Esta situación provoca un conflicto en el militante, ya que debe estar informado de cada una de los colectivos mencionados anteriormente, construirse un argumentario ideológico que defienda cada una de sus posiciones para poder justificar su apoyo, lo que supone un enorme esfuerzo intelectual en una época donde la fugacidad de las noticias impide poder informarse en profundidad.

Es cierto que, no todas las personas que defienden a cada uno de estos colectivos se consideran de “izquierdas” y existen corrientes neoliberales que defienden la libertad individual de las personas implicadas en las distintas “minorías” confrontando con las tesis de izquierdas.

En cada una de las manifestaciones que se producen en defensa de las minorías nombradas anteriormente podemos ver como se repiten las caras de personas que militan activamente en la izquierda, pero también podemos ver como hay personas que únicamente se manifiestan a favor del colectivo que defienden, haciendo flaco favor a la causa colectiva.

Por otro lado, las personas que pertenecen a las clases populares, preocupadas de llegar a final de mes, pagar sus deudas, tomarse alguna cerveza de vez en cuando y poder ir de vacaciones, al menos una vez al año, no se sienten identificados con estos movimientos, simpaticen o no con ellos, por lo que han quedado huérfanos de representación ideológica, haciendo que, en muchos casos, acepten las respuestas simples para problemas complejos, aupando a los movimientos de extrema derecha, tan en auge en Europa actualmente.

“La izquierda” (y no me refiero únicamente a los partidos) debería volver a trabajar para unificar a todos estos colectivos en la esencia de la clase trabajadora, redefinir el término modernizándolo, empezar a pensar a largo plazo y no solo en clave electoral.

“Puesto que la élite empresarial ultrarrica se ha globalizado, también debe hacerlo la clase trabajadora” Owen Jones.

jueves, 6 de mayo de 2021

EJERCICIO DE AUTOCRÍTICA.

             Dicen que el mejor momento para plantar un árbol fue hace veinte años y que el segundo mejor momento para hacerlo es hoy, igualmente ocurre con el momento de hacer autocrítica, el mejor momento para hacerlo fue hace tiempo, y el segundo mejor momento para hacerlo es hoy, y hoy la izquierda debe hacer un profundo ejercicio de autocrítica.

Los resultados de las elecciones autonómicas de Madrid son incontestables y la derecha ha ganado siguiendo una hoja de ruta netamente neoliberal.


A pesar de vivir en un Estado autonómico y por lo tanto descentralizado, el centralismo sociológico que impregna toda la piel de toro hace que las elecciones madrileñas sirvan para vislumbrar un “hipotético” paisaje nacional. La derecha ha ganado en, prácticamente, la totalidad de las localidades y barrios (incluidos aquellos identificados indiscutiblemente con la izquierda), es por eso que la izquierda (y cuando digo “izquierda” no me refiero a ningún partido en concreto, sino a todo el espectro de la izquierda ideológica desde políticos, intelectuales, militantes, etc.) debe llevar a cabo un análisis de como se ha ido construyendo sus estructuras y su forma de comunicarse con aquellos a los que aspira representar.

Desde los años noventa la disolución del concepto “clase trabajadora” se ha ido difuminando por la nueva estructura laboral, donde la digitalización de los puestos de trabajo ha desterrado la imagen del obrero de mono azul industrial. La descentralización de las grandes industrias ha cambiado la imagen del obrero, y el nuevo trabajador ha cambiado el concepto de “clase trabajadora” por el de “clase media”. Por otro lado, la izquierda ha dirigido su discurso hacia las minorías: migrantes, jóvenes, colectivo LGTBI, feminismo, desempleados, jubilados, etc., disolviendo la conciencia de clase que unifica todos estos movimientos y creando espacios separados unos de otros. Es fundamental, para la revitalización de los movimientos de izquierdas, volver a fusionar, con la argamasa que supone la conciencia de clase, todas estas identidades que hoy se encuentran separadas. Es imprescindible hacerlo ya que cuando la población vota, no vota pensando en sus intereses, sino que vota pensando en lo que se identifica. aunque parezca una incongruencia.

En estos tiempos se ha producido el ascenso de un liderazgo carismático que centra en la imagen de un líder o lideresa toda la carga política que se pretende proyectar, el principal problema de este tipo de liderazgo es que cuando esta persona deja de estar al frente del movimiento, la construcción de una nueva imagen es costosa y difícil de consolidar a corto plazo, es por eso que las ideas deben estar, siempre, por encima de las personas y los liderazgos deben ser colectivos, un movimiento donde nadie sea imprescindible y todos/as sean necesarios/as.

Se hace necesario fomentar el debate de un nuevo modelo de Estado, donde se impliquen todos los agentes sociales, económicos y políticos, con la necesidad de alcanzar el consenso, ya que ningún sistema es sostenible si sólo es apoyado por una parte minoritaria de la sociedad.

Es imprescindible borrar de una vez por todas el paternalismo con el que los líderes de la izquierda se dirigen a los votantes, exponiendo que es lo mejor para ellos y olvidando que son personas adultas que toman sus propias decisiones.

Esta situación requiere un estudio sosegado y llevar a cabo un planteamiento a largo plazo, pero espero que lo escrito anteriormente sirva para poner el foco de la crítica donde, en mi opinión, debe estar.

“La verdad, para ser aceptada, tiene que encajar en los marcos de la gente” George Lakoff

 

 

miércoles, 2 de octubre de 2019

QUE NO TE HAGAN UN GRIEGO.


Engels el 1 de septiembre de 1854 escribía lo siguiente “el circulo vicioso en que están condenados  a moverse los abortos de gobierno revolucionario. Reconocen las deudas contraídas por sus predecesores contrarrevolucionarios como obligaciones nacionales y para poder pagarlas  tienen que seguir aplicando los viejos impuestos y contraer nuevas deudas. Mas para poder hacerlo, tienen que garantizar el “orden”, es decir, adoptar a su ver medidas contrarrevolucionarias. De este modo, el nuevo gobierno popular se convierte instantáneamente en lacayo de los grandes capitalistas y en opresor del pueblo”.
El 25 de enero de 2015 SYRIZA ganaba las elecciones generales en Grecia. La victoria del partido de Tsipras dejaba por primera vez fuera del gobierno heleno a los partidos tradicionales en cuarenta años de democracia.
LOGO DE SYRIZA
La victoria de SYRIZA fue un halo de esperanza  para la totalidad de la izquierda europea y por extensión de la clase trabajadora, que luchaba contra las políticas “austericidas” de la Troika compuesta por: el Banco Central Europeo, la Comisión Europea y el Fondo Monetario Internacional.
Parecía que existía un movimiento político de resistencia ante las políticas liberales propuestas desde Bruselas.
El gobierno griego llevó a cabo un referéndum el 5 de julio de 2015  donde preguntaba si el gobierno debía asumir el rescate propuesto por Bruselas y dejar ser intervenidos por el Banco Central Europeo. La respuesta del pueblo griego fue contundente y con una mayoría aplastante votó NO. El pueblo era consciente de que plegarse a las exigencias de la troika era dejar en la cuneta a la mayor parte de la población y renunciar a su propia autonomía como país.
EL REFERENDUM GRIEGO FUE PORTADA EN TODOS LOS PERIODICOS EUROPEOS
Pero lo que parecía el inicio de una revolución quedó en poco tiempo sofocada por las fuerzas económicas liberales de las U.E.
Diez días después de la victoria del NO, Tsipras firmaba un bochornoso acuerdo con la Unión Europea donde permitía un duro rescate con unas duras condiciones.
A PESAR DEL RESULTADO DEL REFERENDUM TSIPRAS SE PLEGÓ A LA TROIKA
La primera “víctima” del chantaje al que la Unión Europea sometió al recién electo gobierno griego fue la dimisión del ministro de finanzas Yanis Varoufakis que llegó a decir “antes me cortaría un brazo que firmar ese acuerdo”.
Finalmente, el gobierno griego asumía la deuda contraída por los gobiernos anteriores y se ponía en manos de la Unión Europea que le haría pagar caro el atrevimiento de haberse enfrentado a ella.
El pueblo no tardó en manifestarse en contra de las medidas asumidas por el gobierno, y estas manifestaciones fueron duramente reprimidas, como resultado el partido conservador ganó las elecciones en 2019, a pesar de ser los responsables de haber metido a Grecia en semejante atolladero. El sueño revolucionario se disipó y volvemos a la casilla de salida, cerrando el círculo vicioso descrito por Engels.
Vivimos tiempos oscuros donde ni los revolucionarios creen en la revolución.
“No basta con cambiar el sistema político, es necesario cambiar la política del sistema” Manuel Azaña.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

PROLETARIOS DE TODOS LOS PAÍSES, UNÍOS.

“Proletarios de todos los países, uníos”. Con esta sentencia culmina K. Marx el Manifiesto Comunista, publicado en Febrero de 1848. En él, Marx sienta las bases de lo que sería el axioma de la izquierda, y más concretamente del comunismo.



Con esta frase Marx pone de manifiesto lo que ha sido y es, el motor de la historia, la lucha de clases, que está polarizada en dos frentes: burguesía Vs proletariado, o lo que es lo mismo; los propietarios de los medios de producción frente a los que tienen que vender su fuerza de trabajo a cambio de un salario.
En todo este argumentario se excluyen: fronteras, banderas nacionales, etc., ya que es un problema de clase (social) no de naciones. Los problemas de un albañil de Cádiz son los mismos que un albañil de Burdeos pasando por Barcelona.
La izquierda pone la clase social por encima de cualquier otra característica identitaria. Incluido el nacionalismo, cualquier nacionalismo.
El nacionalismo surge en el s. XIX como consecuencia  de los últimos estertores de los grandes imperios que terminarían por desmoronarse tras la I Guerra Mundial, que dará lugar a una división mundial similar a la actual.
El “nacionalismo” es un movimiento creado y gestionado por la burguesía en su afán por escalar a la posición social que, en aquel entonces, ocupaba exclusivamente la nobleza y el alto clero (estado previo a la lucha de clases descrita por Marx).
Una vez analizado, muy someramente, “nacionalismo” y “lucha de clases” podemos llegar a afirmar que la izquierda es siempre “internacionalista”.
Por eso la situación en Cataluña sólo la podemos enmarcar dentro del espectro de la derecha política. A pesar de que dentro de los partidos que han provocado el problema secesionista se encuentren partidos que se definen a sí mismos como “partidos de izquierdas”. Valga como ejemplo la CUP.



Dentro de su programa de secesión de España y la proclamación de una “República Catalana” han primado la imposición de unas fronteras a la superación del sistema capitalista y las mejoras de las condiciones de vida de la clase trabajadora. Han sido subyugados por el modelo de Estado de la burguesía catalana, representada en este caso por el PdeCat (antigua CiU). Me atrevería a hacer la siguiente pregunta a los dirigentes y militantes de la CUP: ¿en que cambian los procesos de producción en la nueva “República Catalana”? ¿la imposición de una nueva frontera en Europa mejora las condiciones de vida de los catalanes y catalanas? ¿cómo mejora la calidad del servicio público en Cataluña? A Cataluña no le roba España, a los españoles, a todos los que vivimos dentro de las fronteras de lo que hoy se llama España, nos roban los Rato, Bárcenas, Correas, Pujol, etc. y sus banderas no son la estelada o la rojigualda, son las banderas de los casos, Gürtel, 3%, ITV, ERE´s, etc. con sede nacional en un banco suizo o andorrano.
Podemos concluir que la izquierda no puede avalar un proceso secesionista que pretende imponer nuevas fronteras, implantar un sistema económico continuista del que pretende segregarse, justificando u ocultando todos los casos de corrupción en que se encuentra envuelto el socio de gobierno que representa a la derecha (3%, ITV…).
Por todos estos motivos, estoy en contra de la proliferación de las fronteras, terminando este artículo tal y como lo empecé:
“Proletarios de todo los países, uníos”.

Salud.

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