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lunes, 2 de diciembre de 2024

TOMA DE CONCIENCIA

             Durante los siglos XV y XVI el sistema económico que dominó en la Edad Media da paso a un nuevo sistema que abarcaría toda la Edad Moderna, el sistema feudal daba paso al Capitalismo Mercantil.


La aparición de este nuevo sistema económico genera una nueva clase social, la burguesía, que tiene su origen en los artesanos y comerciantes de la etapa anterior.

A pesar de su enriquecimiento económico, la burguesía seguía perteneciendo al mismo estamento que la plebe por lo que estaba obligada a pagar impuestos, estaba excluida de las decisiones políticas y por lo tanto no participaba de los círculos de poder.

La única forma de ascender socialmente para la burguesía era a través del matrimonio con la nobleza, y así, emparentando  a sus hijos e hijas con las familias nobles, conseguían unir el poder económico con el poder político, además de aprovechar las ventajas económicas que le generaba formar  parte del estamento de los privilegiados.

A medida que pasaban los siglos, la burguesía iba tomando conciencia del poder de su clase social y comenzaba a percibir a la nobleza como un grupo de zánganos que no generaban nada y que se valían de su título nobiliario, adquirido por nacimiento, para vivir del trabajo ajeno.


El cambio de modelo generado por la Revolución Industrial afianza el posicionamiento de la burguesía, que comienza a tomar conciencia de clase dando lugar en el siglo XIX a las Revoluciones Liberales, a través de las cuales se implanta un nuevo sistema socieconómico en el que la burguesía sustituye a la nobleza como clase privilegiada, dando paso a la Edad Contemporánea.

Hoy en pleno siglo XXI, la burguesía continúa ostentando el poder que adquirió siglos atrás, mientras que la nueva clase social que emanó de la Revolución Industrial, la clase trabajadora, sueña con que algún día pueda formar parte de la élite, bien a través del matrimonio de sus hijos, bien a través de algún golpe de fortuna.

Si tomamos  el paralelismo con la evolución de la burguesía como clase social y la evolución de la clase trabajadora, aún quedan siglos para llegar a tomar conciencia de su poder como clase social. Todo depende del momento en que la clase trabajadora tome conciencia de sí misma, se sienta orgullosa de lo que es y de su poder, para poder dar un nuevo salto en el progreso histórico.

“El motor de la historia es la lucha de clases” Karl Marx.

martes, 6 de febrero de 2024

PRIVADOS DE UNVERSIDAD

 

Mientras se llenan horas y horas de programas donde se debate abiertamente sobre la amnistía, el posicionamiento de los jueces, etc., el principal medio para el ascensor social, como era la formación, está siendo copada por el sector privado dando cabida a quien pueda pagarla, volviendo a poner en desventaja a aquellos que, por su valía, se ven compitiendo con los que con menos talento acceden a la universidad gracias a la cartera de sus papás.

En los últimos 25 años se han abierto 27 campus privados y ninguno público, y el Ministerio de Universidades tiene sobre la mesa siete nuevas peticiones para abrir nuevas universidades privadas más otros tres proyectos que se están barajando para distintas comunidades autónomas.

Cuando la educación es un negocio, el producto lo obtiene quien lo paga, ejemplos más sonoros serían el del antiguo líder popular Pablo Casado, que en un año, y sin aparecer por clases, aprobó todas las asignaturas de la carrera que llevaba suspendiendo durante los cuatro años anteriores, otro caso relevante sería el del sobrino del Rey, Felipe Juan Froilán de Todos los Santos, que tras suspender repetidamente segundo de la ESO, consiguió la proeza de, en dos años, terminar la ESO, el Bachiller y una carrera universitaria en Estados Unidos. Mientras tanto, los hijos e hijas de trabajadores y trabajadoras se esfuerzan en sacar la nota suficiente para poder optar a los grados que quieren estudiar, solicitan becas y se esfuerzan en aprobar para poder seguir estudiando el año siguiente, si el ascensor social funcionara como debiera los hijos de las clases populares coparían la universidad, simplemente por el hecho de que son mayoría, y por extensión terminarían ocupando los consejos de administración de las grandes empresas, desplazando a los menos capaces a puestos subordinados.

¿Alguien creía que las élites económicas del país iban a dejar que sus hijos fueran desplazados de la posición que ocupan? Que los hijos e hijas de los carpinteros, fontaneros, camareras, costureras… sustituirían a los hijos de la alta burguesía.

Parece ser que los oficios manuales no encuentran remplazo que los sustituya, que no existen aprendices, pero la hija de Amancio Ortega sustituyó a su padre en el Consejo de Administración, no se fue a coser camisas a un taller y Froilán no ha pisado, ni pisará jamás una oficina de empleo.

            Porque a día de hoy, valen más los títulos que el conocimiento, los contactos que el esfuerzo.

“La cultura de la modernidad líquida ya no tiene un populacho que ilustrar y ennoblecer, sino clientes que seducir” Zygmunt Bauman.

jueves, 27 de octubre de 2022

CON SUS MISMAS ARMAS

          No suelo volver a un artículo ya escrito, una vez que ha sido publicado, suelo dejarlo correr y mi atención se vuelca en otros aspectos  de la realidad socio-político-económica que nos golpea diariamente, siendo la situación que queda atrapada recurrentemente en mi cerebro, el tema en el que  se basará el artículo de la semana en cuestión.

Pero la realidad es que las palabras pronunciadas por Felipe González el pasado 17 de octubre continúan resonando en mi cabeza y al que ya aludí en el artículo de la semana pasada, pero creo firmemente que aún puede dársele una vuelta de tuerca más.

Reafirmándome en la reflexión escrita en el artículo anterior, “Buscar la verdad”[1], hay que reconocer que el mecanismo que utilizan una gran parte de la clase política, es la que fue descrita por el expresidente del gobierno, lo que aleja o acerca a los políticos del gobierno es la opinión de la mayoría de la gente.

Por lo tanto, Felipe González nos da la clave para que un gobierno (cualquier gobierno) actúe en favor de la mayoría social.

Si un partido político tiene como fin último alcanzar el gobierno, no por afán de llevar a cabo su programa electoral, guiado por unas líneas ideológicas determinadas, sino por el hecho de alcanzarlo sin más, la mayoría social deberá hacerle saber  a estos mismos partidos políticos cuales son sus reivindicaciones, para ello, en primer lugar deberá tomar conciencia  como clase social con intereses comunes a todos sus miembros.

En segundo lugar, ha de perder el miedo a reivindicar  lo que considera realmente justo, algo verdaderamente difícil, ya que, aunque una amplia mayoría de la población ha nacido, o al menos ha vivido una gran parte de su vida en un sistema democrático, los 40 años de represión franquista  sumado a la fuerza coercitiva del Estado, hace que aún sea común tener miedo a expresar las ideas propias.

En tercer lugar  conocer la realidad que condiciona, posibilita o imposibilita llevar a cabo las medidas legislativas concretas.

En cuarto lugar, organizarse, utilizando los medios constitucionales de los que nos hemos dotado para llevar a cabo las reivindicaciones. Hay que tener en cuenta que todo gobierno hace equilibrios en una balanza donde de un lado se encuentran los poderes económicos y del otro la mayoría social, si la clase trabajadora consigue el mismo nivel de organización que tiene las élites económicas, la balanza caerá a su favor, sin ninguna duda.

En conclusión, actualmente, los partidos políticos, a través de sus mecanismos de propaganda, intentan convencer de que las medidas que proponen son las que conviene a la mayoría, aunque sea evidente que solo beneficie a una parte. Sin embargo, existe la posibilidad de revertir la situación utilizando las mismas estrategias, y la clave para ello, la facilitada por Felipe González.

“Instrúyanse, porque necesitamos toda nuestra inteligencia. Conmuévanse, porque necesitamos  todo nuestro entusiasmo. Organícense, porque necesitamos  de toda nuestra fuerza” Antonio Gramsci.


[1] https://mcarmonacurtido.blogspot.com/2022/10/buscar-la-verdad.html

miércoles, 11 de mayo de 2022

LA FALACIA DEL EMPRENDIMIENTO.

         Sé tu propio jefe, lucha por tus sueños, emprende, etc., todas estas ideas y conceptos forman parte ya de nuestro día a día, y han puesto en valor el hecho de ser autónomo o empresario como una salida profesional de lo más atractiva. Aproximadamente el 97% del tejido empresarial español se compone de pequeñas y medianas empresas[1] y nuestro país contaba con 3,1 millones de autónomos en 2021[2].

Pero la realidad es bien distinta, el trabajador autónomo no tiene un sueldo mínimo con el que sustentar a su familia, puede ser su propio “jefe” pero la presión viene ejercida por la presión bancaria que cada autónomo y cada pequeña empresa soporta.


Otra de las características de los autónomos y las pequeñas y medianas empresas es que compiten por un pequeño nicho de mercado con otros autónomos y otras pequeñas empresas, impidiendo que pueda haber una unión sectorial que luche por la mejora de sus derechos.

Y para colmo menos de la mitad de las pequeñas y medianas empresas sobreviven a los cinco años de su constitución[3] (según datos pre-pandémicos).

Otra de las dificultades que debe afrontar el autónomo y pequeño empresario es la competencia global representada por empresas online como Amazon, que ofrece un escaparate mucho más amplio que cualquier empresa física (por razones obvias).

Entonces, visto los inconvenientes ¿Por qué sigue ensalzando las “ventajas” de ser un emprendedor/a?

Un autónomo no tiene capacidad para organizarse, puesto que compite con las personas de su sector, no tendrá una baja por enfermedad, no discutirá horarios laborales, y como son sus bienes los que avalan su trabajo, pagará a toda costa a sus acreedores (los bancos). Es el trabajador alienado perfecto, a todo este sacrificio se le gratificará con una campaña de valorización de su esfuerzo, con el bombardeo de conceptos positivos con los que he comenzado este artículo.

Un trabajador autónomo es un trabajador, sin horarios, sin sueldo base, fiel pagador de sus acreedores, defensor de un sistema que le hace soñar con subir en la escala socioeconómica pero que no se lo pone fácil, un trabajador que a fin de cuentas no provocará conflicto social porque carece de conciencia de clase (evidentemente, no todos, este es el marco teórico en el que se mueve el Sistema para promover el “emprendimiento”). Un trabajador que se autoexplota con el único objetivo de cumplir su sueño.

“Ahora uno se explota a sí mismo y cree que está realizándose” Byung-Chul Han

 



[1] https://gdempresa.gesdocument.com/noticias/la-evolucion-de-las-pymes#:~:text=Porcentaje%20de%20pymes%20en%20Espa%C3%B1a,total%20de%203.417.000%20compa%C3%B1%C3%ADas.

[2] https://es.statista.com/estadisticas/508240/trabajadores-por-cuenta-propia-en-espana/#:~:text=El%20n%C3%BAmero%20de%20trabajadores%20aut%C3%B3nomos,3%2C1%20milliones%20de%20personas.

[3] https://cincodias.elpais.com/cincodias/2019/11/20/economia/1574249630_304544.html

jueves, 24 de febrero de 2022

COMO A UN CONEJO CUANDO LE DAN LAS LARGAS.

 Tras cada cita electoral la izquierda se pregunta dónde están los votos.

Después de las últimas citas electorales donde la derecha y la ultraderecha parecen estar subiendo como la espuma en representación pública, los partidos de izquierda parecen desorientados preguntándose donde están los votos y por qué la ciudadanía elige representantes que, a todas luces, actúan en contra de sus intereses. El Partido Popular ha hecho todo lo que estaba en su mano por evitar que las ayudas para la recuperación tras la pandemia llegaran a España, del mismo modo allá donde gobierna ha puesto en práctica unas políticas de desmantelamiento de los servicios públicos para favorecer a las entidades privadas, especialmente en los sectores de sanidad y educación, por otro lado Vox tiene como hoja de ruta el desmantelamiento del estado de las autonomías, el retroceso en las leyes de igualdad y la visión monocromática de la historia de España y un claro lenguaje xenófobo y belicista. A pesar de ello han crecido en las últimas citas electorales.

Ante esta situación los partidos de izquierda deben hacer una profunda reflexión para averiguar el porqué, a pesar de recuperar derechos de que los trabajadores habían perdido con la reforma laboral que implantó el PP, una gestión de la crisis pandémica que ha permitido estabilizar el empleo en situaciones tan duras o aumentar por segundo año consecutivo el Salario Mínimo Interprofesional, la sangría de votos a favor de las fuerzas de la derecha.

Los partidos de derecha han votado históricamente en contra de todos los avances sociales; el divorcio, el aborto, la subida del SMI, la reforma laboral…

Partiendo de la premisa que el país está compuesto mayoritariamente por personas que pertenecen a la Clase Trabajadora la pregunta que deberían plantearse es ¿por qué votan estas personas a favor de partidos que están en contra de sus intereses?

Citando a G. Lakoff “la gente no vota necesariamente por sus intereses. Votan por su identidad”. La Clase Trabajadora ha dejado de identificarse como tal, y ha dejado de ser un sujeto político, de esto ha tenido culpa los partidos de izquierda que han disgregado la identidad colectiva en grupos marginales donde unos no se identifican con los otros, los colectivos LGTBI, feministas, minorías étnicas y muchos más, olvidan que tienen más en común que lo que los separa y todos estos colectivos tienen sus referentes tanto a la izquierda como a la derecha del arco político. Pero que la mayoría social no se identifique como clase no las exime del dominio de las clases dirigentes.

La batalla cultural, que está ganando la derecha a todas luces, debe hacer replantearse a la izquierda a volver a resignificar el concepto de proletariado, que no es otro que “toda persona que vende su fuerza de trabajo a cambio de un salario”. A través de los Think Tanks debe construirse una imagen con la que la gente se identifique y no lo relacione con un sucio obrero a las puertas de una fábrica en plena revolución industrial (este proletariado hoy no existe, o  al menos no es mayoritario).


La izquierda debe volver a aglutinar a todos los movimientos alrededor del concepto “Clase Trabajadora”

El éxito de la derecha se fundamenta en haber logrado que las clases trabajadoras se identifiquen con las élites gobernantes y vean como un competidor a las personas que se encuentran en su mismo peldaño social. Esta es la lucha final.

“Por supuesto que hay lucha de clases, pero es mi clase, la clase rica la que está haciendo la guerra y la estamos ganando” Warren Buffet.

miércoles, 4 de abril de 2018

LA PENALIZACIÓN DEL MÉRITO.


Uno de los más grandes representantes del modernismo español y padre del esperpento, es Ramón María del Valle-Inclán, que publicó en 1924, una de sus  mayores obras teatrales, “Luces de Bohemia”, en ella hace un análisis de la sociedad española de su época, siendo una de sus citas más célebres la siguiente: “En España el mérito no se premia, se premia el robar y el ser un sinvergüenza, en España se premia todo lo malo”.

Pero, ¿podríamos decir que esta cita sigue vigente noventa y cuatro años después? ¿tan poco ha cambiado la sociedad española en casi un siglo?
Que el mérito no se premia, es un hecho, y no porque lo diga yo, lo dice también el premio nobel de economía de 2001, Joseph Stiglitz: “El 90% de los chicos que nacen en hogares pobres morirán pobres por más capaces que sean, más del 90% de los chicos que nacen en hogares ricos morirán ricos por más estúpidos que sean, el mérito no es un valor”.

Pero una cosa no es premiar el mérito y otra cosa es penalizarlo, y eso es muy común en nuestra sociedad. Existen dos concepciones sobre el trabajo, el trabajo como actividad que dignifica y el trabajo como carga, de ahí que encontremos dos tipos de trabajadores: uno que hace el trabajo que se le encomienda de manera diligente y el que tarda en realizarlo, pone excusas e intenta escurrir el bulto.
Si nos encontramos a ambos tipos de trabajadores en un mismo puesto de trabajo y un superior le encomienda un trabajo al trabajador A y este lo hace de manera satisfactoria en un tiempo lógico, y el mismo superior le encomienda el mismo trabajo al trabajador B y este tarda en llevarlo a cabo, pone excusas para no realizarlo, y el trabajo termina llevándose a cabo fuera de plazo y con un resultado malo o mediocre, en el momento en que el superior tenga que encomendar un trabajo ¿a qué trabajador se lo pedirá? Creo que todos coincidiremos en que si fuéramos el superior se lo mandaríamos al trabajador más eficiente, obteniendo como resultado que el trabajador A se encontraría cada vez con más carga de trabajo mientras que el B, cada vez tendría menos que hacer o haciendo tareas más sencillas, obteniendo el mismo sueldo, al tener la misma categoría.
Esto tiene unas consecuencias laborales inmediatas, el mal ambiente laboral, la desaparición de la solidaridad entre compañeros y un desajuste en la producción.
Esta situación hipotética es más común de lo que podemos llegar a pensar. Y un gran error en la persona que no cumple con sus funciones, ya que los trabajadores/as el único medio de vida que poseemos es la venta de nuestra fuerza de trabajo a cambio de un sueldo, por lo tanto está desperdiciando su potencial en perjuicio de un compañero/a.

La situación no deja de ser injusta en lo que a carga de trabajo se refiere, es común que los parámetros a tomar por las empresas a la hora de efectuar despidos en caso de necesidad se tomen dentro de cuestiones meramente económicas, no productivas, sino que el que suele salir despedido es el que tiene menos costo para la empresa.
Podríamos concluir diciendo que la división del trabajo ha tenido como consecuencia que este pierda valor productivo, que los trabajadores que tienen conciencia de la dignidad que te da el trabajo como ser humano tienen una mayor producción y que los que ven el trabajo como una carga, los que realmente son una carga son ellos/as, una carga para sus empresas y para sus compañeros/as.
Todos conocemos trabajadores de ambos tipos, felicitemos a los trabajadores del tipo A y afeemos la conducta de los trabajadores del tipo B, ya que no sólo perjudican a su empresa sino a sus propios compañeros/as.
Esta situación no es más que otra de las consecuencias del individualismo y de la falta de solidaridad que impera en nuestra sociedad.
Salud.

domingo, 8 de junio de 2014

MANOS ARRIBA ESTO ES UN ATRACO

Desde los sectores más liberales de nuestra sociedad no paran de lanzarnos el siguiente mensaje: “es prioritario crear riqueza para que después las empresas puedan crear empleo”.
Éste es el dogma al que los voceros del régimen se han abrazado para difundirlo a toda la sociedad, siguiendo la máxima de que una mentira repetida mil veces termina convirtiéndose en verdad.
Pero por más que repitan la misma idea, ésta no va a convertirse en realidad, ya que queda más que demostrado que la acumulación de riquezas no genera empleo per se.



Lo que pretenden hacernos creer es que si las grandes empresas generan más dinero estas no les quedará más remedio que reinvertir sus beneficios en la creación de empleo. ¿Pero hay alguien que se crea esto? Los datos han demostrado que el sistema capitalista se nutre de la acumulación, sobre todo de acumulación económica. Por lo tanto está basado en la avaricia del ser humano. Por lo tanto para que fuera cierto la premisa antes mencionada tendríamos que hacernos la siguiente pregunta, ¿Cuánta riqueza tienen que acumular las grandes empresas para comenzar a generar empleo? O ¿Cómo van a generar esta riqueza? O ¿a costa de quién van a generarla?
Las respuestas son claras, las últimas reformas laborales, promulgadas por los gobiernos del PSOE y del PP dejan claro a costa de quien van a generar dicha riqueza, lo que no dice es como se va a ver beneficiada la clase trabajadora del sacrificio que está haciendo.
Evidentemente la riqueza generada a estas grandes empresas viene determinada por la “plusvalía”[1]



Esta es el “sobretrabajo” que realiza el trabajador por el que no se ve remunerado, esta plusvalía engrosa las ganancias de las grandes empresas.
Por lo tanto una cosa si es cierta, las grandes empresas si están aumentando sus riquezas y las políticas del gobierno les están ayudando a ellos.
Estas riquezas se obtienen a través del robo a la clase trabajadora, que obligada a vender su fuerza de trabajo a cambio de capital tiene que doblegarse ante el chantaje de las clases opresoras.
Una de las políticas que se han realizado para facilitar este chantaje, es el de reducir las prestaciones por desempleo, para que el trabajador no tenga que decidir si las condiciones de un futuro trabajo son justas o no, sino que se vea obligado a aceptar cualquier tipo de empleo y con cualquier tipo de condiciones laborales.
De ahí que desde algunos sectores de la izquierda se exija la implantación de una renta básica que dignifique a la clase trabajadora, desde las altas instancias de los poderes fácticos argumentan que si los trabajadores cobraran una renta básica no realizarían ningún tipo de trabajo, cuando la realidad es que si los trabajadores tuvieran una renta básica no aceptarían las condiciones laborales que estas empresas proponen, y eso justamente es lo que temen, porque eso haría que disminuyeran sus beneficios ya que se verían obligados a ofrecer mejores condiciones de trabajo para que los trabajadores estuvieran dispuestos a trabajar para ellos.
Si las políticas se hicieran favoreciendo un reparto más justo de la riqueza, el nivel de vida generalizado aumentaría, ya que está demostrado que la clase trabajadora es un buen equilibrador de riqueza, ya que sus necesidades no están basadas en la acumulación, como la alta burguesía, sino en la solidaridad.