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martes, 6 de diciembre de 2022

EL FUTURO ES HOY

             Se suele decir que los jóvenes son el futuro, y esta frase, por mucho que esté asimilada por el “saber popular”, no se adapta a la realidad.

Al decir que los jóvenes son el futuro, les estamos negando su propio presente. Los jóvenes son los adultos del futuro, pero de los adultos en los que se conviertan dependerá de cómo se desarrollen en la actualidad.

La juventud tiene sus propios problemas, distintos a los que tenemos los adultos pero, para ellos, igual de importantes, al fin y al cabo como suele decirse “a cada uno le duelen sus muelas”.

Las nuevas generaciones están cada vez más formadas, hemos pasado de un analfabetismo, casi generalizado, a tener más de un millón y medio de universitarios en menos de cien años, sin embargo la edad media en la que se obtiene el primer empleo es de 23 años, y se tarda una media de 6 años en alcanzar cierta estabilidad laboral, aunque en la actualidad esta estabilidad nunca llegue a alcanzarse realmente. La edad media para emanciparse ronda los 30 años, a lo que habría que sumar la dificultad para encontrar vivienda. La edad media para tener el primer hijo está en torno a los 32 años y la mayoría de los que tienen descendencia se quedan en un único hijo.

Como se puede observar de los datos anteriores la edad que comprende la etapa de la “juventud” se ha ido ampliando a medida que han ido pasando los años y las dificultades para alcanzar “problemas de adultos” se han ido dilatando en el tiempo. Hemos pasado de ser adulto de pleno derecho con 18 años a convertirte en adulto entrando en los treinta.

Los jóvenes son el presente, y su presente se cimenta en la dificultad para poder pasar al “siguiente nivel”. Decir que la “juventud es el futuro” invisibiliza  los problemas a los que tienen que enfrentarse y dificulta su camino hacia la vida adulta. Mientras se conciba a los jóvenes como un grupo de edad sin “problemas reales” a los que prestar atención, restándoles importancia o infantilizándolos más dura será su llegada a la vida adulta.

Llegará el momento en que los jóvenes de hoy tengan que tomar las riendas de las sociedad que estamos construyendo los adultos de hoy y sin un proceso de adaptación apropiado su toma de contacto con su nueva realidad será más traumática y todos sufriremos las consecuencias.

Urge encontrar una solución a los problemas mencionados anteriormente: vivienda, trabajo, estabilidad, emancipación, etc. Nos va el futuro en ello.

 “La juventud necesita creerse superior; claro que se equivoca, pero este es el gran derecho de la juventud” Ortega y Gasset.

jueves, 17 de febrero de 2022

CUANDO NORMALIZAMOS LO ABSURDO.

 Imagínense la siguiente conversación entre un empleado y su jefe:

-          Jefe: Buenas tardes ¿qué te ha pasado que hoy no has venido a trabajar? ¿Hay algún problema?

-          Empleado: Buenas tardes jefe, es que he tenido unos problemas y no me venía bien ir hoy, por cierto ya que has llamado te comento que tampoco iré a trabajar mañana, ni pasado mañana, pero no te preocupes que la semana que viene echo más horas y recupero las que he faltado esta semana.

-          Jefe: ¿Cómo? Yo no necesito que vengas más horas la semana que viene, necesito que cubras tú puesto las horas que te corresponden.

-          Empleado: No pasa nada, tómatelo como que la semana que viene tendrás una persona haciendo horas extras al precio de horas ordinarias.

Esta conversación ficticia es más propia del teatro del absurdo, de una obra de Oscar Wilde o Eugene Ionesco, que de la realidad ¿verdad? Una conversación difícil de imaginar que de ser realidad, daría con el empleado de “patitas en la calle” y todos entenderíamos que es un despido más que justificado, a fin de cuentas es el empleado quien no está cumpliendo con su parte del acuerdo que formalizó al firmar el contrato de trabajo.

Ahora imaginen esta otra conversación entre los mismos protagonistas:

-          Empleado: Buenas tardes Jefe, ¿hay algún problema con la nómina? Tenía que haber cobrado hace un par de días y aún no han hecho el ingreso.

-          Jefe: Buenas tardes, la empresa ha tenido un problema de liquidez contable y no va a poder ingresar la nómina este mes, pero no te preocupes intentaremos que para el mes que viene te ingresen las dos nóminas.

-          Empleado: ¿Cómo? Yo necesito mi sueldo este mes, tengo gastos que no puedo aplazar para el mes que viene.

-          Jefe: No pasa nada, tómatelo como si el mes que viene tuvieras una paga extra, de todas formas intentaremos ir adelantando algo de la nómina de este mes.

Esta conversación, sin embargo, si puede parecernos más real, son muchos los trabajadores y trabajadoras que en algún momento se han visto que habiendo llegado el día de cobro, sus nóminas no han sido ingresadas en sus cuentas bancarias.

Sin embargo, el trabajador no puede en este caso romper su vínculo con la empresa unilateralmente, aunque es ésta la que está incumpliendo lo acordado en su contrato, ya que perdería todos los derechos adquiridos para poder solicitar una prestación por desempleo y comenzar a buscar un nuevo empleo.

Las relaciones entre la empresa y los trabajadores están fundamentadas en que el trabajador vende su fuerza de trabajo a cambio de un salario, y este salario debe ser satisfecho en unas fechas determinadas.

Las garantías para poder actuar en consecuencia deberían ser equitativas para ambas partes, pero como podemos comprobar, la balanza tiene tendencia a favorecer siempre al mismo lado.

La relación simbiótica entre ambos roles es indiscutible, ya que los trabajadores necesitan empresas a las que vender su trabajo, pero las empresas sin trabajadores, simplemente no podrían existir.

“Todo sistema de dominación se basa en la presunción de normalidad” Michel Rolph Truillot

 

miércoles, 13 de octubre de 2021

CONSECUENCIAS INESPERADAS DEL BREXIT

             Lecciones que todos los países deberían aprender.

La salida efectiva de Inglaterra de la Unión Europea ha acarreado unas consecuencias que no habían sido calculadas por el gobierno de Boris Johnson, entre ellas, la falta de combustible en las gasolineras inglesas por falta de transportistas, en su mayoría con pasaporte de la Unión Europea. El desabastecimiento que está sufriendo la isla ha sido una de las consecuencias del mensaje nacionalista de “Europa nos roba”, “los extranjeros vienen a quitarnos el trabajo”, y demás soflamas xenófobas que alentaron el partido conservador y la ultraderechista UKIP, para motivar a la población inglesa a votar a favor de la salida de la Unión Europea.

Según la Asociación de Transporte por Carretera Británica (RHA, en inglés) existe un déficit de 100.000 transportistas en Inglaterra, déficit que era cubierto por transportistas llegados desde el resto de Europa y que ahora se han visto fuera de las rutas que llevaban a cabo en la isla. Lo que ha provocado inmensas colas en las gasolineras que aún tenían combustible y el enfado monumental de los ingleses (algún día veremos como las imágenes de desabastecimiento en Inglaterra sirven para ilustrar un nuevo bulo sobre la pobreza en Cuba o Venezuela, al tiempo).



Y es que en un mundo donde el comercio se ha globalizado, la mano de obra también ha de hacerlo.

Una lección que debemos aprender en todo el mundo occidental, ya que nuestro “acomodado” modo de vida hace que mucha población rechace puestos de trabajos que son realizados, generalmente, por mano de obra extranjera, sumado al envejecimiento de nuestra población autóctona.

Durante el cierre de fronteras provocado por la pandemia, se puso la voz de alerta en el campo español por la falta de mano de obra para la recogida de las cosechas. Mano de obra, que habitualmente, proviene de África, Europa del Este o Latinoamérica, una similitud casi poética con el caso inglés.

Los mensajes xenófobos, racistas, etc., lanzados desde la extrema derecha española de manera explícita, y desde la derecha “moderada” de manera implícita, no dejan de ser simples mentiras con las que agitar el avispero del miedo a lo desconocido, para que la población busque en sus opciones políticas un salvador a su modo de vida, supuestamente, puesto en peligro por personas que vienen a buscar un sustento para ellas y sus familias.

Mejor nos iría, si al igual que se ha globalizado todo el mercado nacional e internacional, viéramos la manera de unificar esfuerzos de manera global para la mejora de las condiciones de vida de todos los trabajadores y trabajadoras, sean de donde sean, ya que, a fin de cuentas, la única clase que genera y distribuye la riqueza creada es la clase trabajadora.

“Una manera más sana y productiva de analizar las divisiones en nuestra sociedad es que los blancos de clase trabajadora y los inmigrantes se consideren del mismo bando, contra las corporaciones y la gente muy rica que realmente  les está estafando”. Owen Jones.

Manuel Carmona Curtido.

miércoles, 9 de diciembre de 2020

GANARSE LA VIDA

             Todas las personas que vivimos en este mundo hemos venido a él sin pedirlo, a todas y cada una de nosotras se nos ha impuesto la vida sin solicitarlo y todas nos vemos en la obligación de “ganarnos la vida”.


“Ganarse la vida” es una expresión que hemos escuchado a lo largo de toda nuestra existencia y no deja de ser curiosa. ¿Cómo es posible que algo que nos ha sido impuesto debamos, una vez adquirido, “ganarlo”? Creo que todas las personas a la que le preguntemos entenderán la expresión y sabrán a que nos estamos refiriendo cuando le preguntamos “Y tú ¿Cómo te ganas la vida?”.

Ninguno pedimos venir al mundo pero una vez se alcanza cierta edad, el “mundo” no está obligado a facilitarte que puedas seguir en él. A lo largo de la historia de la humanidad hombres y mujeres han tenido que “ganarse la vida” para subsistir, desde las prehistóricas tribus de cazadores-recolectores hasta nuestros días.

Sin embargo, vivimos en un mundo donde en algunos sitios se tira la comida a la basura mientras que en otra parte no tienen que comer, un mundo donde algunos guardan riquezas que no gastarían en tres vidas y otros no saben cómo pagaran sus facturas, un mundo donde la banca (y no son los únicos) cuentan con miles de viviendas vacías y miles de personas no tienen donde vivir. La tecnología ha avanzado lo suficiente como para que producir productos que faciliten nuestra existencia no suponga un relato de ciencia ficción.

La mecanización de la sociedad ha facilitado todos los sectores económicos, desde la agricultura a los servicios, esta mecanización ha provocado un sobrante de mano de obra de todos los sectores pero donde la masa social no se ha visto recompensada de estos avances. Continuamos teniendo la misma necesidad de “ganarnos la vida” que hace millones de años.


Las formas de “ganarnos la vida” son muy variadas y dependerá de nuestra formación, nuestros recursos, nuestras ganas, nuestra ambición, nuestro entorno, nuestra red social, etc., en muchas ocasiones el modo en que nos “ganemos la vida” estará predeterminado por la forma de “ganarse la vida” de nuestros padres, así que, parafraseando a Joseph Stiglitz, si naces pobre lo más seguro es que mueras pobre, y si naces rico, seguramente morirás rico, unos tendrán una forma de “ganarse la vida” más productiva que otra.

Una de las grandes victorias del sistema capitalista es hacernos creer que somos dueños de nuestro destino y que somos los responsables de lo que hagamos, así el sentimiento de protesta contra un sistema injusto deviene en depresión en vez de en revolución (esta vez parafraseo al filósofo surcoreano Byung Chul Han).

El sistema ha ganado cuando las personas a las que más les cuesta “ganarse la vida” ven como otros tienen riquezas para vivir tres vidas y no se preguntan si esa situación es justa.

Deberíamos de dejar de dar las cosas por sentado y empezar a hacernos más preguntas, quizás así “ganarse la vida” sea un poco menos dura para algunos.

“La realidad verdadera no es nunca la más manifiesta” Claude Lévi-Strauss.

jueves, 9 de enero de 2020

CUESTIÓN DE SUERTE.


Mi experiencia laboral con menores tutelados ha conseguido que me dé cuenta que lo que tenemos, lo que no tenemos, lo que podemos llegar a tener y lo que está completamente fuera de nuestro alcance, es cuestión de suerte.
Cuando hablo de suerte no me refiero a que lo mucho o lo poco que hayamos conseguido en nuestra vida no sea fruto de un arduo trabajo y la expresión de grandes sacrificios, sino a la suerte de poder tener la oportunidad de alcanzar una meta u otra.

Todos estamos fuertemente condicionados por nuestro entorno: redes sociales, ingresos, acceso a determinados servicios, horarios, etc., y este entorno es el que determina en gran medida, aunque existen algunas excepciones, el tipo de vida que vamos a llevar.
Si hay un factor que va a condicionar nuestra vida ese es el trabajo. A través del trabajo vamos a percibir unos ingresos que indicará el nivel de vida que alcancemos, si viviremos en una casa grande o en un piso de protección oficial. El trabajo generará una red social de compañeros y compañeras y determinará que aficiones podemos practicar (el sueldo dirá si puedes ir a esquiar los fines de semana o simplemente salir a correr).
El acceso al trabajo estará determinado principalmente por dos condicionantes: la formación que hayamos obtenido en nuestra etapa de estudiantes y la red contactos que podrá facilitar nuestra entrada en una u otra empresa. El caso de la formación está fuertemente relacionado con la importancia y los recursos que disponga nuestra familia (la importancia que le dé a los estudios, si tiene recursos económicos para reforzar las materias que resulten más difíciles, si puede acceder a formación complementaria como valor añadido, etc.). Respecto al acceso al trabajo, la red social que dispongamos, nosotros o nuestro entorno, puede abrir muchas puertas con mayor facilidad que un currículum.

¿Cuantas personas han continuado con el oficio de sus padres? ¿Cuántas personas no tienen ingresos similares a los que tuvieron sus padres? Salvando las distancias históricas ¿no tenemos el mismo nivel de vida que tuvieron nuestros padres? ¿no pertenecemos a la misma clase social?
La movilidad entre clases es prácticamente inexistente, si naciste en la clase trabajadora tienes un altísimo porcentaje de probabilidades de morir siendo clase trabajadora y si naciste en una cuna adinerada tienes las mismas probabilidades de morir perteneciendo a la misma clase social que te vio nacer. Si miramos hacia abajo vemos que podía ser peor, pero si alguna vez miráramos hacia arriba descubriríamos que hay mucho margen de mejora.
“El 90% de los chicos que nacen en hogares pobres mueren pobres por más capaces que sean. Más del 90% de los chicos que nacen en hogares ricos mueren ricos por más estúpidos que sean. Por lo tanto el mérito no es un valor” Joseph Stiglitz. Premio Nobel de Economía 2001

domingo, 8 de junio de 2014

MANOS ARRIBA ESTO ES UN ATRACO

Desde los sectores más liberales de nuestra sociedad no paran de lanzarnos el siguiente mensaje: “es prioritario crear riqueza para que después las empresas puedan crear empleo”.
Éste es el dogma al que los voceros del régimen se han abrazado para difundirlo a toda la sociedad, siguiendo la máxima de que una mentira repetida mil veces termina convirtiéndose en verdad.
Pero por más que repitan la misma idea, ésta no va a convertirse en realidad, ya que queda más que demostrado que la acumulación de riquezas no genera empleo per se.



Lo que pretenden hacernos creer es que si las grandes empresas generan más dinero estas no les quedará más remedio que reinvertir sus beneficios en la creación de empleo. ¿Pero hay alguien que se crea esto? Los datos han demostrado que el sistema capitalista se nutre de la acumulación, sobre todo de acumulación económica. Por lo tanto está basado en la avaricia del ser humano. Por lo tanto para que fuera cierto la premisa antes mencionada tendríamos que hacernos la siguiente pregunta, ¿Cuánta riqueza tienen que acumular las grandes empresas para comenzar a generar empleo? O ¿Cómo van a generar esta riqueza? O ¿a costa de quién van a generarla?
Las respuestas son claras, las últimas reformas laborales, promulgadas por los gobiernos del PSOE y del PP dejan claro a costa de quien van a generar dicha riqueza, lo que no dice es como se va a ver beneficiada la clase trabajadora del sacrificio que está haciendo.
Evidentemente la riqueza generada a estas grandes empresas viene determinada por la “plusvalía”[1]



Esta es el “sobretrabajo” que realiza el trabajador por el que no se ve remunerado, esta plusvalía engrosa las ganancias de las grandes empresas.
Por lo tanto una cosa si es cierta, las grandes empresas si están aumentando sus riquezas y las políticas del gobierno les están ayudando a ellos.
Estas riquezas se obtienen a través del robo a la clase trabajadora, que obligada a vender su fuerza de trabajo a cambio de capital tiene que doblegarse ante el chantaje de las clases opresoras.
Una de las políticas que se han realizado para facilitar este chantaje, es el de reducir las prestaciones por desempleo, para que el trabajador no tenga que decidir si las condiciones de un futuro trabajo son justas o no, sino que se vea obligado a aceptar cualquier tipo de empleo y con cualquier tipo de condiciones laborales.
De ahí que desde algunos sectores de la izquierda se exija la implantación de una renta básica que dignifique a la clase trabajadora, desde las altas instancias de los poderes fácticos argumentan que si los trabajadores cobraran una renta básica no realizarían ningún tipo de trabajo, cuando la realidad es que si los trabajadores tuvieran una renta básica no aceptarían las condiciones laborales que estas empresas proponen, y eso justamente es lo que temen, porque eso haría que disminuyeran sus beneficios ya que se verían obligados a ofrecer mejores condiciones de trabajo para que los trabajadores estuvieran dispuestos a trabajar para ellos.
Si las políticas se hicieran favoreciendo un reparto más justo de la riqueza, el nivel de vida generalizado aumentaría, ya que está demostrado que la clase trabajadora es un buen equilibrador de riqueza, ya que sus necesidades no están basadas en la acumulación, como la alta burguesía, sino en la solidaridad.