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miércoles, 28 de octubre de 2020

UN ESPEJO DONDE REFLEJARNOS.

             Una de las cuestiones que más me inquietan de la juventud son los referentes de éxito que manejan, ya que esos referentes son los espejos en los que se miran y toman como ejemplo a la hora de soñar con un futuro que les caerá encima el día que menos se lo esperen. Esos referentes de éxito son figuras que la sociedad les muestra como ejemplo de triunfadores/as de nuestra sociedad, es decir, estas personas han realizado lo que la sociedad esperaba de ellos y por lo tanto se han visto recompensadas con dinero y fama (valores que en la actualidad son símbolo de éxito).


Todas las generaciones han tenido como modelos, entre otros, a músicos, deportistas, artistas, etc., a todos se les presuponía una serie de valores que le habían encumbrado hasta el éxito, como un don especial para realizar su actividad, constancia y esfuerzo para llegar al olimpo de la fama y un característico don de gentes.

Sin embargo, debemos plantearnos que modelos les estamos poniendo a nuestros jóvenes en el espejo donde se reflejan sus sueños, ya que somos (como miembros adultos de esta sociedad) los responsables de encumbrar a los modelos actuales.

En primer lugar tenemos que fijarnos en los valores que son símbolo de éxito, como he dicho anteriormente, son el dinero y la fama. No es que el dinero y la fama no sean valores apropiados para fijar el éxito, pero si no van acompañados del esfuerzo, la constancia y la ética se corre el peligro de querer llegar hasta ellos, haciendo valer el viejo dicho maquiavélico de “El fin justifica los medios”, cuando en realidad son los medios lo que justifican el fin.

Por otro lado, los modelos de éxito actuales son volubles y efímeros, propios de una sociedad líquida tan bien descrita por Zygmunt Bauman en su libro “Vida líquida”. Estos personajes engrosan en poco tiempo el cajón de “juguetes rotos” y son olvidados por la sociedad que un día los alabó al mismo tiempo que son sustituidos por otros personajes de las mismas características.

No podemos olvidar que también existen otros modelos de éxito que trascienden el paso del tiempo, en gran parte gracias a películas, series y documentales que ensalzan su vida y obra, desde un punto de vista cinematográfico donde se enaltecen sus bondades y se justifican sus maldades.

Les voy a hacer una pregunta si les nombro al país latinoamericano “Colombia” ¿Qué personaje colombiano les viene antes a la cabeza? ¿Pablo Escobar o Gabriel García Márquez? ¿Qué producto característico colombiano llega antes a su mente? ¿la cocaína o el café? Sean honestos, ¿a quién han recordado antes? ¿Al mayor narcotraficante de todos los tiempos o al premio Nobel de Literatura?

Deberíamos revisar cual son los valores que proyectamos en la juventud antes de poner el grito en el cielo cuando observamos que muchos de nuestros jóvenes pretenden conseguir el éxito sin esfuerzo y se multiplican aspirantes a youtubers o instagramers.

“Lo que importa en la vida no es lo que te ocurre, sino qué recuerdas y cómo lo recuerdas” Gabriel García Márquez.

jueves, 22 de octubre de 2020

DEBATES

             Hace unos días mi hijo mayor (que cursa 3º de ESO) me dijo que iban a tener en clase un debate sobre Monarquía o República. Me parece fundamental que niños y niñas que tienen entre 14 y 15 años realicen actividades donde se confronten puntos de vista y distintos argumentos y que se afronten problemas políticos, ya que en pocos años cumplirán la mayoría de edad y tendrán la oportunidad de participar de forma activa en la toma de decisiones del país como son las elecciones.


Cuando volvió de clase le pregunté que qué tal había ido el debate y su respuesta fue tan contundente como descorazonadora: “Si alguien hubiera tenido una pistola de balines, alguno hubiera perdido un ojo”.

Entiendo que el debate como actividad académica es fundamental para la formación integral de los jóvenes, el debate como actividad para practicar la dialéctica aristotélica, donde se contraponen argumentos que se analizan usando la lógica con el objetivo de la  búsqueda de la verdad. Sin embargo la dialéctica utilizada parece coincidir con la dialéctica erística que tal y como definió Shopenhauer en su obra “El arte de tener razón” se trata del arte de discutir, y de discutir de tal modo que uno siempre lleve razón justa o injustamente.


Parece lógico que niños y niñas que no están acostumbrados a debatir utilicen la opción de imponer sus argumentos (sean cuales sean) a la facción contraria con el objetivo de imponer su punto de vista, al fin y al cabo los ejemplos de debate a los que tienen alcance están orientados en esa dirección. Difícilmente encontraremos ejemplos de debate en los medios de comunicación donde los argumentos tengan más peso que la violencia verbal, los tonos de voz amenazantes o los gestos de desaprobación hacia las posiciones contrarias. Lo realmente lamentable, es que solo hace falta escuchar unos minutos la moción de censura que se ha planteado estos días para darse cuenta que el debate que se plantea en el Congreso de los Diputados dista muy poco al de una clase de 3º de la ESO, aunque para estos no hay justificación. Los insultos velados, los datos falseados, los argumentos banales y las poses chulescas son el armazón donde los distintos partidos (unos más que otros) están fundamentando sus argumentos cuyo único objetivo es “tener razón”.

No se ha oído una sola propuesta del partido que ha presentado la moción de censura que sea viable legalmente, simplemente se han escuchado reproches y argumentos vacíos de contenido.


Esta situación me lleva a la siguiente conclusión, los debates deberían ser una actividad más común en el ámbito académico, sobre todo en la enseñanza obligatoria, quizás entonces tendríamos una población más crítica, más analítica y más formada y por lo tanto más difícil de manipular con mensajes populistas que no llevan a ningún sitio, y por extensión tendríamos unos políticos más preocupados del bien común que de su propio bienestar, políticos que se centren más en lo racional que en lo emocional.

“El que el pueblo sea difícil de guiar viene de que sabe demasiado” Lao Tse.