La rapidez con la que transcurre la actualidad hace que noticias que fueron portada hace unos días sean olvidadas al poco tiempo, sin embargo, es preciso ser pausado en el análisis de la realidad y no dejar que el vertiginoso ritmo que nos hemos (o nos han) impuesto deje que ciertos sucesos pasen al olvido tan rápidamente, porque detrás de un suceso que puede parecer casual, hay un modo de vida y una forma de entender nuestro día a día que, en muchos casos, puede ser realmente peligroso.
Hace unas semanas nos enterábamos de la triste noticia del fallecimiento de una niña que había sido “olvidada” en la parte de atrás del coche por su padre, que era el encargado de llevarla a la guardería antes de ir a su puesto de trabajo.
Al parecer, mientras se dirigía hacia allí, recibió
una llamada de teléfono de su trabajo, el padre aparcó el coche para atender la
llamada y al terminar la conversación, habiendo aparcado en la zona donde
habitualmente aparcaba para ir a trabajar, se bajó del coche y se fue a su
puesto de trabajo, olvidando que su hija seguía en la parte de atrás del coche
y que no la había llevado a la guardería. La tragedia se hizo patente cuando la
madre de la pequeña fue a recogerla a la guardería a las 16:00 y le comunicaron
que no había acudido ese día. Cuando descubrieron el paradero de la niña, ésta
llevaba más de seis horas en el coche soportando altas temperaturas. La niña
llegó al hospital en parada cardio-respiratoria falleciendo antes de entrar.
Lamentablemente, esta triste noticia se repite cada
cierto tiempo, repitiendo causas similares en cada uno de los casos. No puedo
ni intuir como se sentirá esa familia, y especialmente el padre que tuvo tan
fatal descuido, pero este caso debe hacernos reflexionar más allá sobre el caso
concreto.
La relación que establecemos con nuestro puesto de trabajo ha excedido todo tipo de límites, siendo capaz de abstraernos de responsabilidades mucho mayores como son la de atender a nuestros propios hijos.
Nuestra sociedad nos ha generado la necesidad de ser productivos y eficientes llegando al punto que obtener el éxito profesional es una de las identidades fundamentales a las que todos debemos aspirar. Por otro lado, los diferentes estímulos a los que somos sometidos provocan una falta de concentración que genera que cada vez cueste más planificar y establecer prioridades y en el caso de hacerlo, el trabajo, está por encima de todas ellas.
Tenemos la necesidad de reflexionar sobre el tipo de
sociedad que hemos construido donde el ritmo, en muchas ocasiones,
autoimpuesto, nos lleva a olvidarnos de nuestras principales responsabilidades.
Nos va la vida en ello.



No hay comentarios:
Publicar un comentario