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jueves, 17 de mayo de 2018

DOS CARAS DE UNA MISMA MONEDA.


Hace poco tiempo que he terminado de leer “En la oscuridad. Diez meses secuestrado por Al Qaeda en Siria” de Antonio Pampliega, periodista que algunos lo conoceréis por el programa que emite Cuatro con el nombre de “Informe Pampliega”. El libro es desgarrador, cuenta con todo lujo de detalles lo vivido por el periodista durante los diez meses que estuvo secuestrado por Al Qaeda en Siria, los hechos que acaecieron previamente al secuestro, y como la soledad, las vejaciones, las mentiras y la tortura van minando la moral de una persona hasta el límite de intentar quitarse la vida para escapar de tanto sufrimiento.
La sobrecogedora lectura de este libro me ha hecho recordar otro libro que leí el año pasado y que me ha llamado la atención las similitudes en la historia con el libro del periodista español. Se trata de “Guantánamo, prisionero 325, Campo Delta” de Nizar Sassi, un joven francés que fue detenido ilegalmente (lo que es un eufemismo de secuestrado) por los Estados Unidos durante 44 meses en la prisión de Guantánamo. La historia que relata Sassi es muy similar a la de Pampliega con la diferencia que esta es provocada por un Estado Soberano y no por un grupo terrorista, a veces la línea que separa el uno del otro es demasiado difusa.

No voy a ahondar en los detalles más escabrosos como la descripción de las torturas a las que fueron sometidos, o la descripción de los lugares, recomiendo ambos libros para quien quiera profundizar en el tema.
Pero sí me gustaría compartir los aspectos comunes de ambas historias:
Los dos protagonistas son privados de libertad sin que mediara un juicio justo, ni una condena, sin defensa posible y sin saber de qué se les acusaba realmente. La situación de incertidumbre que viven, puede descubrir límites personales ni tan siquiera imaginados previamente, el miedo a que pasará.
Ambos encuentran la fuerza suficiente para resistir en el recuerdo de sus familias, que se hace presente en los relatos, tanto Sassi como Pampliega se describen a sí mismo como personas que previamente no tenían un fuerte apego a su familia, pasaban fechas familiares significativas fuera de casa… pero sin embargo, cuando se ven privados de libertad, sus principales recuerdos son los pasados con la familia y el arrepentimiento de no haber pasado más momentos junto a sus seres queridos seguido del miedo de no volver a verlos.
 Antonio Pampliega
Nizar Sassi
Otro dato que me ha llamado la atención y que es común a los dos relatos, es que ambos protagonistas no se consideran personas excesivamente religiosas, pero que durante los meses de secuestro la “presencia de Dios” les ayuda a mantener el halo de esperanza. La afirmación religiosa durante el secuestro denota las peculiaridades religiosas de cada individuo como una afirmación identitaria contra los captores. Sassi de origen francés pero de ascendencia tunecina, refuerza su identidad musulmana durante los meses que pasó cautivo, igualmente Pampliega, español y de tradición católica, refuerza su identidad religiosa como resistencia a la presión de los captores ejercían sobre él. Podemos llegar a la conclusión que en un estado de mucha presión donde la ansiedad es el estado habitual y donde no podemos recurrir a otros semejantes para aliviar nuestros sentimientos, recurrir a un ser superior “todopoderoso” puede ayudarnos a liberar el nivel de estrés.
Al francés lo acusaron de ser yihadista, al español de ser espía, ninguno de los dos ejercían la actividad por las que se les acusaban y ambos volvieron a casa de una pieza después de una traumática experiencia. Los dos fueron víctimas inocentes del sinsentido de la guerra.
Como dice Quino en aquella viñeta de Mafalda: “si los cobardes que deciden las guerras tuvieran que ir a pelearlas, todos viviríamos en paz”.
Salud.

jueves, 17 de septiembre de 2015

REFUGIADOS vs INMIGRANTES



La situación de los refugiados sirios en la frontera con Hungría, es cada vez más preocupante. Después de un largo y peligroso viaje, dejando atrás sus hogares, parte de sus familias, y toda  una vida, han topado de bruces con una alambrada que les impide el paso hacia la soñada Europa, teniendo como destino en la mayor parte de los casos Alemania, por ser la locomotora de Europa.




La actitud del gobierno Húngaro es del todo deleznable, tratando a los refugiados como animales, custodiando una frontera con mano de hierro, habiendo puesto para tal función tanto a la policía como al ejército. Las imágenes que nos llegan a través de la televisión avergonzarían a cualquiera, la imagen de una periodista zancadilleando a un padre con su hijo en brazos que huye de la agresión policial,
o ver como el ejército húngaro intenta disolver la aglomeración de personas al otro lado de su territorio con gases lacrimógenos, son dos de los ejemplos que han hecho que la ciudadanía europea en general y la española en particular se movilice a favor de los refugiados.



La actitud del gobierno húngaro ha provocado la queja formal de muchos países por la forma de tratar esta situación, entre ellos Serbia que ha denunciado la utilización de la fuerza por parte del ejército húngaro en su territorio.



¿Pero acaso ya nadie recuerda la actitud que ha tenido y tiene el gobierno español para con las personas que intentan llegar a Europa por nuestra frontera?¿No existe una valla aún mayor en las fronteras entre España y Marruecos? El gobierno español encierra en Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE) a las personas que no tienen la documentación en regla, personas que no han cometido ningún delito, su único “delito” es tener hambre e intentar tener un futuro mejor. Son perseguidos policialmente y se les ha negado el servicio sanitario en gran parte del país, siendo esta una de las medidas más inhumanas que ha realizado el ejecutivo de Mariano Rajoy. 




Las imágenes de la Guardia Civil realizando “devoluciones en caliente”, prohibidas en nuestra legislación, o disparando material antidisturbio en la playa de Ceuta a 15 personas que intentaban entrar a nado en España el 14 de febrero de 2014 provocando dos muertos, acciones por las que nadie ha sido condenado en España. Los guardias civiles implicados argumentaron a su favor que estaban cumpliendo órdenes, lo que provoca otra pregunta ¿les exime eso de responsabilidad sobre sus actos? Si la obligación de todo soldado es obedecer ¿Quién es el responsable de esas acciones? Pero ese es otro debate.




Con estas letras sólo pretendo provocar la reflexión de quien se rasga las vestiduras por la situación de los refugiados sirios que están siendo retransmitidas continuamente a través de los informativos de todas las cadenas pero hacen caso omiso a la situación de los inmigrantes que intentan llegar a España, lo que está provocando una solidaridad inducida. Muchos municipios, no dudo que cargados de buena voluntad, han articulado una red de servicios para acoger a los refugiados sirios, ¿Por qué no ha sucedido lo mismo con los refugiados del Sahara occidental que llevan 30 años en campos de refugiados en Libia? O ¿Con los refugiados de la guerra civil de Mali o la República Centroafricana?
¿No es obligación de todo ser humano mejorar su calidad de vida? ¿No es igual de lícito huir de una guerra que huir del hambre? ¿No estaremos siendo manipulados por los medios de “comunicación”?
Que cada cual saque sus propias conclusiones.