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domingo, 7 de mayo de 2023

NO TENGAS MIEDO

 El miedo como herramienta de manipulación social.

El miedo es uno de los mecanismos de defensa más potentes del que disponemos, el miedo nos hace estar alerta, nuestro instinto de supervivencia se potencia, dejando en un segundo plano nuestra capacidad de razonar para poder actuar con rapidez en el momento necesario, evidentemente no vivimos en un entorno hostil donde necesitaríamos nuestros cinco sentidos para poder sobrevivir, pero hay datos que son significativos a la hora de poder analizar nuestros actos cuando percibimos el peligro.

Cuando vamos conduciendo y vemos un coche accidentado, nuestra atención se centra en este hecho, y durante un número de kilómetros significativo nuestra forma de conducir se hace mucho más segura: respetamos los límites de velocidad, extremamos la seguridad a la hora de adelantar, controlamos constantemente los vehículos que nos acompañan en la carretera, etc., esta atención se va relajando a medida que el tiempo de conducción se incrementa. Cuando se produce una pelea cerca de nosotros, solemos buscar un lugar seguro, alejarnos del espacio donde se está produciendo para evitar vernos implicados o recibir algún daño, etc., son muchas las situaciones donde el miedo nos pone a salvo, y no nos paramos a pensar que debemos hacer, sino que es nuestro instinto el que nos induce a actuar de una u otra forma para ponernos a salvo.

El uso del miedo ha sido utilizado históricamente para evitar que razonemos sobre las cuestiones que nos plantean, uno de los casos más evidentes son las noticias sobre las ocupaciones de viviendas, y la necesidad de contratar una alarma para evitar que cuando vengas de hacer la compra no se te haya metido un grupo de personas dentro de tu casa y no te dejen entrar. El miedo al de fuera, que te va a quitar el trabajo, o a vivir de tus impuestos, miedo a que Putin le dé por invadir España, miedo a que no haya dinero para las pensiones cuando nos jubilemos, el miedo hace que la población sea dócil y exija protección, a cambio de su propia libertad, endurecimiento de las penas, más policía, incremento en el gasto militar… lo que sea necesario para sentirnos seguros.

"EL MIEDO ES USADO PARA CONTROLARTE"

La mayoría de esos miedos son infundados y son creados con la finalidad de que nos sintamos desprotegidos, pero si controlamos nuestro instinto de supervivencia y razonamos las causas de estos miedos que nos han generado, veremos que no existe fundamento para sentir miedo, lo que necesitamos es pararnos a pensar, a razonar en que finalidad hay detrás de estos mensajes, ¿a quién le interesa que contratemos una alarma? ¿a quién  le interesa que contratemos un plan de pensiones? ¿quién sale beneficiado cuando se criminaliza a los inmigrantes? ¿quién se beneficia del incremento del presupuesto en defensa? ¿Quién se beneficia de nuestro miedo?

“Para sentir miedo es preciso que aún se tenga alguna esperanza de salvación por la que luchar” Aristóteles

lunes, 1 de mayo de 2023

SIGUIENDO EL RITMO

 

La revolución neolítica fue uno de mayores avances que ha experimentado la humanidad, el descubrimiento de la agricultura y la ganadería generó la aparición de la sedentarización de los grupos humanos provocando, con el tiempo, la  construcción de las primeras ciudades, del mismo modo, el nuevo modo de vida provocó nuevas enfermedades que el ser humano no había padecido anteriormente, como es el caso del reuma, artrosis y distintas dolencias relacionadas con los nuevos trabajos.

La revolución industrial fue un nuevo impulso en el avance de la humanidad que desarrolló nuevas enfermedades relacionadas con la contaminación ambiental, cada nueva etapa en la humanidad ha venido acompañada de nuevas dolencias directamente relacionadas con un nuevo modo de vida.

Hoy día, nuevas enfermedades están directamente relacionadas con nuestra forma de vida, muchas de estas enfermedades son padecidas sin que el paciente sea consciente de sus síntomas, la mayoría de ellas están relacionadas con las enfermedades mentales, el estrés, la ansiedad, etc., nos acompañan en nuestro día a día, sin que demos importancia a sus síntomas.

Los nuevos ritmos de vida impuestos nos hacen ir de un lado a otro, siempre pensando en lo siguiente que tenemos que hacer, nuestro trabajo es continuamente interrumpido con tareas pendientes, igual de urgentes que las que estamos realizando, un ritmo frenético que no nos deja disfrutar de lo que estamos haciendo y nos impide dedicar tiempo a acciones que han perdido valor, como disfrutar de una puesta de sol o pasar la tarde escuchando música.

Comemos mientras vemos la televisión, revisamos las redes sociales de manera sistemática, cualquier acto social va acompañado de publicaciones en Instagram, para poner de manifiesto que nuestra vida no es tan gris como vemos en nuestro día a día, nuestra capacidad de concentración se reduce y, cada vez más, solo podemos mantener la atención el tiempo que dura un video de tik tok.

La olla rápida aminoró el tiempo que hay que dedicarle a un buen guiso para que podamos dedicar ese tiempo a ser eficientes y rentables (aunque los beneficios de esa rentabilidad sean para otras personas). Las conversaciones con los demás se limitan a temas triviales porque hemos perdido el interés en lo que piensan los demás, si de todas formas los algoritmos me demuestran que tengo razón.

Con todos los avances que ha producido la humanidad desde que se llevara a cabo la revolución neolítica, cada vez disponemos de menos tiempo y disfrutamos menos del que tenemos. Quizás ha llegado el momento de parar, disfrutar de ver como se pone el sol en el horizonte, porque con toda seguridad, mañana volverá a salir el sol.

“Hay muchas maneras de estar vivo, pero solo una de estar muerto” Jorge Wagensberg