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lunes, 23 de diciembre de 2019

NO SON JUGUETES.


Cuando mi hijo mayor contaba con siete años me hizo la siguiente pregunta:
  •        ¿Papa, cuando seamos un poco mayores podemos tener un perro?

A lo que le contesté:
  •           Claro, pero el perro ¿para quién es? ¿para vosotros o para mí?

Él sin dudarlo me respondió:
  •           Para nosotros.


Entonces sin titubear le di una respuesta que, sin duda, no esperaba.
  •          Entonces, si vais a tener un perro, no podéis hacer lo mismo que hacéis ahora. Si tienes un perro en vez de levantarte a las 8:00 para ir al cole, tendrás que levantarte a las 7:00, sacar a pasear al perro para que pueda correr, y hacer sus necesidades, cuando el perro haga caca, tendrás que recogerla y tirarla a la basura. Cuando vuelvas del cole, en vez de ver la tele mientras mama y yo hacemos la comida, tendrás que volver a sacar al perro para hacer lo mismo que por la mañana, y por la noche antes de cenar en vez de estar jugando tendrás que volver a hacer lo mismo.


Mi hijo se me quedó mirando, y me dijo muy seguro de sí mismo:
  •          Pues ¿sabes que te digo? Que ya no quiero perro.

Desde ese momento no volvió a pedir que tuviéramos un perro en casa.
Tener una mascota es una responsabilidad que requiere atención y cuidados, no podemos pensar que un perro, un gato o cualquier otro animal es un juguete.
En estas fechas es común encontrar entre los regalos de reyes pequeños cachorros que hacen que se iluminen las caras de los más pequeños de la casa. Pero esos pequeños cachorros, pronto, se convierten en perros adultos que dejan de ser “los pequeños peluches vivos que compramos” para convertirse en un ser vivo con sus propias necesidades. En poco tiempo dejan de atraer la atención de aquellas personas para las que estaban destinados y empiezan a convertirse en una carga.

Si estáis convencidos de tener un animal en casa, no olvides que ese animal tiene una serie de necesidades y que debéis haceros cargo de él, que debe ser educado para la convivencia en la familia y que la educación debéis dársela los adultos, dejar en manos de los pequeños la responsabilidad de un animal es terminar frustrado, enfadado y finalmente hacerte cargo de algo que en principios no querías para finalmente, en muchos casos, terminar abandonando a un animal que nunca pidió entrar en tu casa.
Pero si estáis realmente decididos, no compres, adopta.
“Un perro abandonado es el reflejo del fracaso e inmadurez de una sociedad” Anónimo.

martes, 17 de diciembre de 2019

HAY QUE DISCUTIR MÁS.


Aunque pueda parecer lo contrario se está perdiendo, si no se ha perdido ya, el arte de discutir, entendiendo por discutir como “contender y alegar razones contra el parecer de alguien”, pero en los últimos tiempos discutir se ha convertido en la exposición de ideas categóricas cuyo único fin es imponerse a cualquier otra idea que exponga otra persona.

La discusión era el método empleado por Sócrates para poder llegar al conocimiento de las cosas, en la búsqueda de la Verdad, donde a través de preguntas, exposición de contradicciones y reflexiones se llegaba a la verdad a través de preguntas y razonamientos entre las personas que intervenían en la discusión, este método era conocido como mayéutica.

A pesar de la multitud de programas de “debate” que pueblan todas las cadenas de televisión, estos programas se han impregnado del modelo impuesto por la “prensa rosa” donde la persona que más grita y más interrumpe es la que pretende tener razón, cuando la razón se expone con argumentos no con faltas de educación clamorosas.

Si hay un filósofo que expone de manera magistral los métodos de los que se ha dotado la “discusión” en la actualidad es Shopenhauer, que en 1831 publicó El arte de tener razón, donde desarrolla treinta y ocho estratagemas para salir victoriosos de una confrontación dialéctica.

El filósofo alemán justifica su obra debido a la natural maldad del género humano y expone que si fuéramos por naturaleza honrados no tendríamos otra finalidad  que la de poner de manifiesto la verdad, sin importarnos en nada que esta se conformara a través de nuestra opinión o la del otro. Para Shopenhauer cuando se discute no se hace con el fin de buscar la verdad sino de imponer nuestras tesis.

Como ejemplo valga la Estratagema 24 expuesta por el autor que cita textualmente: “Forzar consecuencias. De la tesis del adversario mediante falsas conclusiones y tergiversación de los conceptos, se fuerzan tesis que no están en la suya y que no se corresponden en absoluto con su opinión, sino que por el contrario, son absurdas o peligrosas…”. Aunque todas son igualmente válidas. Es curioso que aunque la mayoría de la población no haya leído este libro siguen a la perfección las indicaciones expuestas en él incluso sin saberlo, lo que hace de este libro un manual de obligada lectura para toda persona que le guste “discutir”.
Deberíamos recuperar el antiguo arte de discutir como forma de aumentar nuestro conocimiento, y al mismo tiempo conocer otros puntos de vista, otros argumentos y otros razonamientos, para desterrar definitivamente el concepto de discusión como batalla dialéctica donde el único fin es implantar nuestra tesis sea cierta o no.
“No moriría por mis creencias porque podría estar equivocado” Bertrand Russell