Si yo tuviera un
manzano, para poder comer una manzana únicamente tendría que ir al árbol y
coger el fruto de entre sus ramas, además con las manzanas que no me comiera
podría hacer un montón de recetas, es cierto que, para que el manzano siguiera
dando sus frutos tendría que invertir tiempo y dinero necesario para su
mantenimiento, esta inversión no sería muy costosa, otra de las inversiones que
podría hacer es plantar más manzanos para poder obtener más manzanas, pero si
se diera el caso de que no dispongo de un manzano ni posibilidad de tenerlo,
siempre podría acudir a una frutería o supermercado donde comprar las manzanas
que quisiera, evidentemente el costo de la fruta sería mucho mayor que en el
caso anterior, ya que tendría que contar con el beneficio de todas las personas
que intervienen en el proceso necesario para que la manzana termine en el
supermercado.
Lo que no tendría mucho sentido sería plantar un manzano, cuidarlo para que de frutos y cuando el árbol esté a punto de dar manzanas, cederlo a un supermercado para después ir a comprar allí las manzanas a un precio elevado.
Algo similar ocurre con
la gestión de la sanidad, con lo que se ha llamado la “gestión público-privada”.
Desde la administración
pública se invierte en la formación de los profesionales sanitarios, se construyen
hospitales con dinero público y cuando se está a punto de ponerlo al servicio
de la población, se cede su gestión a empresas sanitarias que pasan una
cuantiosa factura a la administración pública por atender a los ciudadanos que
se les asigne.
Y es que para el presupuesto del 2026 la Junta de Andalucía ha incluido más de 16.000 millones de euros para sanidad, una cantidad que aun siendo la más alta de los últimos años, irá a parar en gran medida a manos de empresas privadas.
El truco de esta modalidad
de gestión es que el ciudadano no abona directamente el costo de las pruebas o
consultas que se realizan en estos centros, sino que es a través de los impuestos
que todos (o casi todos) pagamos como se realiza el abono de estas cuantiosas
facturas. Se da servicio público a través de empresas privadas, pero las
facturas se pagan en base a dinero público.
Siempre he dicho que un
presupuesto aguanta todos los números que queramos hacer, lo interesante sería
saber cuantos de esos 16.000 millones de euros terminan en manos de empresas
privadas.
“Vivimos
una época que promueve los sueños tecnológicos más delirantes, pero no quiere
mantener los servicios públicos más necesarios” Slavoj Zizek


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