Translate

Mostrando entradas con la etiqueta ICE. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ICE. Mostrar todas las entradas

martes, 20 de enero de 2026

DERIVA TOTALITARIA DE EEUU

 

Que Estados Unidos es la mayor potencia militar mundial no es decir algo que no sepa ya todo el mundo, hasta ahora había utilizado su hegemonía en este ámbito para imponer sus líneas políticas en el resto del mundo, pero siempre lo había hecho en defensa de principios morales superiores, aunque en realidad buscara el control de los recursos naturales y el dominio del comercio por parte de sus grandes empresas multinacionales.

En relación a la política internacional, Estados Unidos había mantenido una red de alianzas político-económicas con Europa y la mayor parte de los países de Iberoamérica, actuando sutilmente en un juego de influencias donde todos los estados eran beneficiados en mayor o menor grado.

En relación a la política interior, los estadounidenses se habían sentido protegidos por los distintos gobiernos y beneficiados por el dominio del comercio internacional.

Desde la llegada de Trump, por segunda vez, a la Casa Blanca, los eufemismos han desaparecido y las intervenciones en el extranjero están justificadas por su principal objetivo, el control de las materias primas y la imposición de sus deseos comerciales.

Todo esto no puede llevarse a cabo sin menoscabar los contrapesos que cualquier sistema democrático tiene.

La deriva autoritaria de Trump ha sido analizada por Amnistía Internacional, que en un artículo titulado “La alarma suena: el aumento de las prácticas autoritarias y la erosión de los Derechos Humanos en Estados Unidos”, en este artículo se marcan doce señales que alarman de la deriva autoritaria de la actual administración estadounidense:

1.      Ataques a la libertad de prensa y el acceso a la información

2.      Ataques a la libertad de expresión y de reunión.

3.      Ataques dirigidos a la sociedad civil y las universidades.

4.      Ataques a oponentes políticos

5.      Ataques dirigidos a jueces, abogados y sistema legal.

6.      Socavar el debido proceso democrático.

7.      Ataque a los derechos de los refugiados  y los migrantes.

8.      La conversión de poblaciones en chivos expiatorios y el retroceso de las políticas de no discriminación.

9.      Utilizar las fuerzas armadas para fines internos y militarizar la aplicación de la ley.

10.  Desmantelamiento de los controles sobre la rendición de cuentas corporativas y las medidas anticorrupción.

11.  Aumentar la capacidad de vigilancia.

12.  Socavar los sistemas internacionales diseñados para proteger los derechos humanos.

A lo que yo añadiría políticas de expansión imperialista, tanto a países de su órbita de influencia como a aliados históricos como son los territorios de la Unión Europea.

Estas políticas han generado la reacción de parte de la población civil estadounidense, habiendo movilizaciones en contra de las políticas trumpistas en 2.500 ciudades de Estados Unidos.

Por otro lado, las políticas anti-inmigrantes ha convertido al ICE en una especie de nueva Gestapo, con libertad para detener, amedrentar y coaccionar a la población civil. El asesinato de la ciudadana Renee Good, a manos de unos de los esbirros de esta fuerza paramilitar ha generado nuevas movilizaciones en contra de estas políticas.

Ningún país en el mundo puede enfrentarse a la mayor potencia militar del mundo, sin correr el riesgo de ser totalmente destruida, los únicos que pueden parar esta deriva totalitaria es la propia población estadounidense.

“Donde hay poder hay resistencia” Michel Foucault

 

lunes, 15 de diciembre de 2025

EL FIN DE LOS DERECHOS HUMANOS

 

El pasado 10 de diciembre se conmemoraba el Día Internacional de los Derechos Humanos. Ese mismo día pero de 1948 la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptaba el articulado de la Declaración Universal de los Derechos Humanos como estándar universal de los derechos inalienables de todas las personas, un estándar global de dignidad, igualdad y justicia, con el objetivo de que las atrocidades cometidas en la Segunda Guerra Mundial no volvieran a cometerse.

Setenta y siete años después, más que un día de celebración debería tratarse como un día de reivindicación y lucha social ya que, parafraseando a Orwell parece que los derechos humanos han sido modificados y en vez de poner “Todas las personas son iguales” parece que se le ha añadido “pero algunas son más iguales que otras”.

La violación de estos derechos inalienables son especialmente preocupantes cuando los comete una nación en periodo de paz, ya que se normalizan acciones que denigran y segregan a personas sin justificación.

Estados Unidos, país que se fundó bajo los principios ideológicos de la Ilustración y que en su Carta Magna ya postula la igualdad entre las personas, se ha convertido en la punta de lanza en la justificación de este tipo de acciones deshumanizantes, principalmente ante personas cuyos orígenes son países percibidos como pobres por el gobierno norteamericano, que se ha atrincherado en la defensa del ideal wasp (blanco, anglo-sajón y protestante) tomando como enemigo del país a todas aquellas personas que no asuman este ideal.

Desde que Trump asumiera la presidencia estadounidense, el atropello a los derechos fundamentales universales ha sido continuo, desde una doble perspectiva, desde la acción y desde el discurso.

La administración Trump ha llevado, y lleva, a cabo la detención arbitraria de personas por sus características físicas, ser de origen hispano es motivo de sospecha, el encarcelamiento de personas de manera arbitraria, agravado por el traslado a cárceles situadas fuera del territorio estadounidense, para poder así no vulnerar la constitución estadounidense que prohíbe la tortura dentro de sus fronteras, ese es el motivo por lo que se utilizan cárceles en lugares como El Salvador o Guantánamo.

Fuera de sus fronteras, la vulneración del derecho internacional y de los propios Derechos Humanos es constante, como el bombardeo de lanchas que salen de los puertos venezolanos, con la excusa de luchar contra el narcotráfico, con esos actos Estados Unidos se convierte en juez, jurado y verdugo asesinando a más de 80 personas sin que hayan recibido ni detención ni juicio.

Días atrás hemos visto como el ejército estadounidense apresaba un petrolero venezolano, en un acto de piratería sin precedentes.

A todo esto hay que sumar que todos estos atropellos no solo son conocidos sino que son retransmitidos por televisión y redes sociales sin ningún tipo de pudor, mientras la comunidad internacional mira hacia otro lado.

La impunidad con la que se cometen estos atropellos está generando una indolencia en la población mundial que ve como lo que antes era impensable, y aunque se hiciera se mantenía en secreto, hoy se lleva a cabo a la luz de todo el mundo sin que pase nada.

Si hay que buscar un responsable de esta situación, no deberíamos acusar exclusivamente a Trump, ya que también tienen su parte de responsabilidad, las personas que cumplen las ordenes de forma mecánica, ya sea aplicando las detenciones o apretando un gatillo.

Cada vez es más necesario retomar las enseñanzas de pensadoras como Hannah Arendt, que nos avisó de los peligros de asumir la maldad como costumbre.

“Lo más grave del caso Eichmann, era precisamente que hubo muchos hombres como él, y que estos hombres no fueron pervertidos ni sádicos, sino que fueron, y siguen siendo, terrible y terroríficamente normales” Hannah Arendt