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martes, 13 de noviembre de 2018

MUNICIPALISMO ANTE EL PROCESO DE DESCOLONIZACIÓN DEL SAHARA OCCIDENTAL.


La semana pasada tuve la suerte de asistir a las I Jornadas sobre el municipalismo ante el proceso de descolonización del Sáhara Occidental, junto a mi compañero Antonio Franco y miembros de la Asociación Sahara Libre de Rota. De estas jornadas extraje las siguientes conclusiones.

Los ayuntamientos son uno de los pilares del Estado, la institución más cercana a la ciudadanía y por lo tanto la influencia que se ejerce desde lo municipal sobrepasa  las lindes de la localidad, y como tal puede y debe ejercer un papel determinante en el proceso  de descolonización del Sahara Occidental, un proceso que permita, al fin, el regreso de los miles de refugiados saharauis a casa.
Voy a poner dos ejemplos del poder que puede ejercer un ayuntamiento:
1. El pasado 31 de mayo, el Ayuntamiento de Rianxo, una población de unos 11.000 habitantes aprobó por unanimidad “declarar Rianxo espacio libre de apartheid israelí” y el boicot a instituciones, empresas y organizaciones de ese país y que el ayuntamiento no estableciera ningún contrato o convenio con ninguna de ellas “hasta que reconozca el derecho a la autodeterminación del pueblo palestino y acate el derecho internacional”. Enviando el acuerdo de pleno a las embajadas implicadas.
La respuesta israelí no se hizo esperar y denunció al Ayuntamiento de Rianxo, intentando apagar la llama antes de que arda el bosque.
2. El segundo ejemplo del poder del municipalismo lleva saliendo en todos los periódicos y telediarios durante la última semana. Se trata de la sentencia del Tribunal Supremo que da la razón a la banca a la hora de quien tiene que pagar el Impuesto de Actos Jurídicos Documentados con el que se grava las hipotecas.
Esta disputa que ha puesto en jaque a todo el sistema judicial fue iniciada por el Ayuntamiento de Rivas.
Cito estos dos ejemplos para mostrar algo que todos y todas sabemos, si nos organizamos  en acciones conjuntas y simultaneas, si presionamos a los estamentos superiores, si sacamos  el conflicto a la calle y si sacudimos el alo de caridad que ha adquirido y lo vestimos con la toga de la causa justa que es, podemos marcar la agenda política internacional del gobierno y que de una vez por todas, el Gobierno Español asuma su responsabilidad histórica de que el Sahara Occidental pueda llevar a cabo  su referéndum de autodeterminación y los refugiados  puedan volver a casa.
 “Nosotros le pedimos a los españoles que no nos manden más latas de atún ni más ropa, con que manden la resolución de la ONU firmada con la que podamos hacer nuestro referéndum nos es suficiente”. Omar Abdeslam


viernes, 9 de noviembre de 2018

MARTY McFLY TENÍA RAZÓN.


Allá por 1985 se estrenaba la saga de Regreso al Futuro, si no la han visto, háganse un favor y véanla. En una de las escenas de la segunda parte de la saga, el protagonista MartyMcFly le pregunta a su amigo Doc: “Un momento Doc ¿Qué nos ocurre en el futuro?, ¿nos volvemos gilipollas o algo parecido?”.

Teniendo en cuenta que han pasado más de treinta años de aquella película y que el futuro del que habla puede ser nuestro presente, podríamos decir que aquella frase ha resultado profética: Nos hemos vuelto gilipollas o algo parecido.
Hemos llegado a un punto en el que todo nos ofende, y somos incapaces de aceptar absolutamente nada que se contradiga con nuestros estrechos esquemas mentales. Y nada se escapa a esta censura que nos estamos imponiendo.
Si me diera en un arrebato de furia y me cagara en Dios, aparecerían muchas personas ofendidas porque he insultado a sus creencias, y podría incurrir en delito de ofensas religiosas, igualmente sucedería si me cagara en Alá o en Mahoma, si digo que los borbones son unos ladrones, un montón de monárquicos se sentirían ofendidos por haber mancillado el nombre del monarca, es más, podría estar incurriendo en delito de injurias a la corona, igualmente, si me cago en la tricolor republicana, un montón de republicanos me criticarían por insultar su símbolo, sin embargo en este caso no incurriría en ningún delito.


Pero este ejemplo que puede parecer zafio, aunque no alejado de la realidad, puede repetirse si hago un chiste sobre mujeres, miles de feministas me criticarían mi personalidad heteropatriarcal dominante, aunque las mismas críticas me pueden caer por no utilizar un lenguaje inclusivo.
Si me disfrazara de negro en los carnavales (entiéndase de negro de tribu con sus penachos de pluma y lanza en mano) entonces sería un racista que promueve los estereotipos y los tópicos eurocéntricos paternalistas.
Todos estos ofendidos y ofendidas (no se me vaya a enfadar alguien), son la muestra de la falta de profundidad con la que interiorizan los distintos conceptos: monarquía, república, religión o feminismo, quedándose con la forma y no con el fondo.
En fin, todos estos casos son reales, y demuestran que la afirmación que exponía al principio del texto es cierta, nos hemos vuelto gilipollas.
La libertad de expresión permite que aquellos que no piensan como yo, puedan decir cosas con las que yo no esté de acuerdo, si no es así ¿para qué sirve? Nadie ofende, la ofensa es una opción que tomamos a la hora de enfrentar una situación, recuerden aquel viejo dicho “no ofende quien quiere, sino quien puede”.
Si este artículo le ha ofendido, es su problema.
“Si crees en la libertad de expresión, entonces crees en la libertad de expresión para puntos que te disgustan” Noam Chomsky