Por qué la rutina moderna nos atrapa en una carrera hacia ninguna parte
Quizás la imagen que mejor represente la época que vivimos sea la del hámster dando vueltas en su rueda. A medida que va obteniendo mayor velocidad más difícil le resulta bajarse de la rueda.
La rueda parece ser la única motivación
que tiene el hámster para moverse dentro de la jaula, pero por más que corra
siempre permanecerá en el mismo lugar y si cuando ha alcanzado su máxima
velocidad decide frenar en seco, saldrá disparado de la rueda haciéndose un
daño considerable.
Nuestra rutina es similar a la del hámster: nos levantamos para ir a trabajar con el objetivo de ganar un salario con el que poder pagar nuestras deudas, consumir para dar sentido al esfuerzo realizado, descansar para volver a levantarnos para volver a ir a trabajar… hay que aumentar nuestra producción, porque las deudas crecen (ha vuelto a subir el Euribor, la alimentación, la gasolina…) y vuelta a empezar. Como el Sísifo descrito por Camus, felices de poder seguir haciendo la rueda girar y como el hámster en jaula, teniendo la ilusión de estar haciendo algo útil.
La jaula nos ha atrapado de tal manera
que si dejamos de hacer girar la rueda, saldremos despedidos, la rueda dejará
de girar, pero seguiremos dentro de la jaula.
Hay algo que, definitivamente, nos
diferencia del hámster, él no se hace fotos en la rueda haciendo ver lo feliz
que es dando vueltas sin sentido dentro de una jaula.
“El
precio real de algo, es la cantidad de vida que entregas a cambio” Henry David
Thoureu


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