El negocio de la sabiduría rápida
Mientras navegaba por el ciberespacio en el navío de las redes sociales, me topé con una publicación que hizo que mi encefalograma volviera a funcionar, una promoción editorial que anunciaba una colección en la que se ofrecía conocer a los grandes pensadores de la historia en noventa minutos, donde en cada volumen se dedicaban a seis filósofos.
El primero de estos libros estaba dedicado a: Derrida, Sartre, Foucault, Wittgenstein, Kirkegaard y Russell.
En una hora y media podías conocer el pensamiento de estos seis
filósofos, noventa minutos de tu vida, a cambio de conocer sus principios filosóficos
con los que convertirte en un conversador interesante.
Este anuncio me llevó a recordar un pasaje de la obra de Ray Bradvury, “Farenheit
451”, que se desarrolla en una sociedad donde se ha quemado toda la obra
literaria de la historia de la humanidad y para compensar las inquietudes
lectoras de aquellos que aún las tuvieran, se habían resumido, en el mejor de
los casos, a un folio, con el objetivo de que los que lo leyeran pudieran decir
que habían leído a Shakespeare o a Platón, entre otros.
En un mundo donde no tenemos tiempo de ir al cine, sumergirnos en un
libro, o hacer cualquier otra cosa que nos alimente el intelecto, conocer la
obra de seis grandes filósofos en una hora y media se convierte en un recurso
atractivo.
Personas que dedicaron su vida al conocimiento, la reflexión y el
análisis, resumidos en noventa minutos para el disfrute de aquellos que no
quieran o puedan sumergirse en su obra (la real).
En relación a esta situación, me
viene a la mente una frase del escritor argentino Alejandro Dolina que decía “la
gente no quiere leer, quiere haber leído”, la gente no quiere sumergirse en las
casi 900 páginas de la “Historia de la filosofía” de Bertrand Russell, ni
reflexionar sobre la novela de Sartre, “La náusea”, quiere decir que ha leído a
estos filósofos, y si el tiempo invertido en ello no supera el tiempo que tarda
un programa de la lavadora pues mejor.
A veces tengo la sensación de que las grandes novelas distópicas, como la
mencionada, Farenheit 451, Un mundo feliz, o 1984, en vez de ser tomadas como
una advertencia, se tomaron como un manual. Mal camino llevamos.
“La lectura de todos
los buenos libros es como una conversación con las mejores personas de los
siglos pasados” René Descartes


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