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lunes, 26 de octubre de 2026

LA ILUSIÓN DEL SABER

 El negocio de la sabiduría rápida

Mientras navegaba por el ciberespacio en el navío de las redes sociales, me topé con una publicación que hizo que mi encefalograma volviera a funcionar, una promoción editorial que anunciaba una colección en la que se ofrecía conocer a los grandes pensadores de la historia en noventa minutos, donde en cada volumen se dedicaban a seis filósofos.


El primero de estos libros estaba dedicado a: Derrida, Sartre, Foucault, Wittgenstein, Kirkegaard y Russell.

En una hora y media podías conocer el pensamiento de estos seis filósofos, noventa minutos de tu vida, a cambio de conocer sus principios filosóficos con los que convertirte en un conversador interesante.

Este anuncio me llevó a recordar un pasaje de la obra de Ray Bradvury, “Farenheit 451”, que se desarrolla en una sociedad donde se ha quemado toda la obra literaria de la historia de la humanidad y para compensar las inquietudes lectoras de aquellos que aún las tuvieran, se habían resumido, en el mejor de los casos, a un folio, con el objetivo de que los que lo leyeran pudieran decir que habían leído a Shakespeare o a Platón, entre otros.

En un mundo donde no tenemos tiempo de ir al cine, sumergirnos en un libro, o hacer cualquier otra cosa que nos alimente el intelecto, conocer la obra de seis grandes filósofos en una hora y media se convierte en un recurso atractivo.

Personas que dedicaron su vida al conocimiento, la reflexión y el análisis, resumidos en noventa minutos para el disfrute de aquellos que no quieran o puedan sumergirse en su obra (la real).

 En relación a esta situación, me viene a la mente una frase del escritor argentino Alejandro Dolina que decía “la gente no quiere leer, quiere haber leído”, la gente no quiere sumergirse en las casi 900 páginas de la “Historia de la filosofía” de Bertrand Russell, ni reflexionar sobre la novela de Sartre, “La náusea”, quiere decir que ha leído a estos filósofos, y si el tiempo invertido en ello no supera el tiempo que tarda un programa de la lavadora pues mejor.

A veces tengo la sensación de que las grandes novelas distópicas, como la mencionada, Farenheit 451, Un mundo feliz, o 1984, en vez de ser tomadas como una advertencia, se tomaron como un manual. Mal camino llevamos.

“La lectura de todos los buenos libros es como una conversación con las mejores personas de los siglos pasados” René Descartes

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