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miércoles, 9 de diciembre de 2020

GANARSE LA VIDA

             Todas las personas que vivimos en este mundo hemos venido a él sin pedirlo, a todas y cada una de nosotras se nos ha impuesto la vida sin solicitarlo y todas nos vemos en la obligación de “ganarnos la vida”.


“Ganarse la vida” es una expresión que hemos escuchado a lo largo de toda nuestra existencia y no deja de ser curiosa. ¿Cómo es posible que algo que nos ha sido impuesto debamos, una vez adquirido, “ganarlo”? Creo que todas las personas a la que le preguntemos entenderán la expresión y sabrán a que nos estamos refiriendo cuando le preguntamos “Y tú ¿Cómo te ganas la vida?”.

Ninguno pedimos venir al mundo pero una vez se alcanza cierta edad, el “mundo” no está obligado a facilitarte que puedas seguir en él. A lo largo de la historia de la humanidad hombres y mujeres han tenido que “ganarse la vida” para subsistir, desde las prehistóricas tribus de cazadores-recolectores hasta nuestros días.

Sin embargo, vivimos en un mundo donde en algunos sitios se tira la comida a la basura mientras que en otra parte no tienen que comer, un mundo donde algunos guardan riquezas que no gastarían en tres vidas y otros no saben cómo pagaran sus facturas, un mundo donde la banca (y no son los únicos) cuentan con miles de viviendas vacías y miles de personas no tienen donde vivir. La tecnología ha avanzado lo suficiente como para que producir productos que faciliten nuestra existencia no suponga un relato de ciencia ficción.

La mecanización de la sociedad ha facilitado todos los sectores económicos, desde la agricultura a los servicios, esta mecanización ha provocado un sobrante de mano de obra de todos los sectores pero donde la masa social no se ha visto recompensada de estos avances. Continuamos teniendo la misma necesidad de “ganarnos la vida” que hace millones de años.


Las formas de “ganarnos la vida” son muy variadas y dependerá de nuestra formación, nuestros recursos, nuestras ganas, nuestra ambición, nuestro entorno, nuestra red social, etc., en muchas ocasiones el modo en que nos “ganemos la vida” estará predeterminado por la forma de “ganarse la vida” de nuestros padres, así que, parafraseando a Joseph Stiglitz, si naces pobre lo más seguro es que mueras pobre, y si naces rico, seguramente morirás rico, unos tendrán una forma de “ganarse la vida” más productiva que otra.

Una de las grandes victorias del sistema capitalista es hacernos creer que somos dueños de nuestro destino y que somos los responsables de lo que hagamos, así el sentimiento de protesta contra un sistema injusto deviene en depresión en vez de en revolución (esta vez parafraseo al filósofo surcoreano Byung Chul Han).

El sistema ha ganado cuando las personas a las que más les cuesta “ganarse la vida” ven como otros tienen riquezas para vivir tres vidas y no se preguntan si esa situación es justa.

Deberíamos de dejar de dar las cosas por sentado y empezar a hacernos más preguntas, quizás así “ganarse la vida” sea un poco menos dura para algunos.

“La realidad verdadera no es nunca la más manifiesta” Claude Lévi-Strauss.

miércoles, 2 de diciembre de 2020

SEMBRAR PARA RECOGER

             Una de las personas que más valoro en esta sociedad en la que vivimos es aquella que es capaz de plantar un árbol sabiendo que nunca se cobijará a su sombra. Plantar un árbol requiere un enorme sacrificio ya que además de elegir el terreno apropiado, una vez plantado, hay que cuidar el pequeño esqueje, evitar que se incline, regarlo, protegerlo de los embates de los elementos meteorológicos, cuidarlo de las posibles plagas, esos pequeños elementos que intentan aprovecharse del tierno tallo de lo que será un gran árbol, evitar que otros vengan a destruirlo, a tronchar sus jóvenes ramas, contaminar el terreno donde está plantado, y tras el paso de los años y la persona que lo plantó desaparezca, muchos serán los que vengan a refugiarse bajo su sombra, nadie conocerá quien fue la persona que lo plantó, es más, muchos pensarán que siempre ha estado ahí y que creció de forma espontánea sin recibir cuidados y protección cuando era un pequeño esqueje. El árbol durará cientos, quizás miles de años, dando sombra a todas aquellas personas que la necesiten y nadie recordará a aquel que un día lo plantó, lo cuidó y facilitó que creciera, y lo mejor de todo es que esa persona sabía desde un principio que no disfrutaría de su sombra ni vería como generación tras generación se cobijaría bajo él, y aun así lo plantó.


Las conquistas sociales se han producido de manera similar, hoy damos por hecho que tenemos derecho a vacaciones, seguridad social, educación pública, derecho a elegir a nuestros representantes, un sueldo digno, a una pensión que nos permita disfrutar del descanso de la vejez, etc., parece que estos derechos han estado ahí siempre, sin embargo, nadie recuerda a las miles de personas que lucharon y, en muchos casos, se dejaron la salud y la vida por conseguirlas, muchas de estas personas no pudieron disfrutar de estos derechos, muchos no pudieron disfrutar de la sombra que nos cobija ahora, sin embargo lucharon por conseguirlos.


Vivimos en una sociedad donde el individualismo se ha apropiado de todas las facetas de la sociedad, donde cada uno intenta salvarse solo, sin pensar si lo que hace mejorará a las generaciones venideras, cada vez es más necesario pensar más en “nosotros/as” y menos en “yo”, cada vez son más necesarias esas personas dispuestas a luchar por mejorar la sociedad a costa de que ellos no puedan disfrutar de los frutos de su lucha. Es una situación injusta, pero es la única que ha conseguido que la sociedad avance, se consigan derechos y se aumente la calidad de vida de la mayoría social.


Hoy, al igual que ayer, necesitamos personas que sean capaz de plantar árboles sabiendo que su esfuerzo no será recordado, que muchos intentarán impedir que el árbol crezca, otros intentarán sacar provecho personal de las cualidades del árbol, otros intentarán hacer que cambie de dirección y otros contaminarán el terreno con el único objetivo de que el árbol muera, para conseguir que el pequeño árbol se convierta en una árbol grande y fuerte es necesario ser constante, persistente, aplicar las medidas adecuadas, podarlo cuando sea necesario, etc., y todo esto sabiendo que nadie te recordará por haberlo plantado y dará igual porque el objetivo era que todo el que quisiera pueda sentarse a su sombra.

“La clase trabajadora se ha organizado en el pasado para defender sus intereses; ha exigido que se le escuche y arrancado concesiones de manos de ricos y poderosos. Por mucho que se le ridiculice o ignore, volverá a hacerlo” Owen Jones.