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martes, 10 de octubre de 2023

EL NUEVO DES-ORDEN MUNDIAL

           Cuando se produce un terremoto, se derrumban edificios, se dispara el número de desaparecidos, se producen muertos y heridos, del mismo modo ocurre cuando las “placas tectónicas”, donde se sustenta el orden geopolítico, se mueven, provocan similares consecuencias, con el agravante de que, al contrario que en los movimientos sísmicos, los movimientos geopolíticos están provocados por un número determinado de personas que, en base a sus ambiciones personales, agitan el tablero, donde los primeros en caer somos los peones que, involuntariamente, jugamos la misma partida.

El status quo que predominó desde la caída del bloque soviético en los años noventa parece estar haciéndose añicos y solo hace falta echar un vistazo al panorama mundial para llegar a esta conclusión.

La guerra ruso-ucraniana parece estar enquistada, donde ninguno de los contendientes avanza en sus posiciones, todas las estrategias occidentales para ahogar a Rusia económicamente parecen haber caído en saco roto, mientras que el presidente ucraniano reclama a los países occidentales más armas para poder seguir combatiendo. El conflicto entre Israel y Palestina ha vuelto a estallar, un problema irresoluble, donde la Unión Europea y Estados Unidos tienen un papel determinante. Los partidos de extrema derecha se hacen fuertes cada vez en más países, con programas ultraliberales y xenófobos, el recorte de libertades en países como Hungría y Polonia cuestionan los mismos pilares de la Unión Europea, organismo al que pertenecen ambos. El número de Estados fallidos se incrementan con el paso de los años. China, por primera vez en su historia se expande al mundo, convirtiéndose en la primera potencia económica mundial, es percibida por Estados Unidos como un rival demasiado grande para combatirlo abiertamente.

Mientras tanto, los países occidentales se encuentran sumidos en una crisis económica inflacionista que ha sido provocada por las grandes empresas multinacionales, que se benefician de empobrecer a los menos pudientes.

El terremoto que asoló Lisboa de 1531 destruyó completamente la ciudad, no dejando piedra sobre piedra y provocando miles de muertos, la ciudad que conocemos ahora se construyó sobre los cimientos de aquellas ruinas. Es imposible conocer el mundo resultante de estos movimientos geopolíticos, este mundo será construido sobre las ruinas del que se está derrumbando, pero mientras se construye tendremos que vivir un tiempo entre escombros. No será fácil.

“En el preciso momento en que una estructura “salta” a un nuevo estadio de complejidad, es imposible, en la práctica e incluso en el terreno de los principios, predecir cuál de muchas formas va a adoptar” Alvin Toffler.

 

miércoles, 4 de octubre de 2023

DOMINADOS POR LA EMOCIÓN

 Desde que en los años ochenta se popularizaran las telenovelas, todas y cada una de ellas, han seguido el mismo patrón: una historia simple, con unos personajes que visten y actúan fieles al paradigma del personaje que les toca interpretar, con roles fácilmente distinguibles, a veces sobreactuando, las situaciones que se desarrollan están lejos de parecerse a la realidad, sin embargo es un producto televisivo altamente consumido, con una cantidad ingente de capítulos, pero que no ha parado de emitirse desde entonces, poco importa que la historia no sea creíble, lo importante es que provoque emociones en los telespectadores.


Los consumidores de estas telenovelas, intuyen la trama y el desenlace, prácticamente desde el principio, no hay lugar a dudas: los buenos son muy buenos, los malos son muy malos, y al/la protagonista le suceden una serie de circunstancias adversas de las que saldrá airosa al final de la telenovela. Lo único importante es que la persona que ve estos seriales genere emociones que (afortunadamente) no vivirá en la vida real.

El único objetivo de las telenovelas es entretener, no hay busca nada más allá que el telespectador pase un rato de desconexión de la vida real.

El discurso político comienza a asemejarse a una telenovela, cada telespectador elige a sus héroes y sus villanos y a partir de aquí, los discursos que emiten buscan generar emociones en los consumidores, ha dejado de hablarse de cuestiones racionales, que propuestas generaran un cambio a mejor en la vida de la ciudadanía, propuestas que afecten a nuestro día a día, acciones racionales que podamos evaluar, pensar y reflexionar, etc.


Los acuerdos que se puedan alcanzar entre los distintos partidos se obvian, únicamente nos trasladan mensajes que buscan destacar alguna emoción (generalmente negativa), y que por lo tanto no podamos reflexionar sobre lo que  están haciendo, polarizan los discursos para posicionar a la población en un estado de “conmigo o contra mí”. La información hace tiempo que desapareció de las parrillas informativas, las palabras se han vaciado de significado, únicamente ha quedado la opinión, y como cada cual elige la línea editorial sobre la que cargarse de argumentos (informarse se ha convertido en una entelequia), las conversaciones sobre temas políticos carecen de argumentos, se limitan a repetir los dogmas que los “comunicadores” de turno se han encargado de repetir en los distintos programas.


Nos hemos olvidado de pensar por nosotros mismos y eso es aprovechado para la manipulación, no hay forma de obtener información que no esté contaminada de opinión, pero al igual que en la telenovelas, da igual, lo único que importa es la emoción que genera el discurso que se traslada.

“La multitud no reacciona sino a estímulos muy intensos. Para influir sobre ella es inútil argumentar lógicamente”. Sigmund Freud.