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martes, 21 de abril de 2026

SOLUCIONES IRREALES A PROBLEMAS QUE NO EXISTEN

 Acuerdo de gobierno entre PP y Vox en Extremadura.

Tras meses de negociaciones, se ha llegado a un acuerdo entre PP y Vox para formar gobierno en la Junta de Extremadura. Son muchos los tiras y aflojas que estos partidos han escenificado durante el tiempo en el que se han mantenido estas negociaciones, comenzando por el rechazo inicial de la dirigente popular para después caer rendida en el ideario del partido ultra, del mismo modo, por parte de Vox, también se han protagonizado desencuentros en los que el partido de Abascal abandonara la mesa de negociación, para terminar confluyendo en un pacto de gobierno con los populares.

El acuerdo de gobierno alcanzado por ambas formaciones expone en su punto cuarto: “No más menores extranjeros no acompañados (MENA)”, este punto puede hacer pensar que el número de menores tutelados por la administración extremeña debe exceder con creces la capacidad de esta comunidad para dar un servicio óptimo.

Esta situación me hizo acceder a los datos oficiales para conocer cuál es el número real de menores extranjeros tutelados en esta comunidad. Según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), en Extremadura, actualmente, hay 94 menores extranjeros tutelados, así que, teniendo en cuenta que la población extremeña es de 1.055.197 habitantes, según datos oficiales, la proporción de menores extranjeros tutelados sería del 0,008%.

Es difícil llegar a la conclusión de que este insignificante porcentaje pueda suponer ningún tipo de problemas, ni para la administración, ni para la población extremeña.

Este posicionamiento contra el acogimiento de menores confronta, no solo con la realidad sino con la propia historia de Extremadura que ha sido tierra de emigrantes hacia otros puntos de España y del mundo en aras de buscar un futuro mejor.

Teniendo en cuenta estos dos factores cabría preguntarnos ¿Cómo han conseguido plantear como un problema una situación que, según los datos, no lo es?  Y ¿asumimos nuestra responsabilidad como votantes de verificar los datos que nos proporcionan los partidos políticos?

Vivimos en una época donde el relato se impone al dato, donde la realidad ha dejado de importar para dar paso al relato imaginario de un mundo irreal, donde se proporcionan soluciones para problemas que no existen, generando problemas reales para lo que no tenemos solución.

“Demonizar a los de abajo ha sido un medio conveniente de justificar una sociedad desigual a lo largo de los siglos” Owen Jones

 

domingo, 17 de marzo de 2024

IDIOTAS

 

Desde hace años el Barómetro del CIS viene determinando que entre los problemas que preocupan a los españoles se encuentra en un puesto destacado la “clase política”. No es de extrañar ya que la toma de decisiones alejadas de las necesidades de la mayoría hace que la gente perciba la política como algo ajeno, la corrupción se ha instalado, al parecer, de forma permanente entre las prácticas de aquellas personas que llevan las riendas del país (en cualquiera de sus administraciones, ya sea el gobierno central, autonómico o municipal).

Las características que deben poseer los gobernantes han sido estudiadas desde hace bastante tiempo, comenzando por los filósofos clásicos como Sócrates, Platón o Aristóteles, que preocupados por la salud de la democracia ateniense, profundizaron en dichas características donde la “virtud” debía regir el sentido de un buen gobernante.


Muchos años después fue Nicolás Maquiavelo quien, más preocupado por cómo se debía gobernar para mantener el poder, llevó a cabo un tratado que resulta fundamental para entender las estrategias políticas que se llevan a cabo en la actualidad, “El Príncipe”. A Maquiavelo la democracia le traía sin cuidado ya que en la época que le tocó vivir el acceso al poder se conseguía por medios menos “ortodoxos”, como la conspiración, la manipulación, el soborno y la guerra.


Teniendo todo esto en cuenta deberíamos preguntarnos ¿Qué características debería tener un gobernante actualmente?

Después de pensarlo mucho y repasar a los filósofos clásicos antes mencionados, llego a esta conclusión: Un gobernante debería ser honesto, para no mentir a los ciudadanos y explicar sus decisiones a los ciudadanos que lo han elegido desde la verdad, debería contar con empatía, teniendo en cuenta cómo van a influir las decisiones que tome en el total de las personas, intentando causar el bien para la mayoría, debería tener conocimiento sobre los temas que va a legislar, oratoria para poder explicar sus decisiones con claridad, contar con principios que dirijan su gobierno, objetivos claros de hacia dónde quiere dirigir a los gobernados, vocación de servicio público, resolutivo para que sus acciones vayan a la resolución de problemas, valiente que no se deje amedrentar por las esferas de influencia que siempre rodean al poder, sensatez, honradez y un alto sentido de la justicia.

¿Tienen los políticos actuales esas características?

Si los políticos son una representación del pueblo que lo ha votado, ¿tenemos los ciudadanos esas características para exigirlas a nuestros gobernantes?

La democracia exige una responsabilidad de los ciudadanos y ciudadanas de participar en las decisiones de gobierno de manera libre. En la Grecia clásica un “idiota” era aquel que se desentendía de los asuntos comunes para dedicarse exclusivamente a sus asuntos individuales.

Si actuamos como idiotas, no podemos esperar que nos gobierne alguien mejor que nosotros.

“El bien común no es la suma de los bienes individuales, sino las condiciones que hacen posible el máximo desarrollo de los miembros de una comunidad” Eduardo Infante.

jueves, 20 de octubre de 2022

BUSCAR LA VERDAD


El pasado lunes 17 de octubre tenía lugar un encuentro entre los expresidentes socialistas, José Luis Rodríguez Zapatero, Felipe González y el actual presidente del gobierno Pedro Sánchez, en conmemoración al cuadragésimo aniversario de la victoria socialista en las elecciones de 1982.

 

En la rueda de prensa posterior, Felipe González hizo unas declaraciones que resultan significativas a la hora en la que los políticos entienden la democracia: “en democracia la verdad es lo que los ciudadanos creen que es verdad, muchas veces nosotros sabemos que las razones se confunden, pero al final, esa verdad que es lo que los ciudadanos creen que es verdad, se traduce en decisiones de voto y esas decisiones de voto nos llevan o nos alejan del poder”. Lo que traducido resulta es que como diría Groucho Marx “estos son mis principios, si no les gusta, tengo otros”. Esto es que en política hay que seguir el pensamiento mayoritario para poder seguir agarrado al poder, porque según González esa es la verdad (aunque todo el mundo esté equivocado).

Fuente: @ElHuffpost (twitter)

No puedo estar más en desacuerdo con esas declaraciones. Como dice el dicho popular, “la verdad es la que es, la diga Agamenón o su porquero” y por mucho que una amplia mayoría esté de acuerdo esa no tiene porqué ser la verdad.

Tal y como lo define el expresidente, estar en sintonía con el sentir popular es lo que acerca o aleja del poder a los políticos, sin embargo, debería preguntarse ¿dónde está el criterio pedagógico de la clase política?, ¿dónde queda la ideología?, ¿cuál es el objetivo de alcanzar el poder?, etc.

La búsqueda de la verdad ha sido uno de los objetivos principales de la filosofía a lo largo de su historia. La mayéutica socrática es buen ejemplo de ello, magistralmente redactado por Platón en sus diálogos, sin embargo, esta búsqueda ha dado paso a la construcción de una “verdad” utilitarista basado en los principios propagandísticos de Goebbles donde una mentira repetida cien veces se convierte en verdad, cuando en realidad sigue siendo una mentira.


La verdad, no es una cuestión de perspectiva, no existe “nuestra verdad”, la verdad está compuesta por hechos objetivos incuestionables que pueden coincidir con nuestro criterio o no coincidir, pero seguirá siendo la verdad.

En política, la verdad debería estar centrada en lo que es mejor para la mayoría de los ciudadanos, no en lo que los ciudadanos creen o dejan de creer, y al contrario de lo que dice el expresidente, los políticos deben intentar convencer a los ciudadanos de que sus propuestas es lo que, de verdad, más conviene a la mayoría, no lo contrario.

“Filosofía es la búsqueda de la verdad como medida de lo que el hombre debe hacer y como norma para su conducta” Sócrates.

martes, 17 de septiembre de 2019

LA SOLUCIÓN ESTÁ EN EL CÓNCLAVE.


El Papa, es una de las personas más influyentes a nivel mundial desde hace más de dos mil años. Ahora que están de moda los famosos “influencers”, que determinan el consumo de millones de adolescentes a través de las redes sociales, la figura del Papa ya ejercía esa función sin necesidad de aplicaciones informáticas, incluso sin que la mayoría de las personas que seguían a pies juntillas sus directrices supieran ni siquiera leer.
PAPA FRANCISCO

Es por eso que la elección del Papa no es una cuestión baladí, y durante dos mil años no ha habido un solo momento que no contáramos con tan insigne figura para velar por las desdichadas almas de los que moramos este mundo, sin contar con el periodo de 1271 a 1274.
La elección de un nuevo Papa, se lleva a través de un proceso llamado “cónclave” que proviene del latín “con llave” o “bajo llave”. Esta práctica fue iniciada por el Papa Gregorio X en 1274, ya que su propia elección duró 3 años, y hasta entonces, los cardenales electores no tenían un periodo para llegar a un acuerdo, es por ello que para apresurar la elección del nuevo pontífice, se encierra bajo llave a las personas que deben acordar quien dirigirá los destinos de la Iglesia Católica. Es evidente que estar privado de libertad hasta que se llegue a un acuerdo es un incentivo para centrarse en el objetivo y evitar distracciones.
CÓNCLAVE PAPAL

La elección del Papa es una negociación política que fue descrita por Atto Melani, el espía del Rey de Francia Luis XIV, y publicado por la Editorial Salamandra con el título “Los secretos del Cónclave”, un libro que describe las intrigas de los cardenales en la elección del Papa Clemente XI. Un libro muy recomendable para todo aquel que quiera profundizar en este tema.
LOS SECRETOS DEL CÓNCLAVE: ATTO MELANI

A día de hoy, mientras escribo estas líneas, seguimos sin que los partidos políticos lleguen a un acuerdo para la formación de un gobierno en España, las distintas reuniones mantenidas parecen más enfocadas a la rueda de prensa posterior que a llegar a un acuerdo entre los distintos partidos.
Quizás sea el momento de, siguiendo el ejemplo de la Iglesia Católica, de encerrarlos bajo llave y que no salgan hasta que hayan llegado a un acuerdo. Estoy seguro que si encerramos a los 350 diputados y no los dejamos salir hasta que se conforme un gobierno, sería cuestión de horas que el circo que han montado en torno a este tema llegue a su fin.
CONGRESO DE LOS DIPUTADOS

Una negociación no puede solventarse con la sensación de que hay ganadores y perdedores, las partes confrontadas deben rebajar sus aspiraciones y acordar un programa de mínimos que ayude a solventar los problemas reales del país.
“Las negociaciones suelen ir mejor cuando existe confianza. Es muy difícil negociar cuando ambas partes desconfían” Samuel Johnson.

domingo, 4 de octubre de 2015

BUEN GOBIERNO O BUENOS GOBERNANTES



                    En 1516 Tomás Moro, escribe quizás su obra más conocida Utopía, en ella describe un diálogo con un imaginario hombre de mundo que tras visitar innumerables países describe como debería ser un Estado ideal, que velara por la felicidad de sus ciudadanos. 

                   En los comienzos del s. XVI, comienza la conquista y colonización de América del Sur, un continente que albergaba los sueños de fama y gloria de muchos europeos que marchaban en su busca. Es precisamente en el continente americano donde Rafael Hytlodeo, que así es como se llama el interlocutor de Tomás Moro en esta obra, ubica la isla de Utopía, cuya descripción hace recordar a las de las antiguas polis griegas, quizás en un afán de recuperar la magnificencia de la Grecia clásica, es por ello, la base filosófica en la que se encuentra enmarcada la política mediante la que se rige la isla de Utopía, es la descrita en la obra de Platón La República.

                   Pero el término utopía no siempre hace referencia a la obra que estamos aquí comentando, si nos remitimos al Diccionario de la RAE, podemos leer que utopía es: proyecto, doctrina o sistema  optimista que aparece como irrealizable en el momento de su formulación. Este significado viene derivado de la descripción del Estado utópico descrito en la obra de Moro, ya que en la época de su publicación era impensable que pudieran llevarse a cabo ideas como las allí descritas, pongamos como ejemplo: la libertad religiosa, jornadas laborales de 6 horas, eutanasia, el valor de las cosas materiales en función de su uso, etc…, sin embargo muchas de las propuestas allí formuladas hoy en día son una realidad, otras son un debate abierto en nuestra sociedad y otras son hoy en día inimaginables, lo que nos lleva a la reflexión de Eduardo Galeano como una verdad absoluta: La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar.

                   Lo que es indiscutible es que la obra de Tomás Moro, utopía es un proyecto de buen gobierno, poniendo al ciudadano como fin último de la política, buscando el bien de la sociedad basado en el reparto justo de la producción, eliminando a los ociosos de la sociedad y poniendo a todos a trabajar al servicio de todos. Dentro de lo que Tomás Moro denomina como ociosos caben, la nobleza, la corte, los clérigos, el ejército, en fin todos los que viven a costa del trabajo de los demás. Se ve claramente el toque humanista de la obra. 

                   Sin embargo en la misma época tan sólo tres años antes, en 1513, Nicolás Maquiavelo escribe El príncipe, que al contrario que la obra de Tomás Moro no pretende un buen gobierno para los ciudadanos sino una tesis de cómo alcanzar el poder y mantenerse en él, utilizando los medios necesarios para ello.

                   Para Maquiavelo el Estado está por encima de cualquier persona y los ciudadanos no son más que meros instrumentos en manos de la nobleza para que sean usados en función de los intereses políticos de estos.

                   Explica la forma de relacionarse con los distintos estamentos del poder, cual es la manera más beneficiosa para nuestros objetivos de forjar alianzas y como romper con ellas cuando ya no sean de nuestro provecho, de ahí que la descripción de maquiavélismo en el Diccionario de la RAE sea la siguiente: 1. Doctrina política de Maquiavelo, escritor italiano del siglo XVI, fundada en la preeminencia de la razón de Estado sobre cualquier otra de carácter moral. 2. Modo de proceder con astucia, doblez y perfidia.

                   Sin duda alguna el tratado de Maquiavelo busca el beneficio de los gobernantes catalogando a estos en su forma de mantener su gobierno, en ningún caso el buen gobierno está basado en el bienestar de los ciudadanos gobernados sino en los medios que ha utilizado para mantenerse en el poder.

                   Tanto Utopía como El Príncipe son dos tratados contemporáneos que enfocados en un mismo tema le dan un tratamiento diametralmente opuesto, el primero centra el buen gobierno en el bienestar de los ciudadanos mientras que el segundo valora a un buen gobernante por los medios utilizados para conquistar o perpetuarse en el poder. 

                   En la actualidad parece ser que han sido las tesis de Maquiavelo quien se ha impuesto a las de Tomás Moro, vemos como los gobernantes actuales utilizan sus herramientas para perpetuarse en el poder de alguna u otra manera, o bien a través de puestos en empresas multinacionales o en las fundaciones de sus propios partidos políticos, o a través del Senado o como Diputados prácticamente vitalicios.

                   Las leyes parecen más encaminadas a satisfacer los deseos de las grandes multinacionales que a cubrir las necesidades de los ciudadanos. Cuyos beneficios multimillonarios están por encima de cualquier desgracia del planeta que podría ser erradicada simplemente teniendo la voluntad política de erradicarla.

                   Parece que Maquiavelo le ganó la partida a Tomás Moro. Pero mientras haya quien creamos que otro mundo es posible y caminemos hacía la utopía el juego no habrá terminado.