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lunes, 27 de abril de 2026

CUESTIÓN DE FE

 

“Yo creo en Dios, pero no en los curas”, esta frase que seguro que has escuchado en más de una ocasión, o puede que tú mismo la hayas dicho, presenta un análisis bastante complejo de la relación del ser humano con la fe.

Esta sentencia esconde una forma de escapar a la estructura en la que se organiza la Iglesia, estableciendo un vínculo directo entre la persona y Dios, sin pasar por el intermediario, que en una sociedad como la española, que ha sido y es tradicionalmente católica, es el sacerdote. Sin embargo, de una cosa estamos seguros, “los curas” sí existen con certeza, Dios, en el mejor de los casos, podemos ponerlo en duda.

He reflexionado mucho sobre esta aseveración y en mi caso invertiría el orden exponiendo que “yo creo en los curas, pero no en Dios”, soy consciente que este posicionamiento puede generar cierta confusión, pero está fundamentada en los siguientes aspectos: en primer lugar, “los curas” son personas reales que llevan a cabo una función que va más allá de la intermediación divina, y en muchos casos ejercen una labor social encomiable, del mismo modo, llevan a cabo una labor de función social que difícilmente puede ser llevada a cabo por otros organismos. En segundo lugar, son la guía “moral” de más de 1.400 millones de católicos en el mundo, lo que les infiere una enorme influencia, una influencia que ha de ser tenida en cuenta.

Como organización jerárquica que es, la Iglesia tiene a su cabeza al Papa, principal representante de todos los católicos y principal exponente de la moral católica, por lo que no pasa desapercibido su enfrentamiento dialéctico con otro líder mundial, en este caso, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.

León XIV, que es de nacionalidad estadounidense, se ha posicionado en contra de la guerra de Irán, incluso ha arremetido contra los líderes mundiales que están gastando cantidades ingentes de dinero en financiar los distintos conflictos armados que asolan la faz de la Tierra. En su gira por África, llegó a decir “el mundo está siendo asolado por un puñado de tiranos”. Este posicionamiento no ha gustado nada a Donald Trump, que arremetió contra el pontífice sin medir las consecuencias de sus palabras, lo que le ha granjeado el abandono de los principales predicadores católicos de EEUU que tienen una gran influencia entre sus feligreses, tradicionalmente de voto republicano, del mismo modo, ha conseguido el rechazo de países de tradición católica como Italia cuya presidenta contaba anteriormente entre sus seguidores.

El enfrentamiento con el Vaticano le ha supuesto a Trump un contratiempo, ya que no puede utilizar sus métodos de presión habituales: amenazas, aranceles, embargo económico…, por lo que no ha tenido más remedio que suavizar el tono contra el pontífice.

Puede que yo, simple mortal, no crea en Dios, pero sí creo en la influencia de la Iglesia Católica y en este sentido comparto y celebro el posicionamiento de León XIV en su llamada a poner fin a tanta destrucción.

“La paradoja es que a veces, quienes dicen no creer, pueden vivir la voluntad de Dios mejor que los creyentes” Papa Francisco

miércoles, 14 de junio de 2017

LAICISMO Y ANTICLERICALISMO



Laicismo y anticlericalismo  son dos términos que se utilizan alegremente y que se suelen confundir en su significado.
El primero según la real academia de la lengua es referido a la doctrina que defiende la independencia del hombre o de la sociedad, y más particularmente del Estado, respecto a cualquier organización o confesión religiosa.
El segundo, siguiendo la misma fuente, es la doctrina o procedimiento contra el clericalismo. Animosidad contra todo lo que se relaciona con el clero.
Si buscamos el término “clericalismo” en el mismo diccionario, podremos observar que en su primera acepción su significado es la influencia excesiva del clero en los asuntos políticos.
Una vez analizados sus significados, podemos observar que existe una sutil, pero importante diferencia entre uno y otro.
Mientras “Laicismo” tiene un significado positivo, que es la independencia de la persona y el Estado de la influencia religiosa, el otro, “Anticlericalismo”, tiene un significado negativo, y es el posicionamiento en contra de la excesiva influencia política del clero.
Hay que diferenciar dos aspectos de este tema en cuestión. Mientras el Estado, la política, pertenece a lo público, la religión pertenece al ámbito de lo privado, el primero es terrenal y el segundo “espiritual”.
En el ámbito  privado cada uno es libre, de ayunar durante el mes de ramadán, o de no comer carne los viernes durante la cuaresma, peregrinar al Rocío o a la Meca, circuncidarse o mantenerse célibe.
Todas estas posturas son respetables mientras sigan dentro de la esfera de lo personal, el Estado debe permitir que cada cual pueda vivir su fe, sin imponérsela a otro, en la esfera privada, en solitario o en comunidad.
El problema surge cuando esa esfera privada, trasciende a la esfera pública y una confesión, da igual que sea, cristiana, musulmana, judía o cualquier otra, trata temas más terrenales que espirituales.
Cuando una confesión no paga impuestos, entra dentro de las obligaciones del Estado reclamárselas, cuando incita a sus fieles en posturas políticas es el deber del Estado recriminárselo. Esta sería la función del Estado laico.
El anticlericalismo ha sido siempre asociado, al menos en España, con movimientos de izquierdas, y ha utilizado de manera violenta, bien sea verbal o física sus acciones contra el excesivo poder público de la iglesia.
Pienso que las acciones anticlericales perjudican a los movimientos de izquierdas más que a ningún otro y afianza las posiciones de poder de la iglesia con respecto al Estado.
La fe, es emocional  e irracional, dicho esto con el mayor de los respetos y cuando los seguidores de una religión sienten atacadas sus creencias o costumbres, refuerzan sus sentimientos y responden con la misma, o mayor contundencia, además visibilizándose como víctima de los ataques consigue un mayor número de seguidores, reforzando la posición de poder de la iglesia, por lo tanto consiguiendo el resultado contrario al deseado.
La religión tiene un componente gregario enorme y multitud de ritos para cohesionar su comunidad, que aunque parezca disgregada se une ante lo que considera un ataque.
Por lo tanto, la mejor manera de luchar contra el excesivo poder de la iglesia es con la razón, llevando el debate a lo público, argumentando las posiciones y exigiendo al Estado que gestione lo público y no se deje influenciar por un estamento que debe estar centrado en lo personal y lo privado, cumpliendo las mismas obligaciones que el resto de los ciudadanos.
Salud.