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miércoles, 10 de enero de 2024

CUESTIÓN DE ÉTICA

             Aristóteles fue el primero en utilizar la palabra “ética”, la definía, aproximadamente, como la mejor forma de proceder por los seres humanos desde un punto vista racional. En la actualidad donde el objetivo de muchas empresas es obtener beneficios a toda costa, la “ética” se ve como un molesto obstáculo para maximizar los beneficios.

Aunque podemos extender esta tendencia a la mayoría de los sectores económicos, me centraré en el sector de la información, donde el concepto de ética a duras penas sobrevive en honrosas excepciones. La necesidad de informar, y que la información sea veraz, objetiva, etc., se ve empañada por la necesidad de generar titulares que atraigan al lector, con el único objetivo de generar impactos y visualizaciones que multipliquen las visitas.

La prensa se ha convertido en un mecanismo de generar opiniones, abandonando su idea primigenia, como era informar para que el lector se construya su propia opinión. Todos los medios de comunicación han multiplicado el número de artículos de opinión a costa del número de noticias, del mismo modo el tratamiento de las noticias está impregnado de un “tufillo” tendencioso, con el que se persigue que el lector se postule en un sentido concreto. Con la aparición de Internet, de los diarios, digitales y la generalización de las redes sociales, la aparición de comentarios a dichas noticias, dan la oportunidad de sentenciar, desde la más alta atalaya que proporciona la ignorancia, a veces difundiendo mensajes racistas, bulos, o insultos. Bien es cierto que todos los medios de comunicación delegan la responsabilidad de estos comentarios en aquellas personas que los hacen, y del mismo modo la responsabilidad de lo escrito en los artículos de opinión son de los articulistas, eximiendo a los medios de comunicación de toda responsabilidad. A pesar de esto ¿tienen los medios alguna responsabilidad en esta situación?

Es evidente que yo soy responsable de lo escrito en estas líneas, pero también es cierto que los medios que reproduzcan este artículo tienen su parte de responsabilidad también, ya que aportan un público donde expandir las ideas que aquí se exponen.

Del mismo modo, los comentarios vertidos a través de las redes sociales o directamente en las páginas de algunos periódicos son responsabilidad de aquellos que lo escriben, estos periódicos tienen la capacidad de ofrecerles un público al que dirigirse, y la pregunta que deberían hacerse los responsables de estos periódicos es ¿Qué aporta este comentario respecto a esta noticia? ¿es cierto lo que apunta este comentario? ¿matiza algún aspecto de la noticia?. Sin embargo, la impresión que me da es que las preguntas que se hacen son las siguientes ¿Cuántos impactos va a generar este comentario? ¿Cuántas personas se verán en la necesidad de responder a este comentario? y ¿Cuánto dinero me va a generar este comentario?

¡Si Aristóteles levantara la cabeza!

“La legitimación de la opinión vertida va de la mano del bagaje intelectual y cultural de quién emite esta opinión” David Pastor Vico

jueves, 28 de septiembre de 2023

COMO LA DEMOCRACIA DEVIENE EN DEMAGOGIA

 

Los debates que se han llevado a cabo durante el proceso de (no)investidura de Alberto Nuñez Feijoo, me han llevado a plantearme la siguiente disyuntiva retórica: ¿serían capaces los diputados del Congreso de defender la posición contraria a la que han defendido en el caso de que su situación fuera la de su oponente? Por usar únicamente dos ejemplos de los partidos que han participado de esta (no)investidura: ¿sería capaz el PSOE de solicitar que su candidato fuera investido Presidente por ser el partido más votado en las elecciones aunque no tuviera los apoyos suficientes en el Congreso? ¿Reclamaría el PP la posibilidad de presidir el gobierno de la nación si tuviera los apoyos suficientes aunque su partido no hubiera sido el más votado en las elecciones?


La respuesta a ambas preguntas es que sí, sería muy inocente pensar que ambos partidos no tuvieran la capacidad de argumentar lo contrario que argumentan ahora si eso beneficiara a sus intereses. Y esta respuesta, pienso, sería extensiva a todos los partidos.

Entonces, la pregunta que habría que plantearse sería: ¿Cómo es posible que cada uno de los partidos pueda argumentar “A” o “B” dependiendo de sus intereses? La única conclusión a la que puedo llegar es: no teniendo un ápice de vergüenza.

Ya Aristóteles, en su tratado sobre política, nos advertía de cómo cada uno de los modelos de Estado podían devenir en un sistema viciado y perjudicial para la ciudadanía y explicaba que la “Democracia” corría el riesgo de convertirse en “Demagogia”.


La “Demagogia” es definida por el Diccionario de la RAE de la siguiente manera: 1. Práctica política consistente en ganarse con halagos el favor popular. 2. Degeneración de la democracia, consistente en que los políticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir o mantener el poder.


En la actualidad, la política ha sido tomada por los sofistas, que a través del uso profesional de la palabra consiguen hacerse con el poder, y son capaces de convencer al pueblo de que sus argumentos son los válidos, sean cuales sean esos argumentos.

Los responsables de que el sistema democrático haya caído en el sistema viciado de la demagogia no es de los políticos, que han dejado de ser personas preocupadas por la gestión de los asuntos comunes para convertirse en profesionales de la oratoria cuyo único objetivo es alcanzar el poder, sino el propio pueblo que defiende los argumentos de sus “representantes” sin reflexión sobre los argumentos, como simples papagayos, sin conocer las normas sobre las que se fundamenta el sistema democrático, éstos son los verdaderos responsables. Los políticos que tenemos son un fiel reflejo del pueblo que formamos.

“En la actualidad, gracias a los progresos de la retórica, basta saber hablar bien para llegar a ser jefe del pueblo” Aristóteles.

jueves, 7 de julio de 2022

DESDE LA ANTIGUA ATENAS

 

Si nos encontráramos en la situación de tener que someternos a una operación a vida o muerte ¿quién preferiríamos que nos operara? ¿el mejor médico especialista en operaciones como a la que nos tenemos que someter o lo someteríamos a votación para que eligiera la mayoría?

Sin lugar a duda, la mayoría, si no la totalidad de nosotros, elegiríamos a la persona más cualificada para tener mayores garantías de salvar la vida, entonces ¿por qué someter a votación la elección de quién nos gobernará corriendo el riesgo de que no salga el más preparado sino el más popular?


Platón y Aristóteles abogaban por el “gobierno de los más preparados” la aristocracia, un gobierno formado por las personas que sobresalen por su sabiduría intelectual, su elevada virtud y su experiencia en el mundo. Siguiendo con la enseñanzas de los filósofos clásicos, Aristóteles decía que en democracia “basta saber hablar bien para llegar a ser el jefe del pueblo”. Era también Aristóteles quien decía que la democracia tendía a convertirse en “demagogia” donde las personas que aspiran a gobernar “halagan a los ciudadanos, dan máxima importancia a sus sentimientos y orientan la acción política en función de los mismos”.

A pesar de todos estos argumentos la “Democracia” como forma de gobierno ha demostrado ser la mejor forma de gobernarnos, aunque siempre existan aspectos de mejora y haya que estar vigilantes para que los demagogos queden fuera de la toma de decisiones políticas que influyan en las decisiones que afectarán a toda la población. Del mismo modo deberíamos preguntarnos si las reglas que nos hemos dotado facilitan a los más preparados acceder a puestos de gobierno o si por el contrario a estos puestos acceden quienes tienen más contactos dentro del propio sistema político, la respuesta a esta situación la dio José Bono en una entrevista “para ser diputado hay que ser amigo del que confecciona las listas electorales”, no suelo estar de acuerdo con Bono, pero en esta ocasión sí lo estoy.

El propio concepto de “Democracia” (Demos/Pueblo, Kratos/Gobierno) da un total protagonismo al Pueblo y, como tal, el pueblo debe ejercer su derecho con responsabilidad. La “política” es la gestión de lo que tenemos en común, por lo tanto a la hora de elegir a las personas que gestionaran todo lo que tenemos en común deberíamos alejarnos del individualismo imperante y ver más allá. Del mismo modo los gobernantes electos deberían mirar más allá de sus propios intereses y velar por el bien común.

Ser demócrata nos exige cuestionar las herramientas que nos hemos dotado para articular nuestra “democracia”, buscar las grietas que debilitan la estructura del sistema y sellarlas, ser demócrata es mucho más que ir a votar cada cuatro años, ser demócrata implica responsabilidad del propio funcionamiento del sistema democrático y así evitar que la democracia se vuelva “Demagogía”, como ya avisaba Aristóteles.

 “Existen tres tipos de gobierno que son desviaciones: la tiranía (desviación del reinado), la oligarquía (desviación de la aristocracia) y la demagogia (desviación de la democracia)” Aristóteles.

miércoles, 17 de noviembre de 2021

YA NOS AVISÓ ARISTÓTELES.

 Desde que el ser humano abandonara el estatus de cazador-recolector y se estableciera en campamentos sedentarios ha buscado la mejor forma de organizarse para gestionar los asuntos que competen a toda su sociedad.

Desde la aparición de los primeros imperios hasta nuestros días, hemos buscado una manera eficaz de organizarse, con desigual resultado.

Muchos han sido los pensadores, de todas la épocas, los que han buscado la forma más eficaz para establecer una sociedad justa, obras como La República o Estado de Platón, Política de Aristóteles, Utopía de Tomás Moro, o Walden Dos de B. F. Skinner, han planteado mecanismos de control u organización social, que finalicen la explotación del hombre por el hombre y marquen las bases de una sociedad más justa. No debemos olvidar obras distópicas como 1984 de G. Orwell o Un mundo feliz de A. Huxley que ponen el acento en las consecuencias de un excesivo control por parte del Estado.

Aristóteles, que en ningún caso era un demócrata, puso el acento en las posibles desviaciones que podrían sufrir las distintas formas de gobierno, de las cuales me voy a centrar en la desviación que podría sufrir un sistema democrático, si los medios de control fallan.

Para el filósofo griego el sistema democrático podía devenir en demagogia, si los electores no tenían la formación suficiente y se contentaban con mensajes vacíos que estuvieran dirigidos a la manipulación de los votantes, dejando en manos de las personas peor preparadas el gobierno de la polis. Ya nos avisaba, en el siglo IV a. C. que “en la actualidad gracias a los progresos de la retórica, basta con saber hablar bien para llegar a ser jefe del pueblo”, como podemos comprobar no ha cambiado tanto, a pesar del paso del tiempo.

Declaraciones de personas que, o bien aspiran a gobernar el país, o lo están gobernando ya, debe hacernos pensar en la calidad democrática de nuestro sistema y de nuestra responsabilidad como votantes.

El pasado 8 de julio el actual Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, entraba a polemizar sobre el consumo de carne con un “a mí, donde se ponga un chuletón al punto, eso es, imbatible” quedándose tan pancho, obviando informes médicos y medioambientales sobre el tema en cuestión, desautorizando además a un ministro de su propio gobierno.

Hace unos días, la prensa nacional se hacía eco de unas polémicas declaraciones del Presidente del Partido Popular, que aspira a gobernar España, donde decía “A las ocho de la tarde no había posibilidad de que la energía solar emitiera porque era de noche”. Ahí queda eso, no solo demuestra un profundo desconocimiento en materia energética, sino que pretende ser quien legisle en materia energética en nuestro país.

Quizás la advertencia de Aristóteles llegue tarde y la democracia haya mutado ya a demagogia, la pregunta es ¿estamos a tiempo de revertir esta situación o es demasiado tarde?

“Hay democracia allí donde la soberanía reside en todos los hombres libres” Aristóteles.

Manuel Carmona Curtido