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miércoles, 23 de junio de 2021

LA ESTABILIDAD EMOCIONAL DE LOS MENORES TUTELADOS.

             Reflexiones sobre la noticia aparecida en eldiario.es

El pasado día 20 de junio, eldiario.es publicaba una noticia con el siguiente titular “La muerte de dos menores migrantes tutelados en centros andaluces cuestiona la atención psicosocial más allá de su acogida.”[1] 

Los centros que gestionaban la atención a estos menores son fundaciones que tienen el servicio concertado por la Junta de Andalucía.

Las muertes se habían producido por suicidio de estos menores y en la noticia se cuestionaba la atención psicosocial que reciben estos menores, siendo insuficientes los recursos que se ponen a disposición de estos menores para gestionar su salud mental, un servicio que va más allá de cubrir las necesidades básicas de comida, techo y ropa de estos menores.

Los menores usuarios de estos centros (sean migrantes o nacionales) cuentan en su haber con una difícil historia de vida donde las sensaciones de rechazo son un continuo a lo largo de sus cortas vidas y donde el establecimiento de un vínculo emocional con otras personas son un reto a superar por parte de estos menores. “Romper” la coraza que estos menores construyen como un simple mecanismo de defensa, es uno de los objetivos que nos marcamos los profesionales que trabajamos con ellos, conscientes que la construcción de vínculos emocionales son fundamentales para mantener el equilibrio emocional.

Uno de los principales problemas que nos encontramos los profesionales que trabajamos en Centros de Protección de Menores, en sus distintas modalidades, es la inestabilidad y la precariedad laboral que impiden que los vínculos personales puedan ser duraderos, ya que difícilmente podemos encontrar a educadores o auxiliares con contratos indefinidos en sus respectivas fundaciones, asociaciones o empresas.

La Junta de Andalucía tampoco ayuda en este sentido, la última licitación tenía un periodo de dos años para los distintos programas licitados, tanto de protección como de reforma. Licitaciones a las que se accede haciendo ofertas a la baja, lo que dificulta la financiación de las fundaciones, asociaciones o empresas que acceden a ella y que tienen unos damnificados claros: los trabajadores y por extensión, los menores, que continuamente pierden a sus adultos de referencia, volviendo a sufrir la sensación de abandono que antes sufrieron de sus familias y cada vez que el sistema los cambia de centro.

A la conclusión que llego es que a la administración (en este caso la Junta de Andalucía) no les importa ni los trabajadores de centros de menores, ni los menores que allí viven, su único objetivo es cubrir las necesidades básicas (por lo que se ve la estabilidad emocional no se encuentra dentro de estas necesidades) y sacarlos de la calle evitando así la inseguridad ciudadana que generaría tener en la calle a cientos de adolescentes sin control.

Estos menores necesitan recursos, tanto humanos como económicos que faciliten que tengan una adolescencia similar a la de los demás jóvenes de su edad.

“El niño que no sea abrazo por su tribu, cuando sea adulto, quemará la aldea para sentir su calor” Proverbio africano.

 

 

 



[1] https://www.eldiario.es/andalucia/muerte-menores-migrantes-tutelados-centros-andaluces-cuestiona-atencion-psicosocial-acogida_1_8035664.html

miércoles, 4 de marzo de 2020

LECCIONES DE VIDA.


Entiendo que por mi edad no estoy en disposición de dar lecciones de vida a nadie, pero sí me gustaría compartir unas de las lecciones que he recibido durante unos meses.
Gracias a mi trabajo he tenido la suerte de compartir experiencias con niñas que a pesar de su edad han vivido más que la mayoría de nosotros.

Estoy seguro que ellas me han enseñado más a mí que lo que yo les haya podido aportar en estos meses, y son esos aprendizajes los que me gustaría compartir. Lamentablemente no todas las personas tienen la misma suerte al nacer, y las circunstancias marcan nuestro camino nos guste o no. Estas niñas, al igual que muchos otros niños no son responsables de esas circunstancias y tienen que trabajar muy duro para poder construirse un futuro que podríamos llamar digno, y en muchos casos lo tienen que construir con los escasos apoyos que tienen a su disposición. A pesar de todo, es de valorar no solo el esfuerzo de educadores y educadoras para intentar dotar de herramientas a estos y estas menores para poder desenvolverse en la vida, pero en la mayoría de los casos somos nosotros (los educadores y educadoras de los centros de protección de menores) los que nos enriquecemos personalmente de todas las cosas que aprendemos de los y las menores a nuestro cargo.
Por razones evidentes no voy a citar sus nombres, pero me gustaría agradecerles todo lo que he aprendido de cada una de ellas:
De H. aprendí a mirar al futuro con optimismo, poniendo en el centro de la vida el amor, de N. a afrontar el futuro con una sonrisa, de T. a aprender de los errores del pasado y cambiar para mejor, de I. a controlar los impulsos y dejarse guiar, de C. a ser independiente, evitar los conflictos para cumplir con los objetivos propuestos  y de A. a creer que la gente puede cambiar y que actuar correctamente abre más puertas que intentar derribarlas a la fuerza.
Sólo me queda darles las gracias y esperar que tengan suerte durante toda la vida que les queda por delante.
Espero que el futuro vuelva a cruzar nuestros caminos.
“Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un solo día de tu vida” Confucio.

sábado, 5 de enero de 2019

LA REALIDAD ESCONDIDA. Aventuras y desventuras de un educador en Centros de Protección de Menores.

¿Cómo habría cambiado tu vida si hubieras nacido en otra familia? ¿Y si hubieras nacido en otra ciudad o en otro país? ¿Crees que hubieras podido terminar en un centro de menores? Cientos de menores se encuentran bajo la tutela de las Administraciones Públicas, sus circunstancias, sus necesidades y sus sueños, se encuentran tras una cortina burocrática que hace que su realidad permanezca oculta para la mayor parte de la sociedad. Estos menores, tan sólo son noticia por delitos que cometen alguno de ellos, pero, ¿Qué circunstancias son las que han provocado la situación de estos jóvenes? ¿Un entorno desfavorable, decisiones equivocadas o simplemente mala suerte? Pero no son solo los menores tutelados los que viven esta realidad: educadores/as, psicólogos/as, trabajadores/as sociales… viven con ellos su día a día. Este libro te cuenta de primera mano, la realidad de los Centros de Protección de Menores en Andalucía, a través de la experiencia de su autor como educador. Con el objetivo de sacar a la luz una realidad que permanece escondida.


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