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miércoles, 12 de mayo de 2021

PALESTINA: EL CONFLICTO ETERNO.

 Piedras contra balas.


Desde que tengo uso de razón, cada cierto tiempo, los telediarios abren con la noticia de brotes de violencia en Palestina. El ciclo que sigue es habitualmente el mismo: Los israelíes impiden la visita a alguno de los lugares sagrados para los palestinos musulmanes como puede ser la Mezquita de Al-Aksa, y al mismo tiempo intensifican el proceso de colonización de los territorios ocupados palestinos expulsando y derribando las viviendas de las familias palestinas, los palestinos contestan manifestándose en Jerusalén y en Gaza para que acto seguido el ejército israelí reprima la manifestación usando su ejército y utilizando fuego real, provocando varios muertos, tras esto las organizaciones armadas palestinas como Hamás lanzan cohetes contra Tel Aviv, a lo que el Gobierno de Israel contesta bombardeando con misiles la Franja de Gaza provocando numerosos muertos.


La respuesta internacional ante esta barbarie suele seguir el mismo patrón: Estados Unidos apoya las acciones israelíes con el argumento de la “legítima defensa” de su territorio, los países árabes solicitan a la ONU la condena de los actos israelíes contra la población civil. El resto de países guardan un vergonzoso silencio. Puntualmente, aparecen movimientos civiles en Europa apoyando al pueblo palestino sin mayor repercusión política.

Más tarde el conflicto se vuelve a enfriar y volvemos a comenzar.

Da la impresión que este conflicto no tiene visos de querer ser resuelto, los años pasan y, a pesar algún atisbo de acercamiento entre ambos países, todo sigue igual.


Israel/Palestina, no tiene petróleo, ni gas natural, su posición para el control del  Mediterráneo no es significativamente importante, no existen recursos naturales por explotar… sin embargo su importancia cultural es indiscutible. Jerusalén es una de las  ciudades más importante para las tres principales religiones del mundo: El judaísmo, el cristianismo y el islam, y desde el tiempo de las cruzadas ha sido tierra de disputa por su valor simbólico, habiendo sido controlada por las tres religiones en algún momento de la historia.

Sin embargo, hoy no se trata de un conflicto religioso, sino de un conflicto nacionalista de lucha por el territorio, como explica de manera magistral el periodista “Antonio Salas” en su libro “El Palestino” donde se infiltra en Al Qaeda haciéndose pasar por un extremista islámico con dicho origen (recomiendo fervientemente su lectura).


Son muchos los factores que influyen para la comprensión de este conflicto y a la velocidad que “gira” el mundo parece improbable que consigamos entenderlo por completo algún día. Mientras tanto la gente sigue muriendo por nada.

“La verdad sobre el sacrificio de la crucifixión revela que “la fuerza no da la razón” o que la fuerza no garantiza tener razón” Zygmunt Bauman.

jueves, 6 de mayo de 2021

EJERCICIO DE AUTOCRÍTICA.

             Dicen que el mejor momento para plantar un árbol fue hace veinte años y que el segundo mejor momento para hacerlo es hoy, igualmente ocurre con el momento de hacer autocrítica, el mejor momento para hacerlo fue hace tiempo, y el segundo mejor momento para hacerlo es hoy, y hoy la izquierda debe hacer un profundo ejercicio de autocrítica.

Los resultados de las elecciones autonómicas de Madrid son incontestables y la derecha ha ganado siguiendo una hoja de ruta netamente neoliberal.


A pesar de vivir en un Estado autonómico y por lo tanto descentralizado, el centralismo sociológico que impregna toda la piel de toro hace que las elecciones madrileñas sirvan para vislumbrar un “hipotético” paisaje nacional. La derecha ha ganado en, prácticamente, la totalidad de las localidades y barrios (incluidos aquellos identificados indiscutiblemente con la izquierda), es por eso que la izquierda (y cuando digo “izquierda” no me refiero a ningún partido en concreto, sino a todo el espectro de la izquierda ideológica desde políticos, intelectuales, militantes, etc.) debe llevar a cabo un análisis de como se ha ido construyendo sus estructuras y su forma de comunicarse con aquellos a los que aspira representar.

Desde los años noventa la disolución del concepto “clase trabajadora” se ha ido difuminando por la nueva estructura laboral, donde la digitalización de los puestos de trabajo ha desterrado la imagen del obrero de mono azul industrial. La descentralización de las grandes industrias ha cambiado la imagen del obrero, y el nuevo trabajador ha cambiado el concepto de “clase trabajadora” por el de “clase media”. Por otro lado, la izquierda ha dirigido su discurso hacia las minorías: migrantes, jóvenes, colectivo LGTBI, feminismo, desempleados, jubilados, etc., disolviendo la conciencia de clase que unifica todos estos movimientos y creando espacios separados unos de otros. Es fundamental, para la revitalización de los movimientos de izquierdas, volver a fusionar, con la argamasa que supone la conciencia de clase, todas estas identidades que hoy se encuentran separadas. Es imprescindible hacerlo ya que cuando la población vota, no vota pensando en sus intereses, sino que vota pensando en lo que se identifica. aunque parezca una incongruencia.

En estos tiempos se ha producido el ascenso de un liderazgo carismático que centra en la imagen de un líder o lideresa toda la carga política que se pretende proyectar, el principal problema de este tipo de liderazgo es que cuando esta persona deja de estar al frente del movimiento, la construcción de una nueva imagen es costosa y difícil de consolidar a corto plazo, es por eso que las ideas deben estar, siempre, por encima de las personas y los liderazgos deben ser colectivos, un movimiento donde nadie sea imprescindible y todos/as sean necesarios/as.

Se hace necesario fomentar el debate de un nuevo modelo de Estado, donde se impliquen todos los agentes sociales, económicos y políticos, con la necesidad de alcanzar el consenso, ya que ningún sistema es sostenible si sólo es apoyado por una parte minoritaria de la sociedad.

Es imprescindible borrar de una vez por todas el paternalismo con el que los líderes de la izquierda se dirigen a los votantes, exponiendo que es lo mejor para ellos y olvidando que son personas adultas que toman sus propias decisiones.

Esta situación requiere un estudio sosegado y llevar a cabo un planteamiento a largo plazo, pero espero que lo escrito anteriormente sirva para poner el foco de la crítica donde, en mi opinión, debe estar.

“La verdad, para ser aceptada, tiene que encajar en los marcos de la gente” George Lakoff