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miércoles, 5 de octubre de 2022

REGULACIÓN O PROHIBICIÓN

 

Existe un debate que surge intermitentemente donde se confrontan dos tesis relacionadas con la prostitución, estas tesis son: regulación o prohibición (aunque se suele usar el eufemismo “abolición”).

La primera de las posturas, la regulación, se fundamenta en que  ya que la prostitución es un asunto que existe desde tiempo inmemorial, si se va a ejercer, que se cuente con una serie de garantías y derechos laborales, su cotización a la Seguridad Social, etc.

La segunda de las posturas, la prohibición, establece medidas coercitivas para aquellas personas que la ejerzan, que la consuman o inciten a ella, con el objetivo de hacer desaparecer la prostitución de nuestro país. Hay que decir que la prostitución en la actualidad se encuentra en una situación de “alegalidad” (no es legal, pero tampoco está prohibida).

Antes de tomar parte en alguna de las dos posiciones deberíamos de pararnos a pensar en las siguientes cuestiones:

-          ¿Quién ejerce la prostitución? Me atrevería a asegurar que las personas que ejercen la prostitución lo hacen para cubrir una imperiosa necesidad económica (no incluyo a las personas que han sido víctimas de trata y se han visto obligadas a ello). Ninguna persona sueña en su niñez con ser prostituta (utilizaré el género femenino ya que es una actividad mayoritariamente feminizada). Nadie que tenga otras opciones laborales se plantea ejercer la prostitución.

-          ¿Quién se beneficia de los ingresos de la prostitución? Todos los clubs de carretera que se encuentran a lo largo y ancho de España pertenecen a una persona o grupo de personas que obtienen grandes beneficios gracias a la actividad que en ellos se lleva a cabo.

La prostitución es un ejemplo más de la lucha de clases, donde personas con necesidades económicas son explotadas por personas que se aprovechan de su situación de debilidad. ¿Cuántas personas provenientes de familias socioeconómicamente bien situadas se dedican a la prostitución? Podríamos asegurar que la mayoría de las prostitutas provienen de las clases populares.

Pero, la prohibición no puede ser suficiente, ya que, a fin de cuentas, estas mujeres cubren sus necesidades económicas con esta actividad, así que habrá que invertir en programas sociales que ayude a este colectivo a poder ganarse la vida con otro trabajo.

No es una cuestión moral, ni tampoco económica, es simplemente, una cuestión de justicia, porque, parafraseando a J. J. Rousseau, nadie debería verse en la necesidad de venderse a otra persona.

Para profundizar en este tema recomiendo la lectura de “El año que trafiqué con mujeres” del periodista Antonio Salas.

“La prostitución es la más horrible de las aflicciones producidas por la distribución desigual de los bienes del mundo” Flora Tristán.

 

miércoles, 28 de septiembre de 2022

BELLA CIAO

 

Las pasadas elecciones italianas han resuelto que un nuevo Estado europeo sea gobernado por el neofascismo, Italia se une a Hungría y Polonia y parece que pronto Suecia correrá la misma suerte.

El lema “Dios, patria y familia tradicional” (su concepto de Dios, patria y familia) parece estar imponiéndose en toda Europa, donde a través de procesos democráticos estos partidos están imponiéndose, y por eso mismo son gobiernos legítimos, porque es lo que sus ciudadanos han votado.

Los partidos de izquierdas, enredados en sus luchas de egos, cuotas de poder y construcciones de identidades minoritarias, asisten atónitos al empuje de la extrema derecha en todo el continente, un empuje que no parará ante cánticos como el “Bella Ciao”, o consignas como “No pasarán”, ni discutiendo si hay que decir “todos”, “todas” o “todes”.

La derechización del marco ideológico europeo es evidente, no quedando ya ningún partido relevante con propuestas revolucionarias que confronten el Status Quo actual. Cualquier partido europeo de izquierdas sería catalogado de centro derecha reformista a principios de siglo XX.

Urge, resignificar el concepto “clase trabajadora”, realizar propuestas radicales que mejoren el modo de vida de trabajadores y trabajadoras, que reclamen nuevos derechos, que se exijan: mejoras salariales, medios para la conciliación familiar, nacionalización de energéticas, una verdadera política fiscal progresiva, un Estado laico que acabe de una vez con el concordato con el Estado del Vaticano, que se consolide el derecho constitucional a una vivienda digna, que se paralicen todos los procesos de privatización de los servicios públicos y por supuesto un referéndum para poder elegir si queremos mantener una monarquía parasitaria o elegir a nuestro Jefe del Estado.

Estas reivindicaciones, no deben ser negociadas, sino exigidas. Los derechos no se negocian.

¿Negoció el partido popular el rescate a la banca? ¿nos han preguntado si queremos seguir manteniendo a la iglesia? ¿nos han preguntado si queremos seguir siendo súbditos?

Mientras los partidos de izquierdas sigan asumiendo los paradigmas capitalistas, mientras sigan siendo cómplices del desmantelamiento del Estado de Derecho, mientras no tomen la iniciativa con propuestas revolucionarias, el fascismo seguirá creciendo, de nuevo, en Europa, una regresión en derechos y libertades que ya se han visto materializadas en los países donde llevan gobernando más tiempo.

La “lucha de clases” es el motor de la historia y una de las “clases” en conflicto ni siquiera sabe que se está dando esta lucha. La clase privilegiada es consciente de ello y está poniendo todos sus recursos en ganarla. Los privilegiados se reconocen entre ellos como miembros del mismo estatus, mientras los trabajadores se enfrentan entre ellos por recoger las migajas que les proporciona el sistema, sin ser conscientes que sin su trabajo el Sistema se viene abajo.

“La gastada política de centro ha demostrado ser incapaz de afrontar las necesidades y aspiraciones de la gente de clase trabajadora” Owen Jones.