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miércoles, 30 de noviembre de 2022

CONOCER A ALGUIEN

             ¿A cuántas personas crees que conoces realmente?

Si existe algo difícil en el mundo es conocer a alguien, y lo que es una auténtica ilusión, es creer que se conoce a una persona completamente, en toda su complejidad. Da igual que sean tus padres, tus hijos, tu pareja o tu amigo de toda la vida, sólo en casos muy excepcionales puede llegarse a conocer profundamente a alguien.


Si pretendemos hacer un análisis de la personalidad de una persona, partiremos sin duda de la parte más superficial y aparente, con la que poder hacernos una idea de cómo es realmente esa persona, aunque, como veremos, la simple imagen de una persona, aunque puede darnos datos de su personalidad, es bastante más complejo que lo parece realmente, ya que en esta imagen, se trasladan tres “identidades” de la misma persona: la imagen que pretendo proyectar, la imagen que realmente proyecta y la que el otro percibe, y en ninguna de las tres se revela la identidad real de una persona en toda su complejidad.

Los contextos en que una persona se encuentra influyen en las características de la identidad que se posicionan en primer plano. Por ejemplo, si hay personas que se relacionan con otras personas en el trabajo, recibirán las características de nuestra personalidad que muestre en su actividad laboral (siendo positivos, esa persona se mostrará como una persona eficiente, colaboradora, seria, etc.). Si por el contrario la relación se establece viendo un partido de futbol de su equipo favorito, las características de la personalidad que se muestren serán otras, posiblemente distintas, y así sucesivamente.

Estas características de nuestra personalidad pueden repetirse  en distintos contextos o pueden aparecer y desaparecer dependiendo de dónde nos encontremos o qué estemos haciendo, esto no quiere decir que las personas utilicen una forma u otra de comportarse premeditadamente dependiendo del lugar en el que se encuentren, sino que el ser humano es tan complejo que se muestra de la forma en que será mejor aceptado por el resto de personas, perdiendo su individualismo en favor de la masa.

Las características de la “masa” han sido ampliamente estudiadas por las ciencias sociales. La masa se mueve en el plano emocional, donde la necesidad de ser aceptado por el grupo es principal, en ese caso es la masa la que determina el comportamiento de esa persona. Como dijo Aristóteles el ser humano es un ser social, y (esto ya lo digo yo) en el castigo lleva la penitencia.

Cada ser humano es distinto dependiendo del plano en el que interactúe, excepto los gilipollas que son gilipollas en cualquier sitio.

“La multitud es impulsiva, versátil e irritable y se deja guiar casi por lo inconsciente” Sigmund Freud

jueves, 24 de noviembre de 2022

LIBERTAD DE EXPRESIÓN

 

Siempre he estado a favor de la libertad de expresión, esto significa que estoy a favor de que las personas que tienen una opinión diferente a la mía puedan expresarla libremente, sin sentirme ofendido ni agraviado. Es más, estoy a favor de que cualquiera que quiera mentir para defender una postura pueda hacerlo, en lo que me cuesta estar de acuerdo es que nadie se pare a verificar si lo que se está diciendo es verdad o mentira.


Si preocupante es que cualquiera pueda mentir sin que nadie se pare a verificar lo que se está diciendo, más preocupante es que se puedan decir gilipolleces, del tipo “la tierra es plana”, “las vacunas matan” o “que el sol no es una fuente de calor” (para que se entienda a que me refiero cuando hablo de gilipolleces) y nadie se tome la molestia de verificar si esto es cierto o no, ya que utilizando una lógica simple y obviando las reglas de física, entre otras reglas que rigen el complejo funcionamiento de la naturaleza, puede llegar a convencer a los incautos de despropósitos intelectuales como los que he nombrado anteriormente.


Según decía Soren Kierkegaard “la gente exige la libertad de expresión como una compensación por la libertad de pensamiento, que rara vez se utiliza” y es que la libertad de expresión debe ir aparejada a la libertad de pensamiento, ser capaces de crear nuestros propios argumentos que nos lleven a conclusiones propias. Esto requiere un enorme esfuerzo y una inversión de tiempo significativa. El tiempo quizás sea lo más valioso de la época que nos ha tocado vivir debido a su escasez. La falta de tiempo junto a la campaña antiintelectualista propia de nuestra época (donde mucha gente se vanagloria de no leer un libro en todo el año, de no profundizar en las cosas que les afecta dejándose influir por titulares escandalosos, etc.) hace que tomarse las gilipolleces en serio sea un hecho muy común.


Con estos ingredientes, las gilipolleces se propagan como un virus infectando a un  número importante de personas que ven sus ideas amplificadas por las redes sociales ampliando el número de contagiados.

Los enciclopedistas intentaron recoger en la enciclopedia todo el saber de su época, el siglo XVIII, dando como resultado la enciclopedia, donde se podía recurrir para satisfacer el ansia de saber. Hoy cualquiera tiene acceso a medios de comunicación con los que difundir información falsa, no contrastada, mentiras y gilipolleces a las que se les da el mismo valor que al conocimiento científico.


Si bien la duda es el principio del conocimiento, no podemos resolver esas dudas con ideas peregrinas sin base científica.

 Sinceramente creo que, lo peor puede existir es un mundo lleno de gilipollas. Por favor, no seáis gilipollas.

“Sin libertad de pensamiento la libertad de expresión no sirve de nada” José Luis Sampedro