Que Estados Unidos es la mayor potencia militar mundial no es decir algo que no sepa ya todo el mundo, hasta ahora había utilizado su hegemonía en este ámbito para imponer sus líneas políticas en el resto del mundo, pero siempre lo había hecho en defensa de principios morales superiores, aunque en realidad buscara el control de los recursos naturales y el dominio del comercio por parte de sus grandes empresas multinacionales.
En relación a la política internacional,
Estados Unidos había mantenido una red de alianzas político-económicas con
Europa y la mayor parte de los países de Iberoamérica, actuando sutilmente en
un juego de influencias donde todos los estados
eran beneficiados en mayor o menor grado.
En relación a la política interior, los
estadounidenses se habían sentido protegidos por los distintos gobiernos y
beneficiados por el dominio del comercio internacional.
Desde la llegada de Trump, por segunda
vez, a la Casa Blanca, los eufemismos han desaparecido y las intervenciones en
el extranjero están justificadas por su principal objetivo, el control de las
materias primas y la imposición de sus deseos comerciales.
Todo esto no puede llevarse a cabo sin
menoscabar los contrapesos que cualquier sistema democrático tiene.
La deriva autoritaria de Trump ha sido
analizada por Amnistía Internacional, que en un artículo titulado “La alarma
suena: el aumento de las prácticas autoritarias y la erosión de los Derechos
Humanos en Estados Unidos”, en este artículo se marcan doce señales que alarman
de la deriva autoritaria de la actual administración estadounidense:
1.
Ataques a la
libertad de prensa y el acceso a la información
2.
Ataques a la
libertad de expresión y de reunión.
3.
Ataques
dirigidos a la sociedad civil y las universidades.
4.
Ataques a
oponentes políticos
5.
Ataques
dirigidos a jueces, abogados y sistema legal.
6.
Socavar el
debido proceso democrático.
7.
Ataque a los
derechos de los refugiados y los
migrantes.
8.
La conversión de
poblaciones en chivos expiatorios y el retroceso de las políticas de no
discriminación.
9.
Utilizar las
fuerzas armadas para fines internos y militarizar la aplicación de la ley.
10. Desmantelamiento de los controles sobre la rendición
de cuentas corporativas y las medidas anticorrupción.
11. Aumentar la capacidad de vigilancia.
12. Socavar los sistemas internacionales diseñados para
proteger los derechos humanos.
A lo que yo añadiría políticas de expansión imperialista, tanto a países de su órbita de influencia como a aliados históricos como son los territorios de la Unión Europea.
Estas políticas han generado la reacción de parte de la población civil estadounidense, habiendo movilizaciones en contra de las políticas trumpistas en 2.500 ciudades de Estados Unidos.
Por otro lado, las políticas
anti-inmigrantes ha convertido al ICE en una especie de nueva Gestapo, con
libertad para detener, amedrentar y coaccionar a la población civil. El
asesinato de la ciudadana Renee Good, a manos de unos de los esbirros de esta
fuerza paramilitar ha generado nuevas movilizaciones en contra de estas
políticas.
Ningún país en el mundo puede
enfrentarse a la mayor potencia militar del mundo, sin correr el riesgo de ser
totalmente destruida, los únicos que pueden parar esta deriva totalitaria es la
propia población estadounidense.
“Donde
hay poder hay resistencia” Michel Foucault



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