La historia del Titanic como metáfora de la forma de actuar en momentos de crisis.
El 31 de mayo de 1911 fue botado el barco más lujoso y tecnológicamente más avanzado de su época, se describía como un barco insumergible y su nombre era RMS Titanic.
Estaba compuesto por nueve cubiertas y tenía una
capacidad total de 3.547 personas, pero
solo portaba botes salvavidas para 1178 personas, de todas formas al ser un
barco “insumergible” no pensaban que fueran necesarios. Durante su primer (y
único viaje) viajaban en el barco, parte de la selecta oligarquía inglesa, así
como un nutrido grupo de personas que migraban hacia Estados Unidos buscando un
futuro mejor que se repartían en las distintas dependencias.
En primera clase viajaba las altas esferas de la sociedad de la época que tenía dos subcategoría: estándar y suite. En la categoría estándar el precio (aplicándole la inflación) era de 4.372 € mientras que en la suite su precio llegaba a los 127.000 € actuales.
En segunda clase el precio estaba alrededor de los 1.898 € de hoy en día.
En tercera clase, donde viajaba la clase menos pudiente que esperaba encontrar en la emergente potencia estadounidense un futuro prometedor, el precio rondaría los 1.011 € actuales.
Como todo el mundo sabe, el Titanic se hundió en su
viaje inaugural el 15 de abril de 1912. Los insuficientes botes salvavidas no
iban al máximo de su capacidad cuando fueron desprendidos del buque, los 712
supervivientes pertenecían a los ocupantes de la primera clase, todos los
ocupantes de la segunda y tercera clase se hundieron con el Titanic.
De las 900 personas que formaban parte de la tripulación del Titanic, solo se salvaron unas 200, por lo que la mayoría de las personas que trabajaban en el trasatlántico perdieron la vida en el hundimiento.
Está bien recordar el desenlace del barco hundido
más famoso de la historia, que habiendo sido descrito como “insumergible” no
terminó de realizar su primera travesía, ya que llegado el momento crítico, son
los ricos los que terminan salvándose.
En la primera década del 2000, la economía iba viento en popa, su crecimiento parecía imparable hasta que en el 2008 todo colapsó, en ese momento en el que nos pidieron “remar en la misma dirección” y “apretarnos los cinturones” porque “habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades”, se rescataron a los bancos con dinero público mientras se desahuciaba a las personas, se sanearon las cuentas de las grandes empresas multinacionales, se despedía de los trabajos a la clase trabajadora y las pequeñas y medianas empresas iban a la quiebra.
Cuando llegó el momento de la verdad, fueron los
pasajeros de primera clase, los que, al igual que en el Titanic, se subieron a
los botes salvavidas.
Recuerda esta historia cuando te digan que “todos
vamos en el mismo barco” porque a la hora de la verdad, siempre serán los
mismos los que ocupen los botes salvavidas mientras que los demás se hunden con
el barco.
“Los ricos, los de verdad, sí
tienen conciencia de clase, pero nosotros no, nosotros no queremos ni oír
hablar de eso porque suena a obrero, a pobre, a comunista, a antiguo y pasado”
David Pastor Vico.