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miércoles, 24 de abril de 2019

LA OLA


En estos tiempos que corren, me viene a la cabeza una película que tiene ya unos años pero que no por eso ha perdido calidad, estoy hablando de La Ola, si no la han visto les recomiendo que lo hagan, merece la pena.

La película trata sobre un profesor de instituto que debe enseñar a sus alumnos/as que es el fascismo. Comienza hablando del periodo de entre guerras en Alemania, su alumnado no comprende como los alemanes de los años treinta dieron su confianza a un sociópata como Adolf Hitler, criticando a los ciudadanos alemanes de aquella época y viendo imposible de que esa situación pueda volver a repetirse.
Ante la insistencia del profesor sobre la importancia de los sucesos acaecidos que posibilitaron el ascenso del nazismo, los alumnos/as restan importancia a la coyuntura que lo posibilitó culpando a las personas que vivían en los años treinta de ceder el poder al partido nazi.
Viendo la imposibilidad de que su alumnado entienda la importancia de cómo se puede llegar a manipular a una sociedad para que termine convirtiéndose en una sociedad de extrema derecha, el profesor cambia de estrategia y comienza una dinámica que hará que paso a paso y sin que los alumnos/as lo perciban, termine convirtiendo a toda la clase en una pequeña micro sociedad nazi.

Decir, que esta película está basada en un hecho real. En 1967, en el Instituto de Educación Secundaria, “Cubberley High School”, en Palo Alto, California, el profesor Ron Jones, en el marco de estudio sobre la Alemania Nazi, consiguió convertir a su clase en un pequeño reducto nazi, al que se fue uniendo todo el instituto, basado en cuatro paradigmas: fuerza mediante la disciplina, fuerza mediante la comunidad, fuerza a través de la acción y fuerza a través del orgullo.

El experimento, que mas tarde fue llevado al cine, pone de manifiesto la debilidad de las sociedades democráticas que no se protegen ante la amenaza de la extrema derecha. Lo más significativo de este caso es que ninguno de los alumnos/as protagonistas del experimento (ni los de la película, ni los que lo vivieron en realidad) se identificaban con el nacionalsocialismo, ni el fascismo, ni con la extrema derecha en ninguna de sus formas y aun así terminaron sucumbiendo a su influjo.
En los tiempos que corren, donde existe una profunda crisis política, económica y ética, es fácil caer en los encantos del totalitarismo disfrazado de una opción democrática más.
“El fascismo es el capitalismo en descomposición” Vladimir Illich Lenin.

Si quieres ver la película completa la tienes en el siguiente enlace: LA OLA: PELÍCULA COMPLETA

Si quieres ver el documental La Tercera Ola, aquí lo tienes: 


martes, 28 de agosto de 2018

CÓMO ESTÁ EL PATIO.

Cada mañana nos despertamos bombardeados por malas noticias: la miseria arrastra a nuestras costas a cientos de personas que huyen de su destino en busca de un futuro mejor, la confrontación en Cataluña se ha reducido a poner y quitar lazos amarillos, provocando altercados y crispación, día sí y día no una mujer es asesinada por un hombre incapaz de soportar que la mujer es un ser humano con capacidad para tomar sus propias decisiones, los franquistas que se niegan a aceptar que en un Estado democrático no se le puede rendir honores a un dictador, salen a la luz miles de casos de pederastia por parte de sacerdotes en todo el mundo (seguro que cuando Jesús dijo: “dejad que los niños se acerquen a mí” no se refería a eso), la extrema derecha se hace cada vez más fuerte en toda Europa, propagando su mensaje de odio a una población asustada que ve como sus derechos van menguando y busca a un chivo expiatorio a quien culpar.

Ha dejado de sorprendernos que: se detengan a políticos que mientras en público animan a la población a hacer la Declaración de la Renta, evaden sus capitales a paraísos fiscales; que el Rey de España guarde su riqueza en un banco Suizo mientras sus súbditos pagamos nuestros impuestos; que los servicios públicos como la educación o la sanidad cada vez tengan menos recursos para poder dar una atención de calidad; que un trabajador muera en un accidente laboral (durante el 2017 murieron 618 trabajadores en accidentes laborales); que el empleo cada vez sea más precario (se trabajen más horas y se cobre menos); que el acceso a la vivienda cada vez sea más difícil; que tengamos que jubilarnos cada vez más tarde y que la perspectiva de poder alcanzar una pensión de jubilación se disipe entre la población más joven (una juventud que toma como referentes a parásitos sociales, protagonistas de realities o programas como mhyv, ejemplos de enriquecimiento económico sin esfuerzo, futuros “muñecos rotos” del “show business”); que sea común que muchas personas presuman de no haberse leído un libro en su vida, donde escribir sin faltas de ortografía se ha convertido en una rareza.

Las tensiones internacionales cada vez son más explícitas: con un Presidente de Estados Unidos que no duda en amenazar a naciones soberanas con una guerra de carácter nuclear, la muerte de miles de niños en guerras como la de Yemen, en Palestina o en el silenciado continente africano, el “Lawfare” contra los presidentes/as que se atreven a cuestionar los mandatos del imperio estadounidense, que ha mandado a la cárcel a Lula, al ostracismo a Correa; la financiación de grupos paramilitares en América Latina cuando la oposición es incapaz de ganar unas elecciones en Venezuela, Nicaragua o Bolivia, con el objetivo de generar la suficiente inseguridad ciudadana con la que el pueblo busque la seguridad que proporcionan los perros de presa de Estados Unidos.

El Estado Islámico propaga su doctrina de odio e intransigencia provocando atentados reduciendo así la zona gris donde viven los millones de musulmanes que no quieren saber nada de sus extremismos viéndose estigmatizados y marginados por sus vecinos con los que en muchos casos llevan viviendo décadas.
Esta es la gasolina con la que está regada la actualidad de nuestro día a día, ya sólo falta que alguien encienda la chispa.
“La más hermosa de todas la dudas es cuando los débiles y los desalentados
levantan la cabeza y dejan de creer en la fuerza de sus opresores” Bertolt Brecht